Una historia, un olvido... el discurrir invisible de lo que existió y se desconoce

Este espacio pretende entender la historia como una disciplina que proporciona, tanto la información como los instrumentos necesarios para conocer el pasado, pero también como una herramienta para comprender al "otro", a nosotros mismos y a la sociedad del presente en la que interactuamos.

Conocer la historia de los gitanos españoles es esencial para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos.

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martes, 11 de abril de 2023

VIDEO INTERACTIVO: Historia del Pueblo Gitano en España

 

Enlace: https://youtu.be/AvvMUhDre1g


 

1.      El origen hindú del Pueblo Gitano está ampliamente aceptado; si bien, su identidad como pueblo se conformó a lo largo de su larga travesía hasta Europa Occidental. Una diáspora iniciada el siglo XI y que concluyó posiblemente en 1424 en territorios de la corona de Aragón, donde tenemos la primera noticia documental de su presencia en 12 de enero de 1425, con ocasión del salvoconducto otorgado por Alfonso V de Aragón a Juan de Egipto Menor. Un término geográfico por el que se les conoció como egipcianos, para más tarde derivar al actuar de gitanos.

2.      Los egipcianos pioneros, liderados por un conde o un duque, aseguraron cumplir una penitencia mediante la peregrinación a Santiago de Compostela, con objeto de redimir su apostasía al cristianismo. Años más tarde, tras la conquista turca de Constantinopla, una nueva oleada inmigratoria formada por los llamados grecianos, acabó configurando la comunidad gitana española.

3.      La coartada de la peregrinación les permitió explorar los reinos de Aragón y Castilla, alcanzando Andalucía en 1462, donde fueron agasajados en Andújar por el condestable Lucas de Iranzo, conforme correspondía a sus condiciones de peregrinos y nobles.

4.      Sin embargo, ya en estas fechas, la presencia gitana había comenzado a ser molesta, siendo habitual, que los municipios se deshicieran de los grupos que se presentaban en ellos, por medio del pago de pequeñas cantidades. Ante el incremento de las quejas por los daños que se decía, producían durante su estancia; y en consonancia con su política de homogenización, los Reyes Católicos promulgaron en 1499 una pragmática, la primera de una serie de más de 200 disposiciones antigitanas. Por ella, se obligaba a grecianos y a egipcianos a tomar señor y tener asiento fijo, bajo amenaza de expulsión, corte de orejas y esclavitud.

5.      Las penas de la Pragmática de 1499 fueron modificadas  por Carlos I en 1539, dándoles un tinte utilitarista: primero, mediante condenas de galeras; y más tarde, a trabajos forzados en las minas de Almadén.

6.      La proscripción del gitanismo adquirió más fuerza con el debate abierto en estas fechas sobre la pobreza. La distinción entre verdaderos y falsos pobres, les situó junto con los vagabundos y demás gente catalogada de “mal vivir”. Una criminalización que justificó el aumento del control y represión hacia los sectores más marginales de aquella sociedad.

7.      Tras el Concilio de Trento, la Iglesia se sumó a la represión de la corona e introdujo algunas normas morales para vigilar el cumplimiento de los sacramentos, sin reconocer los matrimonios celebrados por el rito gitano, una unión que era considerada amancebamiento y castigado con penas de destierro y azotes.

8.       A pesar del control de la Iglesia, la Inquisición no tomó en serio, prácticas como la buenaventura, el desencantar tesoros y otros ritos mágicos, por considerarlas pequeños fraudes para obtener alguna ganancia.

9.      Los castigos penales diferenciaron a hombres y mujeres, pues éstas, al no poder realizar grandes esfuerzos, sólo podían ser condenadas a vergüenza pública, destierro y azotes. Los hombres, en cambio, hubieron de servir en galeras, siendo objetivos de redadas,  como la ordenada por Felipe II en 1572, para reponer las pérdidas sufridas en la batalla de Lepanto.

10.  Al igual que sus bisabuelos, Felipe II continuó la política asimilacionista coercitiva, impulsando en 1586 los avecindamientos y la necesidad de licencias especiales para salir de ellos, debiendo acreditar en ellas, la propiedad de sus animales para evitar su requisa.

11. 

Ya en el siglo XVII, aunque se aprobó su expulsión en 1610, Felipe III decidió mantenerlos para sustituir a los moriscos en las  labores del campo, declarando en 1619 la labranza como único oficio permitido. Como consecuencia, al no tener acceso a la propiedad de la tierra, y no poder ejercer sus oficios tradicionales, el gitano acabó sumido en la pobreza, a merced de los propietarios agrícolas y sometidos a duras penas en caso de contravenir la ley.

12.  Los discursos de arbitristas como Sancho de Moncada y Salazar de Mendoza, acabaron influyendo en 1633 en la negación de la identidad gitana y de todo lo que les podía identificar como etnia y cultura, como el traje y la lengua.

13.  Como una espada de Damocles, la legislación antigitana tuvo acorraladas a las familias gitanas.  Para evitarlo, desarrollaron estrategias de supervivencia; tan arriesgadas, como la de enrolarse en los Tercios de Italia y Flandes, para eludir redadas como la de 1639, por la que centenares de hombres gitanos fueron enviados a galeras.

14.  El cerco legal se estrechó más en 1695 con la restricción de vecindarios y la confección de los primeros padrones gitanos. Además, la Santa Hermandad intensificó su actividad, apresando a cuantos gitanos hallaban por los caminos reales.

15.  Aunque la idea de la expulsión estaba aparcada, con la autorización papal de 1748 para poder extraer de las iglesias a aquellos que se refugiaran en ellas,  el gobernador del Consejo, Gaspar Vázquez de Tablada, retomó la idea y encargó al marqués de la Ensenada la ejecución de una redada, para capturar el 30 de julio de 1749 a todos los gitanos de España. Nuevamente desechada la expulsión, Ensenada recondujo la operación hacia un proyecto de exterminio biológico, separando físicamente hombres y mujeres, enviando a arsenales los varones mayores de 7 años, y  a los menores y sus madres, a casas de misericordia.

16.  Desde diferentes sectores surgieron quejas y críticas por una medida tan desproporcionada. La conciencia del rey se resintió y dispuso liberar a todos aquellos que acreditaran su buena vida. Abiertos expedientes secretos, algo más de la mitad de los apresados quedaron libres a partir del 28 de de noviembre de ese año. Los que no pudieron obtener informes favorables, quedaron recluidos hasta que en 1765 recibieron un tardío indulto.

  17. Se inició entonces un periodo de debates sobre qué hacer con los gitanos, hasta que en 1783, Carlos III promulgó una nueva pragmática, que sin dejar de tener un tono represivo, introdujo algunas disposiciones inclusivas

18.  A partir de entonces, gracias a las ideas liberales, se comenzó a adquirir derechos fundamentales: ciudadanía en 1837, igualdad jurídica en 1848 y derecho al voto 1869. Sin embargo, a pesar de estos avances, en el reglamento de la Guardia Civil de 1846, se introdujo dos artículos que para vigilar a los gitanos.

19.  A comienzos del siglo XX, el concepto positivista de peligrosidad social influyó en la criminología, tipificando al gitano como un individuo racialmente primitivo y delincuente, carente de toda presunción de inocencia. De esta forma, quedó bajo el control de la Guardia Civil y de la Ley de Vagos y Maleantes de la República, pesar de no nombrárseles específicamente.

20.  Durante la Guerra civil, la mala fama del gitano fue empleada como un arma más para desprestigiar al enemigo. En su mayor parte, los gitanos pretendieron pasar desapercibidos, excepto aquellos que eran simpatizantes o afiliados a un partido o sindicato. Dos de sus principales protagonistas fueron Helios Gómez y Mariano Rodríguez Vázquez, Marianet, secretario general de la CNT.

21.  Tras la guerra y la represión franquista, los gitanos siguieron reprimidos por la Ley de Vagos y Maleantes, más tarde reconvertida en la Ley de Peligrosidad Social, y por los artículos de la Guardia Civil, hasta su supresión en 1978.

22.  La Transición abrió las puertas al asociacionismo gitano y a las políticas estatales para el desarrollo del Pueblo Gitano; si bien, el rechazo vecinal hacia los gitanos se resistió a desaparecer en pogromos como los de Hernani, Martos y Mancha Real. Con la entrada de España en la Comunidad Europea, las políticas dirigidas en su seno hacia las minorías étnicas y culturales, impulsaron la creación del Consejo Estatal y la Fundación del Instituto de Cultura Gitana.

23.  A partir de las elecciones generales de abril de 2019, se dio un nuevo impulso hacia la eliminación de la invisibilidad gitana. En ese año, cuatro gitanos entraron a formar parte del Parlamento español, reducidos a tres en la repetición de los comicios de noviembre. Desde entonces, se han conseguido logros  como la inclusión de la historia y cultura gitana en el currículum escolar de primaria y secundaria, y el reconocimiento por el Congreso en 2021, del histórico y continuado genocidio al Pueblo Romaní. Además, se está trabajando en el Pacto contra el Antigitanismo, en la Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación, e incluir el antigitanismo como delito de odio dentro del Código Penal.



lunes, 10 de abril de 2023

CARMEN BASTIÁN, LA OBRA MAESTRA DE FORTUNY

 

De Carmen Bastián hay más incógnitas que certezas. De lo poco que sabemos de ella, se halla en un artículo de José Castro Serrano, en la llamada Ilustración Española y Americana de enero de 1875, un año después de la muerte de Marià Fortuny. Una información más literaria que histórica.


El cambio de rumbo en la vida de Carmen comienza en 1870, cuando tras su etapa magrebí, Marià Fortuny se instala en Granada junto con su cuñado Ricardo Madrazo. En principio,  con la intención de pasar un corto tiempo, pero que finalmente se alargó algo más de dos años. Por las mañanas visitaba distintos lugares para confeccionar bocetos del natural, para por las tardes darles forma para una nueva composición. Una de estas mañanas, según Castro: “Fortuny vagaba por el barranco de la Zorra contemplando paisajes, escogiendo vistas y saturando sus nervios con los esplendores de aquella insigne naturaleza, le llamó la atención y se paró de improviso ante una cueva de gitanos que se hallaba en plena actividad de familia”. La razón de su curiosidad se debía a que ante la puerta, junto a la fragua, “prendidas ambas manos en dos cordeles y cantando a compas, según que tiraba del uno o dejaba escapar el otro, una muchacha encantadora, cuyo cuerpo casi se mostraba al desnudo por entre los guiñapos de su traje, daba vientos a la hoguera; y a los vientos, armonía con las inflexiones de su danza y de sus cantares”.

En el momento quedó prendado de su hermosura y quiso tomarla de modelo, para lo que le preguntó a Bastián -diminutivo de Sebastián-, padre de la joven, si permitía que la pintase, a lo que respondió que la decisión le correspondía a su mujer. No hubo problemas, la madre y la misma Carmen, que aún no contaba con los quince años, aceptaron; y a la mañana siguiente, su hermano, también llamado Bastián, la llevó a Siete suelos, la fonda donde paraba el pintor y que se hallaba adosada a la puerta del mismo nombre en la Alhambra.

De las pocas y confusas noticias que tenemos de Carmen, sabemos que sirvió de modelo en varias obras posteriores -una de ellas es Bohemia bailando en un  jardín-, y que tras la muerte de Fortuny se trasladó a Madrid. Hay autores que suponen hubo un romance entre ella y el artista. Una especulación que pierde consistencia ante la buena relación que sostuvieron Carmen y la mujer del pintor. Tampoco hay datos fiables sobre su muerte, aunque parece haber un consenso de que se trató de un suicidio; si bien, la causa de ello también levanta cierta polémica. Unos dicen, que en Madrid pasó a ser modelo profesional para trabajar con un acueralista inglés con el que sostuvo una relación amorosa, hasta que éste la abandonó propiciando el fatal desenlace. Otros relacionan su muerte con la actitud vengativa de su propia familia, por considerar que Carmen los había deshonrado, al enviar a su hermano Bastián a Madrid para traerla por la fuerza a Granada y darle una fuerte paliza como escarmiento.

Centrándonos en el cuadro titulado con el nombre de la modelo Carmen Bastián, volvemos a encontrarnos nuevos misterios. En primer lugar: el título. En la parte posterior del marco se hallaba escrito “Carmen Bastián”, por lo que los posteriores dueños lo titularon así. De todas formas resulta extraño que Fortuny dejara constancia de su identidad, ya que siempre mantuvo el anonimato de sus demás modelos.

Otro detalle que llama la atención, es que se trata de un retrato, una modalidad poco frecuentada por el artista, más aún, cuando es de cuerpo entero y un semidesnudo con clara intención erótica. De aquí surgen dos interrogantes: ¿Por qué se salió de la temática de su obra? ¿y por qué lo conservó inacabada y oculta en su estudio?

Ambas preguntas pueden tener una sola respuesta. Y, aunque hay autores que opinan que fue un encargo de un diplomático turco que se dedicaba a coleccionar desnudos femeninos; si bien, creemos que todo responde al hecho de que habiendo alcanzado Fortuny su madurez pictórica, decidió ser transgresor y experimentar otros temas en los que dar rienda suelta a su faceta rebelde y liberarse de los convencionalismos sociales de la época. Para ello, se valió de la frescura y de la ingenuidad de Carmen, ajena completamente a un mundo cada vez más deshumanizado y mercantilista. De esta forma consiguió crear algo ajeno e íntimo, alejado de todo lo que el mundillo pictórico esperaba de él. Convierte así esta obra en la expresión de una fugaz emancipación que guardará como un tesoro para disfrutarla para sí solo, y que sólo permitió contemplarla a sus amigos más cercanos, a los que confesó que su intención fue la de que: "Quería darme el gusto de pintar para mí mismo".

Según el sello de la testamentaría, la obra se hallaba inacabada en el taller del artista, no figurando en la subasta celebrada en París en 1875. Hay constancia de que se quedó en manos de la familia Madrazo durante varios años y fue pasando por manos privadas, hasta que en 2009, el Museu Nacional d’ Art de Catalunya lo incorporó a sus fondos y exhibida en la sala 43, donde se puede contemplar en todo su esplendor. Igualmente, ha formado parte de varias exposiciones, entre ellas, la titulada “Fortuny 1838-1874”, que entre enero y julio de 1989 se expuso en el Centro Cultural de la Caja de Pensiones de Barcelona, para pasar a la Fundación Caja de Pensiones de Madrid, y por último, en el Museo Comarcal de Reus. Entre octubre de 2003 y enero del año siguiente, bajo el mismo título fue exhibida en el Museu Nacional d’ Art de Catalunya. Y por último, entre septiembre de 2012 y enero del año siguiente, en el Grand Palais de París, bajo el título “Bohèmes. De Leonardo de Vinci a Picasso”.

Centrándonos en la descripción de esta pintura al óleo de algo menos de un metro cuadrado de superficie -45x62 cm-; ésta está inacabada, tal como solía suceder en la obra de Fortuny, al dejar partes del lienzo sin impregnar. En ella, Carmen Bastián aparece sonriente recostada en un sofá de madera mientras sujeta un abanico con su mano derecha, su falda se halla remangada permitiendo sin recato mostrar su sexo al espectador, logrando convertirlo en el centro visual de la composición. Una carga erótica que completa con la soslayada mirada que con descaro y provocación dirige al espectador.

En general, los estudiosos de la obra de Fortuny, coinciden en su acertado dibujo y la rápida, pero minuciosa pincelada; así como en el estallido de luz con el que hace invadir la escena, para permitir resaltar el contraste entre la oscura piel de Carmen y el color de la puerta, único elemento que junto al tarimón, el pintor permite mostrar del interior de la estancia. Cuatro paredes de cuyo interior, Carmen se abrió al mundo para salir de Granada e instalarse en Madrid. Un vuelco total en su destino que le convirtió en inmortal dentro del mundo del arte, pero a costa de un alto precio: su temprana muerte. Es posible que el paso vertiginoso de niña a mujer no supo asimilarlo, y tras varias experiencias traumáticas para las que no estuvo preparada, sus últimos días la sumieran en la amargura y la tristeza, para terminar tomando la decisión de acabar con su sufrimiento. El misterio de su vida se lo llevó consigo, dejando como herencia nada más que su imagen como modelo, pero sobre todo especulaciones; que, como en el caso del granadino Pablo Casanova en su novela El enigma de Carmen Bastián, publicada en 2013, le ha permitido desarrollar una trama basada en la sospecha de que el suicidio de Carmen pudo no ser tal.

 

FUENTES:

CASTRO Y SERRANO, José de. “Carmen la de Fortuny”, en La Ilustración española y americana, nº 21 (08/06/1875), p. 2.

JIMÉNEZ BAO, Gemma (2022). “Retrato de Carmen Bastián”, en La contadora de imágenes. Recuperado de https://metalfamily.es/retrato-de-carmen-bastian-mariano-fortuny-marsal/ (consultado en 7 de septiembre de 2022).

MUSEU NACIONAL D’ ART DE CATALUNYA. Ficha de la Obra Carmen Bastián. https://www.museunacional.cat/es/colleccio/carmen-bastian/maria-fortuny/214438-000.

VALLEJO, José (2014). “Mariano Fortuny y Masal, años felices”, en Granada hoy (08/09/2014). Recuperado de https://www.granadahoy.com/ocio/Mariano-Fortuny-Marsal-anos-felices_0_842016172.html (consultado en 7 de septiembre de 2022).


REFERENCIA: MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel (2023). Alhóndiga, nº 37, páginas: 19-20.

miércoles, 28 de diciembre de 2022

El pueblo gitano en España. Una historia de seis siglos de represión y exclusión

 El próximo 12 de enero de 2025 se cumplirán de manera oficial los seiscientos años de presencia gitana en suelo hispano, aunque es lógico pensar que realmente su llegada se remonta al menos a 1424. Seiscientos años que pueden resumirse en un conflicto étnico, de choque de culturas opuestas: occidental/oriental, sedentaria/itinerante.

A lo largo de este tiempo, la población que gobernaba los reinos hispánicos, utilizó su poder político y militar para integrar por la fuerza a un pueblo que se negó a perder su identidad étnica y cultural. El resultado fue la creación de un corpus legislativo represivo que buscó su asimilación a la sociedad mayoritaria, cuando no, su expulsión o su exterminio. Solo su adscripción al cristianismo impidió seguir la suerte de judíos y moriscos; si bien, quedaron como chivos expiatorios de cuantos males aquejaban a la sociedad, hasta convertir el gitanismo en una forma de vida delincuente, como un eterno sospechoso, obligado a desarrollar diferentes estrategias de resistencia y supervivencia para mantener la identidad gitana que se le negaba. Como consecuencia más inmediata, los romaníes españoles quedaron inmersos en un círculo de marginalidad y pobreza, aún constatable hoy día.

Este estudio pretende aportar información y reflexión para poder entender la situación actual del pueblo Rom o Pueblo Gitano. Un análisis que debe tener en cuenta el hecho de que, hasta prácticamente el siglo XX, los datos disponibles proceden casi exclusivamente de fuentes no gitanas de archivos eclesiásticos y de poderes públicos de carácter legislativo y judicial. Una información sesgada, plagada de estereotipos y prejuicios, que ha consolidado una fuerte estigmatización y deshumanización del gitano a nivel individual, y de la comunidad gitana en general. Es, pues, un intento de superar el me‐ moricidio que ha invisibilizado su aportación a la formación de España como nación y su presencia en muchos de los acontecimientos de su historia en los libros de texto; como la mención al primer intento de exterminio de una etnia y una cultura en Europa.occidental. Un acontecimiento oculto dentro de la historia de España, con cuyo desconocimiento se impide una justicia reparadora y rehabilitadora de la dignidad de las víctimas que lo sufrieron.


La portada expresa la llama viva del racismo. La de los pogromos antigitanos que aún hoy día se siguen produciendo, y que exteriorizan el antigitanismo estructural que se resiste a desaparecer.

DÓNDE COMPRAR EL LIBROhttp://calumnia-edicions.net/product/el-pueblo-gitano-en-espana-seis-siglos-de-represion-y-exclusion-manuel-martinez-martinez?fbclid=IwAR1wSQeIi1ycUPXF1ArRvJI2TUe9a8197MIogE-eNacMl_4QPYDZtzOopL8


jueves, 10 de noviembre de 2022

Día del gitano andaluz. Conmemoración del 560 aniversario de su llegada a tierras jienenses

 El 22 de noviembre se conmemora el 560 aniversario de la presencia gitana en tierras andaluzas. Un acontecimiento que el Parlamento Andaluz decidió recordar desde el 30 de octubre de 1996, cuando lo instauró a través de una Declaración Institucional, que año tras año se viene reproduciendo.

La primera referencia que documenta la presencia gitana en España se remonta a 1425, cuando el futuro Alfonso V de Aragón otorgó un salvoconducto a Juan de Egipto Menor. Desde entonces, diferentes grupos de egipcianos y, posteriormente, de grecianos, bajo la autoridad de un autodenominado conde o duque, deambularon por los reinos de Aragón y Castilla gozando de la condición de peregrinos a Santiago de Compostela.

Con el tiempo, estos grupos encaminaron su exploración hacia el sur peninsular, a través de Castilla, hasta alcanzar la frontera granadina. A Andalucía bien pudieron acceder por tierras extremeñas, tras visitar el monasterio de Guadalupe, si bien la noticia más antigua es la referida a la llegada a Jaén, el 22 de noviembre 1462, de los condes Thomas y Martín, a quienes el condestable Miguel Lucas de Iranzo agasajó, en consideración a sus títulos de nobles y peregrinos, con la misma cortesía que volvería a mostrar, en febrero de 1470, cuando otro contingente, capitaneado esta vez por el conde Jacobo del pequeño Egipto, llegó a Andújar.

                            Pioneros gitanos en Europa. Cosmographia Universalis. Sebastián Münster

Desde estas fechas la presencia de los gitanos en tierras andaluzas fue constante ya que antes de finalizar dicho siglo, parecen haberse constatado desplazamientos en sentido contrario, hacia Santiago de Compostela, tal como expresaron en marzo de 1491 los gitanos Jácomo, Felipo y Luis. Igualmente sabemos que, solo cuatro años más tarde, el greciano Miguel de la Torre obtuvo una Real Provisión para hacer justicia de la muerte de su hermano Bartolomé, asesinado en tierras cordobesas cuando se encaminaba en peregrinación a Santiago de Compostela.

Incidentes como este, junto a episodios de pequeña delincuencia que se producían durante su estancia en los lugares que frecuentaban, determinaron a los Reyes Católicos, en 1499, a expulsar a todos aquellos que no tomaran señor y oficio conocido. Desde esta fecha, los gitanos, reticentes a perder su identidad y sus costumbres, quedaron expuestos a todo tipo de penas por contravenir las diferentes leyes que se promulgaron buscando su asimilación al resto de la población. A los castigos corporales y la esclavitud, se añadió, en 1539, la pena de galeras, que fue aplicada a este colectivo hasta su derogación en 1748.

                                                     Forzados de galeras en plena faena de la boga

La represión y el utilitarismo de las condenas se complementaron desde el siglo XVI, siendo la Real Cédula de 19 de diciembre de 1572 un buen ejemplo de ello. Por dicha orden, Felipe II, a fin de reponer las pérdidas sufridas en Lepanto, dispuso con urgencia tanto el envío de todos los reos sentenciados a galeras que habían apelado, como el de todos aquellos que, aun sin sentencia, merecieran dicha pena por sus delitos.             A pesar de este evidente abuso, no se consiguió el contingente penal precisado y se acabó echando mano del colectivo gitano, al que se acusaba de haber aumentado su población a pesar de todo lo que se había dispuesto contra él.

En dicha instrucción no se aclaraba si se había de proceder contra todos, tanto avecindados como vagantes, solo se decretaba que las justicias procuraran “con gran diligencia de prender y tener a buen recaudo los que en su jurisdicción y distrito hallaren”, por lo que las capturas quedaban sometidas a la arbitrariedad de sus ejecutores, entrando en clara contradicción con la propia política antigitana que obligaba a su avecindamiento.

Entre los casos más significativos que se produjeron se encuentra el de Guadix, donde en enero de 1573 fueron presos ocho gitanos, avecindados en diferentes partes de Andalucía, que se dirigían como repobladores a Albuñol, y que fueron a parar a galeras a pesar de los testimonios favorables de sus vecinos. Otro episodio que ilustra esta paradoja, se refiere a la propuesta del corregidor de Baeza, quien quiso valerse de esta Real Cédula para deshacerse de los gitanos que se hallaban avecindados en su jurisdicción, sugiriendo su envío a galeras, estuvieran o no en posesión de los derechos lícitamente adquiridos como vecinos.

Otras autoridades, como las de Cádiz, llevadas también por su celo en perseguir gitanos, solicitaron comisiones para acosarlos fuera de sus jurisdicciones, pretextando que solo así se podría erradicar la impunidad con que eludían su prisión, así como todos aquellos males, que aseguraban, acarreaba su presencia en los pueblos.

Aunque esta Real Cédula consiguió aumentar la dotación de forzados, en 1609 se siguió precisando de nuevos contingentes, por lo que el Consejo de Castilla mandó condenar a galeras a todos aquellos gitanos que se ocuparan en actividades diferentes a las del cultivo de la tierra. Una disposición que prácticamente coincidió con la expulsión de los moriscos y con una abundante acumulación de quejas respecto a su forma de vida. Una coyuntura que resultó favorable de cara a su expulsión en 1610, y que solo se desestimó cuando se constató el despoblamiento ocasionado por la desaparición de los moriscos, y que en 1611 instaba, mediante un auto acordado del Consejo, a que fueran sustituidos por gitanos en los campos.

En 1639, con ocasión de las guerras de Cataluña y Portugal, la necesidad de armar las galeras quiso paliarse realizando, el 19 de diciembre de ese año, una redada específica de gitanos varones. Ese día se emprendió, en el mayor secreto, una captura masiva y sincronizada en el tiempo, cuyo impacto fue recogido por varios cronistas andaluces de la época. De su incidencia da idea el hecho de que casi la cuarta parte de todos los que “sirvieron” en galeras entre 1639 y 1641, eran andaluces. La proporción fue incrementándose hasta significar, a finales del siglo XVII, el 41,27 por ciento del total de forzados; datos que confirman a Andalucía como el asentamiento gitano más estable de España en estas fechas.

Entronizados los borbones en 1717, la política gitana se centró en vecindarios cerrados de los que solo podían salir con licencia de sus justicias. A las poblaciones asignadas entonces, hubo que añadir, en 1746, otras veintinueve localidades, de las que diez eran andaluzas, entre ellas: Sevilla, Granada, Úbeda y Baeza.

Convencido el Consejo de Castilla de que la reclusión de los gitanos en estas poblaciones no solucionaría lo que vino en llamarse “problema gitano”, siguió manejando la idea de su expulsión o del exterminio biológico que la Junta de Gitanos, creada en 1721, se hallaba estudiando. Sería en 1748, cuando habiéndose conseguido despojar a los gitanos del derecho de asilo en los templos, se procedió a una redada general, encaminada inicialmente a su expulsión, que acabó derivando en un proyecto de exterminio biológico a través de la separación entre hombres y mujeres. De las 9.000 personas gitanas que se estima fueron capturas, aproximadamente 6.500 procedían de tierras andaluzas.

                                                      Cadena de presos camino a arsenales de Marina

En 1765 fueron liberados los pocos gitanos y gitanas que quedaban recluidos, y en 1783 se promulgó la última ley antigitana, que vino a ablandar la política seguida hasta entonces, sin que ello supusiera un avance que permitiera eliminar las diferencias existentes entre los gitanos y los demás vasallos del rey.

La Constitución de 1812 tampoco supuso para los gitanos la plena ciudadanía española, pues les exigía como requisito el estar “avecindados”, por lo que hubo de esperar a la Constitución de 1837 para que el gitano fuera considerado ciudadano español sin ningún tipo de restricción.

 

Bibliografía

GÓMEZ ALFARO, Antonio, El expediente General de Gitanos, (tesis doctoral), Universidad Complutense de Madrid, 1992.

LEBLOND, Bernard, Los gitanos de España. El precio y el valor de la diferencia. Gedisa. Barcelona, 1987.

MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel, “Los gitanos en el reinado de Felipe II (1556-1598). El fracaso de una integración”, en Chrónica Nova, 30, 2004, pp. 401-430.

MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel, “Los forzados de la escuadra de galeras del Mediterráneo en el siglo XVII. El caso de los gitanos”, en Revista de Historia Naval, 117, 2012, pp. 87-110.

PYM, Richard J., The Gypsies in the Early Modern Spain: 1425-1783. Nueva York, 2007.

 

Declaración Institucional con motivo del Día de la Comunidad Gitana de Andalucía Emitida en el Pleno del Parlamento de Andalucía el día 13 de noviembre de 2014, en el transcurso de la sesión celebrada los días 12 y 13 del mismo mes y año. Orden de publicación de 17 de noviembre de 2014

 

El próximo 22 de noviembre se conmemora el Día de los Gitanos y de las Gitanas de Andalucía, y la presente declaración institucional considera como marco legal de referencia ineludible la Resolución dictada por el Parlamento Europeo, con fecha 9 de marzo de 2011, que ampara la Estrategia Nacional para la Inclusión Social de la Población Gitana, con el objetivo de evitar la persistencia de prejuicios negativos hacia este colectivo y alcanzar la equidad en las cuatro áreas fundamentales para la inclusión social del pueblo gitano, como son: la salud, la educación, el empleo y la vivienda. El factor étnico, en general, y la comunidad gitana, en particular, se asocian con los procesos de exclusión y presentan altos índices de riesgo de exclusión social. En este sentido, la labor del Parlamento de Andalucía, así como del resto de poderes públicos, es evitar que la comunidad gitana, con peso específico en nuestro país, en nuestra región, siga siendo víctima del racismo por parte de otros grupos de ciudadanía. Por tanto, hemos de trabajar unidos para que la comunidad gitana deje de ser considerada desde el prejuicio y el estereotipo, y, en este punto, es fundamental la labor de los medios de comunicación y la imagen que construyen y difunden sobre este colectivo, que han de cuidar que no sea distorsionada y procure no caer en el tópico que describe a este conjunto social como marginal e incívico, realidad antagónica a la que los describe de manera general. El discurso que se establezca por parte de los profesionales de la comunicación en prensa, radio, televisión, Internet y redes sociales ha de eliminar cualquier aspecto de índole discriminatoria, que únicamente conducen a la incitación del racismo y del odio. Así, ha de cuidarse el tratamiento informativo de cualquier acción vinculada con la población gitana, puesto que es sencillo caer en la estereotipia (tanto folklórica, y en sí benévola, como la precaria y conflictiva) y, por ende, extender la estigmatización y la perpetuación de sentimientos de odio hacia el pueblo gitano. Como han demostrado cada 22 de noviembre desde 1996, fecha en la que quedó institucionalizado el Día de la Comunidad Gitana Andaluza, son un grupo que sigue luchando por incorporarse plenamente a la sociedad y abandonar un escenario de supervivencia en la que se encuentren alejados del resto de conciudadanos. Por ello, mostramos nuestro compromiso para garantizar la protección, la promoción y la incorporación completa de todos los andaluces gitanos, y muy especialmente de las mujeres gitanas andaluzas, al día a día de nuestra tierra, aumentando el conocimiento que se tiene de la singularidad e idiosincrasia que caracteriza a esta población. Y es que la cultura y la identidad gitanas se han fusionado tan fuertemente con la propia de esta comunidad autónoma que esta tierra, sin la aportación gitana, ni sería igual ni sería tan grande, tal y como se reconoce en el ámbito internacional cuando se analiza la actividad cultural y artística andaluza y se valora este gran patrimonio que atesora Andalucía. Desde el Parlamento de Andalucía condenamos las persecuciones y los atentados que sufren parte de las comunidades gitanas en toda Europa, provocando una corriente de antigitanismo que puede llegar a generar injusticias y desprotección para esta población, algo especialmente preocupante en el caso de niños y niñas gitanas. Por todo ello, apoyamos y alentamos sin fisuras la promoción de actuaciones e iniciativas integrales que generen, de modo real y efectivo, la igualdad social de la población gitana desde la base de la proyección de una imagen positiva de la diversidad, de acuerdo con el artículo 11 de la Ley de Servicios Sociales de Andalucía; y al que unir el artículo 14 de la Constitución, que reconoce expresamente el principio de igualdad de los españoles ante la ley sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra circunstancia personal; además de la autoridad política, legal y ética que, en materia de derecho de las minorías, marca el Estatuto de Autonomía de Andalucía en sus artículos 9 y 10, relativos a los derechos de los andaluces. Solicitamos, en definitiva, que promovamos medidas que posibiliten el acceso generalizado de la comunidad gitana a los sistemas de bienestar social y potenciemos la participación activa de las personas gitanas en nuestra sociedad civil. También debemos articular entre todos la solución a los problemas de los gitanos y las gitanas, la cual no es tanto de solidaridad sino más bien de justicia para combatir de manera global, sin fractura y con el máximo compromiso, los estereotipos y los prejuicios que los condenan injustamente a un desprestigio que deshonra a todo un pueblo. Lucharemos, como hasta ahora, para eliminar el racismo y la discriminación que sufren este y cualquier otro colectivo social y seguiremos trabajando para garantizar la justicia y la igualdad real de todas las personas.

lunes, 3 de octubre de 2022

LOS GITANOS Y LA PROHIBICIÓN DE PASAR A LAS INDIAS ESPAÑOLAS

 RESUMEN

La llegada de los primeros gitanos a América fue consecuencia del intento de la efímera política penitenciaria para colonizar con elementos de ambos sexos las tierras recién descubiertas. Abandonada esta práctica, a los grupos sociales considerados indeseables, en el que se incluyeron a los gitanos, se les prohibió pasar a la Indias con el pretexto de no provocar alteraciones sociales y ”contaminar” con sus costumbres y malas artes a los nativos americanos. Sin embargo, los gitanos, al igual que harían en la península siempre hallaron un medio para sortear todas las leyes restrictivas que contra ellos se publicaron. Sólo a partir 1783 esta población “invisible” consiguió emigrar legalmente.

PALABRAS CLAVE 

Gitanos, emigración clandestina a América, colonización, leyes de Indias, minorías étnicas.



Las restricciones para circular libremente hacia América se hallan en la Recopilación de Leyes de los Reinos de Indias, especialmente en el título 26 del libro noveno, donde se especifica que “ningún natural ni extranjero pase a las Indias sin licencia del rey o de la Casa de Sevilla”. A esta disposición se añadieron a la lista, los judíos y los musulmanes no bautizados, los conversos, los moriscos o cristianos nuevos, los condenados por la Inquisición (…), hasta llegar a los gitanos, considerados por la corona como delincuentes potenciales. Sin embargo, su presencia en tierras americanas no se pudo evitar, algo que parece constatarse con ocasión de la real cédula promulgada el 15 de julio de 1568, en la que expresamente se pedía a los oidores y presidente de la Audiencia de Tierra Firme, se informaran de los portugueses y gitanos que se encontraran en aquellas tierras, para queen caso de que estuvieran sin licencia real fueran expulsados, sin permitírseles se quedaran en ellas bajo ningún concepto.



TEXTO COMPLETO: 

https://cecel.es/wp-content/uploads/2019/08/Revistacecel-10-Martinez.pdf





sábado, 24 de septiembre de 2022

EL PALACIO DE CARLOS V EN LA ALHAMBRA, PRISIÓN DE MUJERES Y NIÑOS GITANOS EN 1749

La etapa de exploración y peregrinación

La primera referencia documental de la presencia gitana de lo que hoy es España, se remonta a 1425, fecha en la que el futuro Alfonso V de Aragón otorgó en Zaragoza un salvoconducto a Juan de “Egipto Menor”. Desde entonces, diferentes grupos de egipcianos y posteriormente de grecianos, bajo la dirección de un autotitulado conde o duque, deambularon por los reinos de Aragón y Castilla gozando de su condición de peregrinos camino a Santiago de Compostela.

Con el tiempo, estos grupos encaminaron su exploración hacia el sur peninsular a través de Castilla, para bordear la frontera granadina y alcanzar las tierras del Bajo Guadalquivir y las levantinas del sur. En Andalucía, la noticia más antigua se remonta al 22 de noviembre 1462, cuando los condes Thomas y Martín, por su condición de nobles y peregrinos, fueron agasajados espléndidamente en Jaén por el condestable Miguel Lucas de Iranzo, quien ocho años más tarde volvería a ofrecer igual recibimiento al conde Jacobo del “Pequeño Egipto”, esta vez en su residencia de Andújar.

Desde estas fechas la presencia de los gitanos en tierras andaluzas comenzó a ser continua, pero al mismo tiempo, poco deseada por campesinos y ganaderos, quejosos de los daños que hacían cada vez que una caravana levantaba su campamento en sus tierras. Los Reyes Católicos inmersos por entonces en una política de homogenización política y religiosa, ante las reiteradas quejas y convencidos de que la presencia gitana en sus reinos iba a ser permanente, decretaron en 1499 la expulsión de todos aquellos que no tomaran señor y oficio conocido.

Desde esta fecha, los gitanos que permanecieron y que se mostraron reticentes a perder su identidad y costumbres, quedaron expuestos a todo tipo de penas por contravenir las diferentes leyes que se promulgaban, en el intento de lograr su asimilación al resto de la población.

Tras varios reinados de la casa de Austria, en los que se siguieron dictando nuevas leyes represivas, accedieron los Borbones al trono español, sin que el acoso legislativo desapareciera, ni aún menos aminorara, puesto que a partir de 1717 se impulsó una política antigitana basada en vecindarios cerrados, de los que se les prohibió salir sin licencia de sus justicias. Una medida, que no obstante, no fue suficiente para el Consejo de Castilla, empeñado en emprender la solución final a través de un proyecto de expulsión. Un plan que finalmente acabó derivando en julio de 1749, en uno de exterminio biológico; constituyendo su inicio, las dos grandes redadas de julio y agosto de 1749, por las que fueron presas sin más justificación que el mero hecho de ser gitanas, unas nueve mil personas, 6.500 de ellas en Andalucía.

 

La redada del 30 de julio de 1749 en Granada

La operación de captura proyectada por Ensenada fue muy meticulosa. Con anticipación dispuso las órdenes para cada uno de los destacamentos militares que habían de realizar la redada conjuntamente con las justicias locales, a fin de que la operación se desarrollara en un mismo día y a la misma hora.

En el caso de la ciudad de Granada donde se estimaba la existencia de 32 familias gitanas, el brigadier Manuel Morón fue el designado para emprenderla al mando de cuatro piquetes y 50 soldados de caballería. De esta forma, compuestas las partidas con las instrucciones y los listados de las personas sobre las que se debía de actuar, dio comienzo la operación a las doce de la noche del 30 de julio de 1749, momento en que se prendió y sacó de sus hogares a todos los gitanos y gitanas que pudieron encontrar, los que una vez separados por sexos y edad, fueron conducidos a la Alhambra. Una vez en ella, los varones mayores de 7 años fueron recluidos en la alcazaba; en tanto las mujeres con las niñas y los niños menores de 7 años, quedaron en el patio del palacio de Carlos V, también conocido como el “patio redondo”.

En casi su totalidad, los gitanos y las gitanas no hicieron resistencia alguna. Sólo cuando se procedió a separar a los miembros de las familias, los gritos, los llantos y los forcejeos fueron inevitables. De la actitud no violenta de los capturados da idea el hecho de que en muchos lugares, aquellos que habían logrado huir fueron presentándose días después, bien por querer estar con sus familiares aprehendidos, bien por creer que la medida sólo afectaba a los contraventores de las pragmáticas.

 

La Alhambra, centro de concentración de los gitanos y gitanas del reino de Granada

En total fueron presas esa madrugada, un total de 183 personas: 50 varones mayores de 15 años, 69 mujeres del mismo intervalo de edad, 41 niños y 23 niñas. A ellos se les fueron sumando varias remesas, hasta que una vez alcanzado el suficiente número de presos, se comenzó a remitirlos con destino a Málaga. El primer envío tuvo lugar el 7 de agosto, día en que por orden de Ensenada, salieron hacia la capital malagueña, un total de 139 varones mayores de siete años, para su posterior remisión a La Carraca, ya que el marqués había decidido ocupar a los hombres en los trabajos de los arsenales como forzados. Cuatro días más tarde, 261 mujeres y niños emprendieron una nueva marcha hacia Málaga, localidad destinada por el ministro como centro de reclusión de las gitanas andaluzas.



La Alhambra, hasta el 6 de octubre de 1749, fecha en la que recibieron a las 111 personas remitidas por el gobernador de Almería, albergó a un total de 718 personas gitanas: 419 mujeres de todas edades y niños mayores de siete años, más 299 varones mayores de esa edad, constituyendo el 7 de agosto de 1749 el día de mayor concentración con 373 personas gitanas presas.

Ya desalojado el contingente gitano de la Alhambra, en marzo de 1750 quedaban olvidadas en la cárcel real de Granada, un total de 16 personas: cinco varones mayores de siete años que habían sido declarados inútiles para los trabajos de los arsenales, dos niños menores de siete años, una niña menor de cinco años, otras dos de edades entre los cinco y diez años, y seis mujeres de 15 y más años, a las que se les calificaba de “útiles”.

 

El final del cautiverio granadino

A las numerosas quejas y dudas suscitadas tras la redada del 30 de julio, se unió el malestar del propio monarca por haberse ejecutado una medida tan desproporcionada. Convocada una nueva reunión de la Junta de Gitanos, se acordó reconducir el proyecto de “exterminio” sólo para aquellos que hubieran contravenido las pragmáticas. De esta forma, por instrucción de octubre de 1749 se mandó liberar todos aquellos que acreditaran su buena forma de vida. En caso contrario, quedaban retenidos en conformidad del capítulo sexto de dicha Orden.

Los destinos de todos aquellos que quedaron recluidos, Ensenada los distribuyó en función de su capacidad laboral: los hombres mayores de siete años considerados útiles se remitieron a los arsenales, en tanto a los menores de esa edad se les permitió permanecer con sus madres hasta cumplir dicha edad, momento en el que debían pasar a las maestranzas de los arsenales para aprender algún oficio.

La injusticia cometida hacia unas personas condenadas sin delito ni juicio, se mantuvo a la hora de aplicar el artículo sexto de dicha Orden, pues el procedimiento empleado fue desacertado y nada equitativo. Intendentes, carceleros y otros muchos responsables de su custodia así lo señalaron. Así lo hizo el intendente de Granada al solicitar en abril de 1752, la libertad de las mujeres y niños que aún permanecían en esa ciudad, ya que en su opinión habían tenido suficiente “escarmiento para en lo sucesivo”, ya que era solo cuestión de humanidad el remediarlo, pues sin familia y sin medios económicos, no habían conseguido “justificar lo necesario para su libertad”. Ensenada fue inflexible y ordenó enviarlos a Málaga junto a las demás mujeres.

Remitidas todas aquellas personas que no lograron acreditar lo dispuesto por la disposición del 28 de noviembre de 1749, pasaron a los destinos definitivos previstos por Ensenada, en los que permanecieron más de quince años, hasta que en julio de 1765, Carlos III les concedió el indulto que había propuesto hacía más de una década, el duque de Caylus, Capitán General del Reino de Valencia. El daño producido era ya sin embargo, incalculable, pues causó una profunda brecha entre ambas comunidades y acentuó la pobreza y la marginalidad de un grupo social étnico-cultural que prácticamente en su totalidad se hallaba asentado y en proceso de completa "integración" social y económica.

 


FUENTES: Archivo General de Simancas, Tribunal Superior de Cuentas, leg. 863.

MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel (2014).Los gitanos y las gitanas de España a mediados del siglo XVIII. El fracaso de un proyecto de “exterminio” (1748-1765), Almería: Universidad de Almería.

NOTA: Artículo publicado en la revista Alhóndiga, nº 28 (septiembre/octubre 2021), pp. 40-42.