Una historia, un olvido... el discurrir invisible de lo que existió y se desconoce

Este espacio pretende entender la historia como una disciplina que proporciona, tanto la información como los instrumentos necesarios para conocer el pasado, pero también como una herramienta para comprender al "otro", a nosotros mismos y a la sociedad del presente en la que interactuamos.

Conocer la historia de los gitanos españoles es esencial para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos.

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jueves, 1 de febrero de 2018

María de los Reyes, otorga testamento tras ser sentenciada a la horca (1596)

Sepan cuantos esta carta de testamento vieren como yo Magdalena de los Reyes, gitana, hija de fulano Maldonado y de Catalina Hernández, gitanos, que al dicho mi padre no sé el nombre de pila y murió en Setenil, presa en la Cárcel Real de Córdoba, digo que por cuanto que soy condenada a muerte de horca que está mandado ejecutar en mi persona, respecto de lo cual me temo de la muerte que es natural de la cual persona alguna que en este mundo vive, no se puede excusar; y porque el mayor remedio que yo puedo haber para bien de mi ánima y descargo de mi conciencia, es tener escrito y ordenado mi testamento mostrando por él mi última voluntad. Por tanto otorgo y conozco que hago y ordeno el dicho mi testamento a honor y reverencia de Dios nuestro señor y de la Virgen Santa María, su bendita madre abogada común de los pecadores con toda la (corte) celestial, por el cual primeramente encomiendo mi ánima en manos de Dios nuestro Señor a quien pido y suplico sea servido por su Santa y sagrada pasión sea servido de la mandar perdonar, y cuando fuere servido la mande llevar a su Santa gloria de paraíso que es el fin para donde fue criada. Amen.
Digo que por cuanto por la justicia de esta ciudad, yo estoy sentenciada a muerte, mando que después de ejecutada en mí la dicha sentencia, mi cuerpo sea sepultado donde los cofrades de la Cofradía de la Misericordia quisiere.
Mando que digan por mi ánima las misas del ánima en el Convento de Nuestra Señora de la Victoria.
Mando que digan por mi ánima el día de mi estreno si fuere hora decente y si no otro día siguiente doce misas rezadas [], las que a mis albaceas pareciere.
Digo que por cuanto del tiempo y cuando el dicho mi padre murió, que era conde de los gitanos, el susodicho me dejó por una de tres herederas, y como tal yo hube y heredé del susodicho una arroba de plata, y esta se puso en poder y tutela de Miguel Maldonado, gitano, nuestro hermano del dicho mi padre, vecino de la villa de Alcaudete que antes solía ser vecino de Cazorla, puede haber dieciséis o diecisiete años, y no tengo noticia ante qué escribano paso la dicha tutela y esto de ella, y esto declaro que el dicho mi tío o Violanta de los Reyes, mujer de Bastián de Heredia y María de la Cruz, mujer de Julián Caballero, ambas gitanas, mis hermanas las cuales con la dicha mi madre viven en la Villanueva de Andújar, mando que se cobre del dicho mi tío y curador la dicha hacienda con las rentas que han rentado y se le tome cuenta de ello, y declaro que hasta hoy no me ha dado de principal y rento cosa alguna.
Testamento original - Archivo Municipal de Córdoba

Digo que cuanto entiendo dejar algún memorial de algunas deudas que deba u otras cosas que sean en descargo de mi conciencia, que éste quedara en poder del Padre Alonso de Ávila, de la Compañía del nombre de Jesús, de Córdoba.
Mando que lo contenido en el dicho memorial o memoriales se guarde y cumpla por mi testamento y última voluntad.
Mando que el tercio de la dicha mi hacienda títulos, derechos y acciones por mi ánima a disposición y voluntad de mis albaceas nombrados en este mi testamento, para que lo que montare pagadas mis deudas, se digan de misas y den a los pobres a su libre voluntad, lo cual mando en aquella mejor manera vía y forma que mejor puede y a lugar de derecho.
Nombro y señalo por tales mis albaceas para cumplimiento de lo contenido en este mi testamento, a Pedro del Castillo y Juan Pérez de Mora, platero, de esta ciudad ambos a dos juntamente a los cuales y cada uno de ellos de por si insolidum, doy poder para que entren y tomen de mis bienes y los cobren y cumplan y paguen lo contenido en este mi testamento. Y cumplido, he pagado el dicho mi testamento en remanente que fincare y permaneciere de todos mis bienes, quiero y mando que los haya y los herede la dicha Catalina Hernández, que es mi madre a quien instituyo por mi universal heredera.
Revoco y anulo y doy por ningunos y de ningún valor y efecto, todos cuantos testamentos mandas y cobdicilios haya hecho y otorgado antes de éste que otro alguno, no quiero que valga salvo éste, que es mi testamento y testimonio de mi última voluntad el cual es hecho y por mí otorgado en la dicha ciudad de Córdoba estando en la dicha prisión, cuatro días del mes de agosto de mil y quinientos y noventa y seis años, siendo testigos Francisco Sánchez y Damián Martínez, presos en la dicha cárcel que ambos juraron en forma de derecho conocer a la dicha otorgante y ser la contenida y que aquí se nombra y Pedro de la Cruz y Bartolomé de Ávila y Rodrigo Pérez, vecinos de Córdoba y por la otorgante testadora que dijo que no sabía escribir, firmó un testigo y los testigos del reconocimiento en este registro.
 
Plaza de la Corredera, lugar donde fue ejecutada la sentencia

COMENTARIO:
El testamento de Madalena de los Reyes es hasta el momento el más antiguo que se ha hallado. Su importancia es bien importante para conocer algunos aspectos relativos a la Historia del pueblo gitano en España, dado que son muy escasos, tanto los documentos generados por miembros de este colectivo étnico, como los que han sido generados a su petición o de forma indirecta a lo largo de todo el siglo XVI.
Es de destacar cómo aun en las postrimerías de este siglo, el título de conde perdura, y cómo éstos generaban pequeñas fortunas, que a su muerte, no había inconveniente en ser transmitidas, tanto a varones como a mujeres, aunque en este caso, por ser menor de edad, se puso bajo la tutela del que posiblemente era el hermano mayor.
Magdalena era en estas fechas, joven y soltera, cuando no viuda. Nada se aclara en el documento. El caso es que deja como heredera a su madre. Su ejecución en la horca, bien puede deberse por haber sido sentenciada por homicidio. No obstante, no sería la primera mujer gitana condenada por este delito. Ya un siglo antes, en 1497, con ocasión del tercer viaje de Colón, tenemos noticia de la presencia de dos mujeres (Catalina y María) entre los cuatro homicianos que conmutaron su condena a cambio de colonizar las nuevas tierras descubiertas.
Otro aspecto interesante se refiere a la convicción religiosa de Magdalena. Es un mantra común en las escrituras de este tipo el hacer ostensible el descargo de conciencia del otorgante, el encargo de misas por su alma y el entierro de su cuerpo por una cofradía. Lo destacable, es que en esta época, en la que los miembros de la comunidad gitana se hallaban bajo la sospecha permanente de la Iglesia, quien por considerarlos cristianos no sinceros y de conveniencia, ejercía un estrecho control respecto a sus prácticas religiosas. El hecho de mostrar Magdalena su preocupación por su alma, contradice el recelo de una Iglesia que era partícipe de los mismos prejuicios negativos que acabaron estigmatizando a los integrantes del pueblo gitano.
Por último, también resultan interesantes las diferentes filiaciones de la familia de Magdalena. En primer lugar, Magdalena muestra su desconocimiento por el nombre de su padre, algo que puede explicarse por el hecho de que los gitanos se identificaban entre ellos por un sobrenombre o apodo, el cual era transmitido a sus descendientes sin seguir la regla tradición castellana de asignación de los apellidos, lo que puede explicar la disparidad de los que llevaban sus hermanos: Maldonado, de los Reyes y Heredia.
Por último, también resultan destacables las diferentes filiaciones de la familia de Magdalena. En primer lugar, Magdalena muestra el desconocimiento del nombre de su padre, algo que puede explicarse por el hecho de que se identificaran por un sobrenombre o apodo, más que por un nombre castellano, el cual era transmitido a sus descendientes y que explica la disparidad de sus apellidos: Maldonado, de los Reyes y Heredia.

NOTA: este documento se ha estudiado también en Ana María Chacón. "La herencia de la gitana Magdalena de los Reyes. Testamento ante notario antes de ser ajusticiada", en Andalucía en la Historia, nº 55, 2017, pp. 52-53.

lunes, 1 de enero de 2018

Los gitanos en la Guerra Civil Española. El caso de la familia Córdoba (enero-abril 1937)

Excmo. Señor
Como consecuencia del servicio de emboscada montada en Cogollos-Vega, a las 21 horas del día 8 de los corrientes, han sido detenidos camino del enemigo, el gitano Pedro Córdoba Rodríguez y su mujer María Amadora Fajardo, y sus hijas María y Estrella Córdoba Amador, y cuatro niños más, nietos del citado matrimonio.
El gitano, al ser conducido a este pueblo, se ha escapado sin poderle dar alcance, y las gitanas han ingresado en la cárcel a disposición de la autoridad militar.
Dios guarde a V.E. muchos años
Víznar, 10 enero 1937
¡¡Arriba España!!
El Jefe del Sector
Justo Martín al Comandante Militar de Granada

Casamata de la Guerra Civil en la Sierra de la Yedra
IMAGEN: http://www.senderosuraventura.com/wp-content/uploads/2016/01/DSCN9464.jpg

COMENTARIO: la historia de la familia formada por Pedro Córdoba y María Amador Fajardo es un buen reflejo de lo que la Guerra Civil Española supuso para la mayoría de la comunidad gitana. En su mayor parte, consideraron que la Guerra Civil les era ajena y pretendieron no involucrarse, pero en un país dividido y enardecido por el odio, la neutralidad que pretendieron no tuvo cabida, y de una forma u otra, como en el caso de la familia Córdoba, acabaron siendo víctimas del fanatismo que recorría España en aquellas fechas, cuando no obligadas a participar en las filas de uno u otro bando..
Al comienzo de la Guerra, buena parte de la provincia de Granada quedó desde el principio bajo el dominio del Ejército sublevado. Familias enteras quedaron separadas, especialmente aquellas que tenían jornaleros entre sus miembros, por haber acudido a la campaña de la siega de agosto, quedaron atrapados en zonas dominadas por los republicanos.
Esta circunstancia es la que concurrió en la familia de Pedro y María, al ser sorprendido su hijo Francisco en el Collado del Agua (en la Sierra de la Yedra), a donde había concurrido a trabajar como jornalero al comienzo del conflicto, y en donde se estabilizó el frente impidiéndole volver a su pueblo..
Con la determinación de reunir a toda la familia, dicho matrimonio y demás componentes, entre los que se hallaba la mujer de Francisco y sus nietos, se encaminaron hacia dicho Collado, pero pronto fueron interceptados por falangistas de la primera bandera con sede en Víznar. y aunque Pedro logró escabullirse y huir, las mujeres fueron presas y acusadas de pertenecer al Partido Socialista, así como de intentar pasarse “con los rojos”.
En su defensa, María Amador declaró que no tenían filiación política alguna y que su salida hacia el cortijo donde trabajaba su hijo respondía  solamente a que pretendían recogerlo para volver todos juntos a Cogollos, sin tener intención de pasarse al enemigo. Su inexistente implicación política fue confirmada por el cura párroco al informar “que las antedichas individuas públicamente no han mostrado mala conducta ni han demostrado pertenecer a filiación política alguna, pues no han asistido a ninguna manifestación política celebrada en este pueblo”. También el alcalde confirmó cómo “no han pertenecido a ningún partido político, su conducta moral no es peligrosa y no se han dedicado a actividades extremistas”.
A la vista de estos testimonios, el juez militar perteneciente al Consejo de Guerra Permanente, concluyó cómo “ha quedado únicamente demostrado que las expresadas individuas carecen de filiación política ni han tomado parte en acto alguno revolucionario; no son de mala conducta, aunque únicamente aficionadas a la sustracción de frutos, característica de su condición racial y social”.
De esta forma tan peyorativa, que no venía a colación en el tema que se juzgaba, se sobreseyó la sumaria declarándose que las acusadas no habían cometido “ningún hecho de carácter delictivo que se relacionara con la revolución”. Finalmente, el uno de abril de 1937, quedaron en libertad.

FUENTE: RODRÍGUEZ PADILLA, Eusebio y FERNÁNDEZ FERNÁNDEZ, Dolores. Mujeres gitanas represaliadas en la provincia de Granada durante la Guerra Civil y la posguerra (1936-1950), Mojácar: Arráez editores, 2010.

viernes, 22 de diciembre de 2017

SEISCIENTOS AÑOS DE PRESENCIA GITANA EN LA EUROPA CENTRAL Y OCCIDENTAL (1417-2017)

Carta de Seguro otorgada por el Emperador Segismundo, Rey de Hungría al voivoda Ladislao de los gitanos, en sus reinos. Año de 1423. (Codex diplomaticus Hungariae Ecclesiasticus ac Civilis. Studio et opera Georgii Fejér, bibliothecarii regi. Tomi X, Vol. VI, ab anno 1418-1428. Tzpis Typogr. Regiae Universitatis Ungaricae, Buda. 1844, Doc. CCXXI. pp. 532-533.)

“Idem Sigismundus Zingaris per regna sua securitatem, ac Vaivodae ipsorum potestatem iudicandi addicit. A. 1423.
Segismundo de Luxemburgo por Pisanello-Wikipedia
Sigismundus, Dei gratia Romanorum Rex semper Augustus, ac Hungariae, Bohemiae, Dalmatiae, Croatiae etc. Rex. Fidelibus nostris universis, Nobilibus, Militibus, Castellanis, Officialibus, Tributariis, Civitatibus liberis, oppidis et eorum iudicibus in regno et sub dominio nostro constitutis et existentibus salutem cum dilectione. Fidelis nostri adierunt in praesentiam, personaliter Ladislaus Voivoda Ciganorum, cum aliis ad ipsum spectantibus, nobis humillimas porrexerunt supplicationes huc in Scepus in nostra praesentia supplicationum [supplicum?] precum cum instantia, ut ipsis gratia nostra uberiori providere dignaremur. Vnde nos illorum supplicatione illecti eisdem hanc libertatem duximus concedendam. Quod quandocunque idem Ladislaus Vaivoda et sua gens ad dicta nostra dominia, videlicet civitates et oppida pervenerint, extunc vestris fidelitatibus praesentibus firmiter committimus et mandamus, ut eosdem Vladislaum Vaivodam et Ciganos sibi subiectos, omni sine impedimento ac perturbatione aliquali fovere et conservare debeatis; imo ab omnibus impetitionibus seu offensionibus tueri velitis. Si autem inter ipsos aliqua Zizania seu perturbatio evenerit, ex parte quorumcunque extunc non vos, nec aliquis alter vestrum, sed idem Ladislaus Vaivoda iudicandi et liberandi habeat facultatem. Praesentes autem post earum lecturam semper reddi iubemus praesentanti. Datum in Scepus, dominica die ante festum Beati Goergii Martyris Anno Domini MCCCCXXIII. Regnorum nostrorum Anno Hungariae XXXVI., Romanorum vero XII., Bohemiae tertio.

TRADUCCIÓN:
“El mismo Segismundo, por la seguridad de los Cíngaros, concede el poder de juzgar al Vaivoda de ellos. Año 1423.
Segismundo, por la gracia de Dios Rey de los Romanos siempre Augusto, y Rey de Hungría, Bohemia, Dalmacia, Croacia, etc., saluda con afecto a todos nuestros Fieles, Nobles, Soldados, Castellanos, Oficiales, Tributarios, Ciudadanos libres, y a las ciudades y a los jueces constituidos de estas y que existen en el reino bajo nuestro dominio. Fieles nuestros llegaron ante nuestra presencia, personalmente Ladislao, Voivoda de los Cíngaros, con otros que le seguían, y aquí en Scepus nos presentaron sus más humildes súplicas, para que nos dignásemos derramar abundantemente nuestra gracia para con ellos. Por lo cual, convencido por sus ruegos, determinamos concederles esta licencia. Por la cual, permitimos y encomendamos firmemente a nuestros Fieles presentes que Ladislao Voivoda y su gente puedan transitar por las ciudades y pueblos de nuestros dominios con normalidad desde ahora mismo, y mando a los Fieles presentes que protejan y respeten al mismo Ladislao y a los a él sujetos sin ningún impedimento ni ninguna perturbación; además, que queráis defenderlos de todos los ataques y ofensas. Sin embargo, si ocurriese alguna cizaña entre ellos o algún trastorno, sólo tenga facultad de juzgar y absolver el propio Ladislao Voivoda, y no vosotros ni tampoco ninguno de los vuestros. Por consiguiente, ordenamos ser devuelta a los presentes la licencia inmediatamente.
Fechado en Escepus, domingo víspera del beato Jorge Mártir, en el Año del Señor de MCCCCXXIII. En nuestro reino de Hungría, Año XXXVI; verdaderamente, Año XII de los Romanos y tercero de Bohemia.”
NOTA: documento y traducción por gentileza de la Asociación Nacional Presencia Gitana


En 2017 se han cumplido seiscientos años del proceso que dio inicio a la incursión y distribución del Pueblo Gitano en Europa Central y Occidental.
Su llegada a la Europa cristiana del medievo, se hizo a través del Sacro Imperio Romano Germánico, cuando era emperador Segismundo de Luxemburgo, rey también de  Hungría, Polonia y Bohemia, y a quien el Papa Martín V consagró como adalid de la cristiandad.
Ante dicho emperador se presentó a finales de 1417, un grupo compuesto por al menos tres centenares de personas, a cuyo frente se hallaba un conde y un duque, a quienes otorgó los salvoconductos que posibilitaron su dispersión por toda Europa Occidental, facilitándoles la libre circulación por los territorios del Imperio para “estar y pasar” hacia otros reinos, como Francia y el norte de Italia. Igualmente, se dispuso que fuesen bien tratados y que cumplieran los siete años de penitencia impuestos por haber apostatado.
Como peregrinos y refugiados religiosos perseguidos por los turcos, los gitanos hallaron la protección y la libertad de movimientos que a la postre, les convirtieron en una comunidad transnacional y europea. Sin embargo, pretendieron obtener otro pasaporte de manos del Papal, por lo que el duque Andrés se dirigió a Roma para tal fin. No sabemos si fueron recibidos por el pontífice, sí que años más tarde, varios grupos gitanos exhibieron un documento similar expedido por Martín V autorizándoles a peregrinar para expiar los pecados que decían habían cometido. Si bien, algunos historiadores dudan de su veracidad. 
En octubre de 1420 se hallaba en la Provenza un grupo de gitanos, los mismos que posiblemente pasarían posteriormente al reino de Aragón, y por último, a los reinos navarro y castellano, con lo que acabaron completando el largo trayecto iniciado siglos atrás desde la antigua India. Descubierta América, una nueva ruta quedaría abierta a partir del siglo XVI.

El acontecimiento histórico de 1417 forma parte de las diferentes Historias del Pueblo Gitano que forma parte de cada una de las naciones europeas. La carta de seguro otorgada por el futuro Alfonso V de Aragón es solo un eslabón más de esta Gran Historia Gitana en Europa. Sin embargo, ha pasado desapercibido, sin que los foros europeos e internacionales transnacionales, como el Consejo de Europa, la Unión Europea, la ONU y demás instituciones, hayan dado el paso decisivo hacia su reconocimiento como Comunidad transnacional de base multiestatal, con pleno derecho a mantener su identidad, y a que pueda participar en pie de igualdad en la vida política, económica, social y cultural de los países en los que viven sus ciudadanos.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

LA JAMANCIA DE 1843. UN MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO CATALÁN CON PROTAGONISMO GITANO

Tras el hambre y la miseria que trajo la primera Guerra Carlista, y el golpe del general Espartero del año 1841, cuyas consecuencias fueron claramente negativas para el pueblo gitano en España, el nuevo gobierno volvió a recordar a las autoridades locales a través de los Boletines Oficiales de provincias, su obligación de perseguir a vagos, mendigos y gitanos.
Jamancios a pecho descubierto
La permanente sospecha hacia el gitano como un delincuente, basada en el estereotipo negativo acuñado durante cuatro siglos, seguía resistiéndose a desaparecer. Si bien, el corpus legislativo que durante todo ese tiempo había criminalizado la forma de vida gitana, estaba ya agotado. A partir de estas fechas, las medidas represivas y de control que se irán dictando serán de orden interno para las policías locales y la Guardia Civil, a la que desde su creación en 1844 se le encomendó especialmente su vigilancia.
En una sociedad que avanzaba hacia una incipiente industrialización; el gitano, quedó sumido en bolsas de pobreza y constantemente abatido por la represión a que se le sometía; y, aunque procuró continuar sustentando su supervivencia manteniendo las actividades económicas tradicionales de sus antepasados, una nueva etapa de modernidad estaba cambiando el mundo, y al pueblo gitano también.
En su resistencia por mantener su identidad étnica y forma de vida, los gitanos fueron quedándose descolgados de los avances sociales, culturales y económicos que caracterizaron al resto del siglo XIX. No hubo “progreso” burgués y obrero para él. Solo en Barcelona se produjo cierta proletarización entre la población gitana, la que a pesar de su insignificancia política y económica, mostró un gran protagonismo en los acontecimientos acaecidos entre 1842 y 1843 en aquella ciudad.
Bajo la bandera del republicanismo más igualitario, los gitanos, aun sin una clara toma de conciencia de clase, participaron activamente en contra de los ricos propietarios industriales para quienes trabajaban por una miseria y al que defendían en guerras por medio de un sistema injusto de quintas. Todo sin recibir nada a cambio. El pueblo en armas acabó viéndose como la única solución para cambiar esta injusticia social.

Juntas, goberns, empleats,
Ciutadans seguiu la lley.
Que la Jamancia ha arribat
Y tots tenim lo fusell.
Minyons, alsem lo porró
Viva la bulla y la dansa.
Y digueu, que viva sempre
L’Ygualtat y la Jamancia.

Canción de la Jamancia
La Jamancia se desarrolló estando bien reciente la insurrección que, entre noviembre de 1842 y febrero de 1843 tuvo lugar también en Barcelona, y que fracasó sin haber conseguido extenderla al resto de España ni haber dado solución alguna a la crítica situación que atravesaban los estratos más bajos de la sociedad de aquel momento, a los que en la tercera de las bases de la declaración de 17 de noviembre de 1842, la Junta revolucionaria asumía la protección de “todas las clases laboriosas y productivas (…) justicia para todos sin distinción de clases y categorías”, algo que la burguesía catalana no estaba dispuesta a llegar.
Del fracaso de esta revolución, las clases populares aprendieron a no confiar en la burguesía, por lo que la rebelión barcelonesa de la Jamancia, prolongó los enfrentamientos de clase producidos en los últimos días de su antecesora, cuando la Junta de Gaviria permitió la confiscación de los bienes de aquellos burgueses que habían abandonado la ciudad aterrorizados por los bombardeos. El mensaje de las coplas entonadas por los jamancios, son una muestra de sus reclamaciones hacia el derecho al trabajo y la igualdad ante la ley, y así se publicó en el segundo suplemento de La Unión:

Pa, llibertat y treball.
Que no robin res al pobre:
Y que tot home sigui igual.
Que si tenim plet ab un rich
No sempre en sortim pagan.


La Jamancia se desarrolló entre septiembre y noviembre de 1843 y constituyó el último intento de revolución centralista. Estuvo dirigido contra el gobierno moderado de Joaquín María López, al que se le acusaba de haber incumplido los acuerdos contraídos con la Junta Central con objeto de derribar el gobierno de Espartero, así como la violación de varias disposiciones establecidas en la constitución de 1837.
Asalto a la Ciudadela
El nombre dado a esta revolución hizo referencia a los miembros de los batallones de voluntarios (batallones de la blusa), autodenominados así mismos como jamancios. El término deriva del verbo gitano jamar -comer-. Y, aunque algunos autores lo relacionan con la asignación diaria de cinco reales que recibían los jamancios por su manutención, creemos que este nombre procede de la ocurrencia de estos gitanos revolucionarios, para los que siendo el hambre la principal motivación de su adhesión al movimiento revolucionario, convirtieron su hambruna en un incentivo para el combate, para lo que se lanzaron a las calles entonado canciones con mayor o menor contenido de sátira política, en las que se amenazaba iban a comerse a sus enemigos. Entre las diferentes coplas, tuvieran o no algún tipo de sátira política, destaca la de la paella, que convertida prácticamente en su himno, se cantaba al ritmo de:
Monumento a Prim en Barcelona- Wikipedia
                                  Ay, Ay, xin, xin, xin
Maduros a la paella
Ay, Ay, xin, xin, xin
A la paella el Prim.

Como complemento a toda esta escenografía, añadieron a su indumentaria algunos complementos relativos a enseres de cocina, siendo su complemento más identificativo “una pequeña sartén (de plomo o latón) de las que sirven de juguete a las niñas, colgada del cuello con una cinta encarnada, y una cabeza de muerto en el gorro con un fleco negro y encarnado, y un lema que dice: junta Central o muerte". Los mismos colores predominaban en las banderas, junto a diferentes símbolos asociados con el republicanismo, lo que las convirtieron en las precursoras del sindicalismo catalán.

Vestían a excepción de la Milicia Nacional, un uniforme parecido al de los sansculots de la Revolución Francesa. También, una blusa azul de trabajador ceñida por una banda de cuero o de cuerda a la cintura; si bien, al comienzo de la revolución, por ser verano, prescindieron de la blusa y se mostraron despechugados en cuerpo de camisa, que por entonces era una prenda íntima. En ella colocaban al pecho a modo de medalla la sartencita de juguete. Así mismo, algunos usaron calzas (medias) listadas arremangadas hasta media pierna. Por último, una especie de gorra roja parecida a una barretina, pero de forma más alargada y con una borla en su remate, en la que ponían la calavera plateada.
Asalto a la Ciudadela
En general, el conjunto de los insurgentes se conocieron como centralistas por propugnar la unificación de la Junta Central. Sus fuerzas estaban integradas con fuerzas del ejército regular, la Milicia Nacional y los voluntarios del llamado vulgarmente “Batallón de la Blusa”; y, más tarde, el batallón denominado “Salvarguardas de la libertad” compuesto por presidiarios, lo que fue motivo de burlas por parte de los gubernamentales; si bien no eran delincuentes comunes, sino desertores y condenados por tenencia de armas prohibidas.
La prensa madrileña, en su afán por desprestigiarlos, escribía despectivamente sobre el batallón de la jamancia, afirmando estaba “compuesto en su mayor parte de la escoria de los pueblos vecinos a ésta (Barcelona), de procesados criminalmente, de gitanos, de extranjeros afiladores de navajas y tijeras, de menores de edad, de viejos y de algunos licenciados”, para terminar concluyendo:
Bombardeo de la ciudad desde Montjuic

“¿Se creerán esos majaderos jamancios que por sí solos podrían arrostrar una invasión extranjera, solo con mostrar la sucia sartén y parrillas con que intentaban freír y asar a las tropas, y demás combatientes sometidos al legítimo gobierno, y con cuyos chismes pintados pusieron pies en polvorosa en San Andrés y Mataró, huyendo despavoridos a los primeros disparos?”.
Iniciados los enfrentamientos armados a primero de octubre de ese año entre insurgentes y Ejército, éste bajo la dirección de Prim, Barcelona sufrió un duro castigo por medio de bombardeos que propiciaron la desbandada burguesa y el desaliento de los componentes de los republicanos. Finalmente, la Junta Suprema terminó capitulando el 19 de noviembre, con lo que fracasó su intento de convertirse en el origen de una revolución democrático-burguesa para la consecución de una República Socialista y Federal.

FUENTES:
CURET, Francesc. La Jamancia (1842-1843), Barcelona: Rafael Dalmau editor, 1961.
http://www.antrophistoria.com/2017/12/la-jamancia-de-1843.html

viernes, 1 de diciembre de 2017

LOS GITANOS Y EL FLAMENCO EN 1885

«CANTE HONDO»
Para los que no están iniciados en la poesía del cante eso de jondo parecerá término chino.
Para los peritos, eso de cante jondo es más que si les dijeran; «Ópera clásica».
Los que no conocen aquella tierra bendita que denomina el vulgo «Andalucía», los que no han nacido en ella, no pueden apreciar las bellezas del cante.
Y aun los andaluces que no han visitado los barrios de la gente cañí o gitana no saben lo que es poesía, y ternura, y «diplomacia íncontínental».
Los gitanos constituyen un Estado libre dentro de otro Estado.
Ellos podrán ser maleantes y aun tener la desgracia de seducir a las bestias del prójimo y de tropezarse con las cosas ajenas antes de que se le extravíen al prójimo.
Pero ellas, las gitanas puras, son modelo de lealtad y de firmeza, y primeramente consentirían en su muerte que en la deshonra y en el envilecimiento.
Aborrecen a los hombres que no son gitanos, y en la feria de Sevilla se pierden por ellas más ingleses que en la campaña del Egipto y pueblos «adyacentes».
El gitano cantaor es un trovador con sombrero de catite; un hombre que siente y que llora cantando sus penitas.

En el cante flamenco hay cierta mezcla de alegría y dolor que no se explica sino por la siguiente copla del pobrecito Augusto Ferrán:

¿Alegrías? No las quiero
De esas que a todos alegran;
Yo quiero las alegrías
Que al mismo tiempo dan pena.

Las cantaoras finas lloran derramando coplas que rebosan alegría y esa gracia que no sale a luz más que al calor del sol de Andalucía.
Araujo, que es un artista que sabe sentir y que posee la magia del estilo, ha dibujado un cantaor cañí con verdad y con expresión.
Jasiendo vorá la guitarra , e iluminado por el bálsamo de Jerez o dc Sanlúcar, el artista flamenco da suelta a los pesares y se desajoga de penas.


COMENTARIO:
Este texto, extraído de La Ilustración Española y Americana de octubre de 1885, constituye tanto un valioso testimonio de la situación de los gitanos españoles en aquellas fechas como de la consolidación del flamenco como arte basado en cantes cargados de poesía y sentimiento.
Nada pasa desapercibido en estas líneas, desde la más cruel reseña del estereotipo negativo que estigmatiza a los hombres gitanos como ladrones “maleantes”, hasta el ensalzamiento de la mujer gitana como hermosa, alegre, graciosa, llena de lealtad y firmeza; por la que muchos hombres pierden la cabeza.
Es también una referencia a la libertad de los gitanos como su valor más querido. Una apreciación que queda resumida magistralmente cuando se expresa cómo “los gitanos constituyen un Estado libre dentro de otro Estado”, una realidad que por entonces se hallaba sin embargo en transformación. Eran tiempos de cambio, el campo se iba quedando vacío y las ciudades se llenaban con contingentes humanos que se proletarizaban. Un proceso en el que el gitano seguirá resistiéndose a dejar de serlo, convirtiendo el cante flamenco en una válvula de escape en la que expresar su forma de ser y de sentir.

lunes, 6 de noviembre de 2017

LOS GITANOS Y LA REVOLUCIÓN. LOJA 1861

La invisibilidad de los gitanos en la Historia de España es mucho más palpable durante el siglo XIX. Una época repleta de convulsiones políticas, económicas y sociales, en la que la comunidad gitana, al menos casi hasta mediados de siglo, estuvo bajo la vigencia represora de la pragmática de 1783. Y, aunque finalmente obtuvo la ciudadanía española sin ningún tipo de restricciones por la Constitución de 1837, hubo de seguir sufriendo la estigmatización resultante del estereotipo acuñado y ampliamente divulgado durante siglos.

Baile en las afueras de Loja

Víctimas como otros muchos españoles de las crisis económicas ocasionadas por múltiples factores, sobrevivían a duras penas desarrollando sus oficios tradicionales, y que debían complementaban con otras ocupaciones, como la de jornaleros, especialmente en Andalucía. De ellos apenas se sabe nada durante el siglo XIX, que esté relacionado con el flamenco o el toreo. Mucho menos de su posicionamiento ideológico ante las revoluciones que convulsionaron esta época, constituyendo la revuelta armada barcelonesa denominada La jamancia, el primer movimiento revolucionario en que se vieron envueltos miembros de la comunidad gitana.
En Andalucía, por sus propias características socioeconómicas, la comunidad gitana fue más sensible a los movimientos que preconizaban el reparto de tierras y clamaban por la libertad y la igualdad. En Cádiz, por ejemplo, tras la promulgación de la Constitución antiliberal de 1845,  los gitanos, en expresión de la prensa, embardunaron las paredes con carteles subversivos pidiendo la vuelta a la Pepa, dando vivas a los liberales y advirtiendo el sombrío futuro que esperaba a España con un “que ze hunde la patria”.
En este ambiente revolucionario, Andalucía se hallaba inmersa en 1861 dependiendo de una economía agraria de subsistencia, donde la propiedad de la tierra se hallaba en pocas manos y sin que las medidas desamortizadoras hubieran invertido este fenómeno. Solo la pervivencia de las tierras comunales permitía algún respiro  a aquellos vecinos que se hallaban desposeídos de terrenos cultivables. Y, cuando el general Ramón María Narváez, el espadón de Loja,  pretendió desamortizar los terrenos comunales pertenecientes a la Sierra de Loja para destinarlos a pastos, se produjo una airada protesta de los lojareños, quienes comenzaron a exigir un reparto de tierras justo que sustituyera a unas subastas, pues éstas solamente beneficiaban a aquellos terratenientes que poseían el suficiente poder adquisitivo para adquirirlas.
Rafael Pérez del Álamo
El cada vez mayor empobrecimiento del campesinado, junto con el auge de las ideas republicanas, fomentó la desestabilización social y la lucha contra el caciquismo. Para hacer frente a esta situación, desde las filas demócratas de Andalucía Oriental, Rafael Pérez del Álamo fundó una Sociedad Secreta, de tipo carbonario y carácter más social y militar que anarquista, que pretendía además de un reparto de tierras, la protección y socorro de sus asociados. Dicha Sociedad se hallaba muy influida por el movimiento garibaldino italiano y tendría un papel decisivo en la revolución que estallaría en Loja.
El principal protagonista de esta insurrección fue Rafael Pérez del Álamo, inspector de carnes, veterinario de primera clase y corresponsal de los periódicos demócratas de La Discusión y El Pueblo, quien  se distinguió en las críticas hacia las arbitrarias detenciones producidas tras el intento de anulación de las elecciones que dieron la victoria a los demócratas, siendo detenido con ocasión de la divulgación de un folleto titulado “La Democracia, el Socialismo y el Comunismo, según la Filosofía y la Historia”.
Acosada la Sociedad Secreta, se reunió primeramente en Granada y después en Loja, donde se autorizó a Pérez del Álamo a liderar la sublevación en el momento que considerara más oportuno. Decidido a emprenderla, se propuso darle un tono revolucionario para obrar cambios económicos y sociales.
Recientes las sublevaciones de Utrera y El Arahal de 1857, el conflicto se precipita al estallar el motín de Mollina el 21 de junio de 1861. Un acontecimiento liderado por Pérez del Álamo y que justificó su detención el 24 de junio. Los lojareños  se levantaron entonces para libertarlo. El 27 del mismo mes se a insistir en su arresto personándose la Guardia Civil en su domicilio. Avisado de esta contingencia, logró huir a caballo y llegar hasta la “Campiña de las Salinas”, donde habían acordado reunirse los componentes de la Sociedad Secreta, y al que empezaron a acudir centenares de personas, muchas de ellas con la esperanza de ser cierto el rumor que aseguraba se iban a repartir las tierras.
Vista de Loja en 1812
Desde Loja, Iznájar, Trabuco, Las Fuentes y Archidona acudieron al llamamiento portando todo tipo de armas: escopetas, hoces y todo tipo de áperos de labranza. Los gitanos, formando una compañía aparte bajo la capitanía de Antonio Arjona, alias “El Zorrica”, acudieron con lanzas de fabricación propia.
Todos juntos se conjuraron en la victoria y se dirigieron hacia Iznájar gritando todo tipo de consignas, como ¡Viva la República y muera la reina!, ¡Viva Garibaldi!, ¡Muera el Papa!, ¡Viva la libertad! Y, ¡Viva la democracia! Una vez en dicho pueblo entraron en combate con un pequeño destacamento de la Guardia Civil, al que desarmaron e hicieron prisioneros. Al día siguiente, del Álamo lanzó una proclama en el intento de incorporar nuevos voluntarios y tranquilizar a los terratenientes, al asegurar se iba a respetar la propiedad y la libertad de ideas.
Con la intención de tomar Loja, se pertrechó a los combatientes con armas, tabaco y un poco de pan y queso, lo que curiosamente dio nombre a la insurrección, que empezó a denominarse La guerra del pan y el queso.
Una vez que la fuerzas rebeldes salieron de Iznájar, el 28 de junio vuelvieron a vencer a fuerzas gubernamentales y entrar triunfantes en Loja, donde rápidamente comenzaron a hacer zanjas y levantar barricadas para resistir un más que presumible asalto. Hasta tanto, los sublevados siguieron recibiendo refuerzos procedentes de Málaga, Jaén y Granada, hasta alcanzar un contingente cercano a los 25.000 combatientes. Entre ellos un gran número de gitanos, a cuyo frente se halló Antonio Arjona Zorrica, conocido como el “capitán de los gitanos”, de los que la prensa nacional resaltan su participación asegurarando que habían “tomado gran parte en el movimiento”.
 Antonio fue capturado el 6 de julio junto a otros destacados dirigentes de la revolución. Las razones por las que se implicaron en la contienda nos son desconocidas. Tuvo quizá bastante que ver la personalidad de Pérez del Amo, que como veterinario debió tener estrecho contacto con los tratantes gitanos. Otra explicación puede deberse al deseo de mejorar sus condiciones de vida a través de un reparto más equitativo de la tierra. Si bien, respecto a este tema, existe cierta controversia sobre si realmente se llegó a realizar una repartición, algo que no ha podido ser contrastado, en la que algún medio periodístico asegura que los gitanos participaron en dicho acto para recibir un total de cinco fanegas de tierra.
El conflicto se estancó en Loja durante varios días, hasta que Pérez del Álamo, ante las súplicas de los lojareños, decidió evacuar la población y marchar hacia Granada pasando por Alhama, con la esperanza de reanimar la sublevación. Derrotados por las tropas leales a Isabel II, se produjo la dispersión de los revolucionarios y su derrota definitiva, dando paso una represión que encarceló a numerosas personas que debieron pasar ante los dos tribunales militares formados en Loja y en Málaga, para proceder con arreglo a la ley de 17 de abril de 1821.
Más de 3000 individuos fueron procesados en estos tribunales, de los que 1180 fueron condenados a penas comprendidas entre los dos y los veinte años de presidio. Solo un vecino de Iznájar sería sentenciado a la pena capital.
En cuanto a los gitanos que tomaron parte en la insurrección, Antonio Arjona “el Zorrica”, también conocido por “Zorrín”, fue sentenciado en primera instancia a cadena perpetua; si bien se le acabaría conmutando dicha pena por la de 20 años de presidio. Su proceso despertó una especial curiosidad, especialmente tras el discurso que pronunció ante el tribunal que debía juzgarle, y del que la prensa destacaba, había “sido la cosa más célebre del mundo”.
Nota de prensa del 8/8/1861

Durante todo el proceso, los presos que se hallaban siendo juzgados en Loja se recluyeron en lugares habilitados para ello, tales como el teatro y una sala contigua a la alcazaba. Mientras tanto duró el juicio, un grupo numeroso de gitanas y niños deambularon permanentemente mientras duró, implorando “a los del consejo, a los fiscales, a los defensores y a cuantas personas creían ellas que pudieran influir en la sentencia de sus maridos y padres, para librarles de la imposición de la pena de muerte”.
Finalmente, junto al “tío Zorra”, fue condenado igualmente a los mismos veinte años de presidio, el sargento de los gitanos: “El Culiche”, de quien se decía iba inocente por no delatar a su padre “El tío Characha”.
La prensa no tomó nunca en serio la participación de los gitanos, siendo incluso objeto de mofa:

“Estos tontos, como la mayor parte, quisieron tomar sus cinco fanegas de tierra de los bienes comunes, y fueron con toda la gitanada, con unos palos muy largos y un pedazo de hierro que hacía punta, y que llamaban lanza”.

Confirmada la sentencia, el 8 de agosto, “Zorrilla” y “Culiche”  formaron parte de una cuerda de presos que se dirigieron en dirección a Granada, para desde allí ser dirigidos a Málaga y embarcar posiblemente con destino al presidio de Canarias o al de Baleares, ya que el de Fernando Póo se reservaba para los condenados a cadena perpetua.
Una vez en presidio, se dispusieron a consumir los mencionados veinte años, de los cuales, la prensa auguraba que “El Zorra” no aguantaría ni la mitad “porque es muy viejo”. No hubo de aguardar ni siquiera dicho tiempo, pues el 5 de septiembre de 1862 la reina concedió una amnistía a todos los que se hallaban presos, incluido el mismo Pérez del Álamo.
A pesar de la represión consiguiente, así como el intento de reconciliación personificado en la amnistía del 5 de septiembre y la visita que a lo largo de ese mes hizo la reina como gesto de buena voluntad a Andalucía, el espíritu revolucionario se mantuvo y hasta se alentó hasta culminar con la revolución de La Gloriosa de 1868, que mandó a Isabel II al exilio.

BIBLIOGRAFÍA:
ANDÚJAR, Francisco. “La sublevación de Loja (1861), en Ser Histórico. Portal de Historia, 14 de diciembre de 2016. Disponible en https://serhistorico.net/2016/12/14/la-sublevacion-de-loja/.
MADARIAGA DE LA CAMPA, Benito “Rafael Pérez del Álamo (1827-1911)”. Disponible en https://ddd.uab.cat/pub/llibres/1973-2011/72336/semvet_a1973v1_perez.pdf
PÉREZ DEL ÁLAMO, Rafael. Dos revoluciones andaluzas, Biblioteca de Cultura Andaluza nº 57; Sevilla: Ediciones Andaluzas Unidas, 1986.

Existe un blog dedicado íntegramente a la figura de Rafael Pérez del Álamo: http://rafaelperezdelalamo.blogspot.com.es/