Una historia, un olvido... el discurrir invisible de lo que existió y se desconoce

Este espacio pretende entender la historia como una disciplina que proporciona, tanto la información como los instrumentos necesarios para conocer el pasado, pero también como una herramienta para comprender al "otro", a nosotros mismos y a la sociedad del presente en la que interactuamos.

Conocer la historia de los gitanos españoles es esencial para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos.

Las publicaciones contenidas en este blog-revista tienen derechos de autor. Se ruega citen su procedencia.

miércoles, 6 de marzo de 2019

La mujer gitana en la Historia. Una lección de resistencia (1539-1765)

ÍNDICE
PRÓLOGO DE SILVIA AGÜERO
INTRODUCCIÓN

PRIMERA PARTE: LA ETAPA DE LA PENA DE GALERAS


     1.     La construcción del estereotipo negativo antigitano
2.     La pena de galeras y su impacto entre las mujeres gitanas
3.     La mujer gitana como sujeto penal y las Casas-galera
4.     Estrategias de supervivencia y resistencia
5.     El control y la represión de la Iglesia
5.1.  Los sínodos diocesanos
5.2.  La Inquisición
          6.     La política antigitana de los Borbones

Portada y contraportada del libro


SEGUNDA PARTE: EL PROYECTO DE EXTERMINIO DE 1749

7.     El proyecto ilustrado para el exterminio del Pueblo Gitano
8.     El tiempo de la duda. ¿Qué hacer con las mujeres?
          9.     El arte de la resistencia: la Casa de Misericordia de Zaragoza
        10.     El fin del cautiverio y el inicio de un camino incierto

CONCLUSIONES
ARCHIVOS Y FONDOS CONSULTADOS
BIBLIOGRAFÍA


VENTA EN: https://www.morebooks.de/store/es/book/la-mujer-gitana-en-la-historia/isbn/978-613-9-41018-7

viernes, 1 de marzo de 2019

PRAGMÁTICA DE MADRID DE 4 DE MARZO DE 1499 Y ACUERDO DE LAS CORTES DE MONZÓN DE 1510. EL ANTIGITANISMO SE HACE INSTITUCIONAL


PRAGMÁTICA DE MADRID DE 4 DE MARZO DE 1499

Isabel I de Castilla
Don Fernando y Doña Isabel (…) a vosotros los egipcianos y grecianos que andáis vagando por estos nuestros reinos y señoríos con vuestras mujeres e hijos y casas. Salud y gracia. Sabed que a nos, es hecha relación que vosotros andáis de lugar en lugar muchos tiempos y años ha, sin tener oficios ni otra manera de vivir alguna que os mantengáis, salvo pidiendo limosnas y hurtando y traficando y engañando, y haciendo de hechiceros y adivinos, y haciendo otras cosas no debidas ni honestas, siendo como sois los más de vosotros personas dispuestas para trabajar o servir a otros que os mantengan y den lo que habéis menester, o aprender oficios y usar de ellos, de lo cual Dios nuestro señor es deservido, y muchos de nuestros súbditos reciben de ello agravio y mal ejemplo, y son damnificados de vosotros. Y porque a nos, como rey y reina, y señores, pertenece en ello proveer y remediar. Mandamos dar esta nuestra carta para vosotros en la dicha razón, por la cual os mandamos que del día que os fuere notificada o pregonada en nuestra corte o en las ciudades y villas principales de nuestros reinos, que son cabezas de partidos hasta sesenta días primeros siguientes, vosotros y cada uno de vosotros, viváis por oficios conocidos, de que mejor os sepáis aprovechar, estando de estada en los lugares donde acordéis asentar y tomar vivienda de señores a quien sirváis, que os den lo que hubiere menester y no andéis más juntos vagando por estos nuestros reinos como ahora lo hacéis, o dentro de otros sesenta días primeros siguientes salgáis de nuestros reinos y no volváis a ellos de manera alguna, so pena que si en ellos seáis hallados o tomados sin oficios, o sin señores, o juntos, pasados los dichos días, que den a cada uno de vosotros cien azotes por la primera vez le destierren perpetuamente de nuestros reinos. Y por la segunda vez, que os corten las orejas y estéis sesenta días en la cadena y volváis a ser desterrados como dicho es. Y por la tercera vez, que seáis cautivos de los que os tomaren por toda vuestra vida.
 Y hecho el dicho pregón o notificación, si fuerais o paséis contra lo contenido en esta nuestra carta, mandamos a los alcaldes de la nuestra casa en Corte y Chancillería, y a todos los corregidores, asistentes, alcaldes, alguaciles y otras justicias cualesquiera de todas las ciudades y villas y lugares de nuestros reinos y señoríos, ejecuten las dichas penas en las personas y bienes de cualquiera de vosotros que fuerais o paséis contra lo contenido en esta nuestra carta, lo cual mandamos que se haga y cumpla, sin embargo de cualquier carta nuestra de seguro que tengáis, la cual y las cuales revocamos. Y los unos ni los otros no hagáis ni hagan, por ende, ninguna otra, so pena de la nuestra merced y de diez mil maravedís para la nuestra cámara y demás.
Mandamos al hombre que a vos esta carta mostrare, que os emplace a que parezcáis ante nos en la nuestra Corte, donde quiera que nos hallemos, del día que os emplazare hasta quince días primeros siguientes, so la dicha pena; bajo la cual mandamos a cualquier escribano público que para esto fuere llamado, y le fuere mostrado, dé testimonio signado con su signo para que sepamos cómo se cumple nuestro mandato.
Dada en la villa de Madrid, a cuatro días del mes de marzo año del nacimiento del señor de mil cuatrocientos noventa y nueve años. Yo el rey, yo la reina (…).

Pragmática de 1499

ACUERDO DE LAS CORTES DE ARAGÓN EN 1510 PARA EXPULSAR A LOS GITANOS DE ESE REINO

“Item, establecemos y ordenamos, que los bohemianos, y otras gentes que van en aquel hábito, no puedan andar por el reino de Aragón, ni en ninguna parte de aquel; antes, los
dichos bohemianos y gentes semejantes, por el presente fuero los exiliamos y desterramos perpetuamente del dicho reino. Y si alguno, o algunos de los susodichos se hallaran en el dicho reino pasados dos meses, contados del día de la publicación de los presentes fueros, pues aquel que no esté domiciliado en alguna ciudad, villa o lugar del presente reino, incurra en pena de cien azotes, la cual dicha pena mande ejecutar el juez en cuyo territorio sea hallado. Y después de ejecutada dicha pena, sea desterrado perpetuamente de todo el dicho reino”.

Fernando II en las Cortes de Aragón


COMENTARIO:
El 4 de marzo se cumplen 520 años del inicio del antigitanismo institucional, o lo que es lo mismo del inicio de una tenaz resistencia romaní a perder su identidad. Al margen de esta efemérides, en esta ocasión, prosiguiendo con nuestra tarea de visibilizar la historia gitana y de desconstruir parte de ella, abordaremos un aspecto que ha venido tratándose sin que se haya tenido en cuenta la especificidad de la legislación de los reinos de Castilla y Aragón, así como los territorios forales de Navarra y País Vasco, pues se ha venido tomando a la castellana como principal referente, por lo que es fundamental arrojar luz en este sentido. 
En primer lugar hay que puntualizar, que la pragmática de 1499 se aplicó en principio sólo al reino de Castilla, sin que en Aragón no tuviera vigor en estas fechas debido a su independencia foral. Tampoco la pena de galeras instaurada en Castilla en 1539 sería establecida en el reino de Aragón hasta su aprobación en las Cortes de Monzón de 1564; y que ante la falta de clarificación en cuanto a los castigos que se debían ejecutar a los gitanos y a las gitanas, hubo de acordarse en las Cortes aragonesas de 1585, que dicha pena se debía entender para todos aquellos varones mayores de los dieciocho años, reservando los azotes y el destierro para las mujeres y los muchachos que tuvieran entre los catorce y los dieciocho años.
Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca siguieron legislando al margen de Castilla hasta la llegada al trono de Felipe V, quien por los “Decretos de Nueva Planta”, abolió sus fueros e instituciones, con lo que instauró una jurisprudencia común.

Como complento: https://www.antrophistoria.com/2019/03/isabel-la-catolica-azote-de-las.html

viernes, 1 de febrero de 2019

Carta del Arzobispo de Granada Pedro Guerrero dirigida a Carlos I, solicitándole el cumplimiento de la disposición dada por sus abuelos en 1499 contra los gitanos


“Y ahora el Muy Reverendo en Cristo Padre, Arzobispo de Granada, de nuestro Consejo, hizo relación por su petición diciendo que en el dicho arzobispado andan muchos gitanos que frecuentan con los moriscos y les enseñan cosas de hechicerías y adivinaciones y supersticiones y les roban ropas de sus casas y las bestias de los campos y que de ello se quejan y se escandalizan los moriscos de ver que tales cosas se consienten entre los cristianos y por ende nos suplicaba que mandásemos que en el dicho arzobispado se guardase la dicha pragmática, lo cual visto por los de nuestro Consejo fue acordados y a lo que en otros memoriales tiene representado y muestra cada día la experiencia, sea servido de mandar, agravando las penas, se salgan de estos reinos dentro de un breve tiempo, porque demás de quitar este abuso de gitanos, muchos que se valen del nombre para ejecutar sus malas inclinaciones, se abstendrán de el por no dejar su natural, y así será menor el número de los desterrados y grande la merced que estos reinos recibirán por descansarlos de mantenerlos, que en ningún acaecimiento puedan aprovechar, sino antes dañar en todos. Y visto el dicho memorial se aprobó y se acordó se dé a S.M.” (Cortes de Valladolid 1603-1604, en Actas de las Cortes de Castilla, Tomo XXI, Rivadeneyra, Madrid, 1902, pág. 482).


Danza de moriscos granadinos


COMENTARIO:

La convivencia entre moriscos y castellanos tras la conquista de Granada estuvo siempre amenazada de continuas convulsiones. La sociedad del reino granadino estaba dividida en dos facciones claramente delimitadas y separadas. Muestra de ello es la obsesión de los cristianos viejos, que considerándose superiores en todos los aspectos se afanaban en señalar en cada documento el origen de sus protagonistas; tildando al morisco como cristiano nuevo, en oposición a castellano viejo. A estos dos grupos sociales se uniría posteriormente el gitano, al que se aplicaría similar estrategia, esta vez mediante el eufemismo de castellano nuevo. Los elementos de las clases modestas como de las altas, presentaban una considerable preocupación por no ser confundidos con elementos de estas minorías, pues tanto gitanos como moriscos adoptaban nombres y apellidos castellanos, lo que se prestaba a confusión. Los estatutos de limpieza de sangre son un claro ejemplo de este celo diferenciador y purificador de raza.

La obsesión castellana por mantener puros sus linajes y prevalecer su poder por medio de una actitud preponderante y amenazadora, impulsaría la cohesión interna de los grupos marginales, provocando una mayor separación respecto a la colectividad castellana; a la vez que los contactos entre las minorías se incrementarían; siendo las de gitanos y moriscos por sus semejanzas culturales las que mejor establecerían una simbiosis; viendo al castellano como un enemigo común que coartaba su libertad. Éste, por su parte, tenía una visión sobre ambas minorías coincidente en numerosos aspectos, dentro de un ambivalente sentimiento de desprecio y de temor.

Esta relación quiso ser también controlada y evitada en lo posible, especialmente por la Iglesia, inmersa en una labor evangelizadora y aculturadora de la minoría morisca, por lo que pretendió aislar a ambas, siendo la carta del arzobispo granadino un ejemplo de ello.


Morisco: musulmán convertido al cristianismo. En su mayor parte de forma forzada por los Reyes Católicos, a través de la Pragmática del 14 de febrero de 1502 en la Corona de Castilla; y más tarde, en 1526, en la Corona de Aragón.

sábado, 26 de enero de 2019

DEL EXTERMINIO A LA CIUDADANÍA ESPAÑOLA. UN SIGLO PARA LA ESPERANZA DEL PUEBLO GITANO (1749-1843)


Artículo publicado en RomArchive,  que viene a completar una bibliografía centrada prácticamente en su totalidad en la Edad Moderna; y que al adentrarse en el siglo XIX, supone una novedad dentro de la historia de los gitanos españoles., por ser un periodo prácticamente virgen y necesitado de una investigación exhaustiva.



RESUMEN:

El Pueblo Gitano español, al borde de su aniquilación con ocasión del proyecto de Exterminio de 1749, siguió sufriendo la represión hacia su forma de vida durante los reinados de Carlos III y Carlos IV, al convertirse a partir de la Pragmática de 1783 en un objetivo de las redadas de vagos.
Las Cortes de Cádiz de 1812 otorgaron la ciudadanía española a todos aquellos que estuvieran avecindados, iniciando una nueva fase en que la presión ejercida sobre la minoría gitana disminuyó en intensidad, a pesar de que Fernando VII volviera a retomar la Pragmática anteriormente referida y aboliera la Constitución.
La situación de la comunidad gitana se agravó aún más por el hambre generada a causa de las guerras de la Independencia y Carlista, contiendas en las que los gitanos apenas se implicaron.
A partir de la tercera década del siglo, a pesar de varios recordatorios de la Pragmática de 1783, esta pareció perder vigencia. Una realidad que tuvo su reflejo en la Constitución de 1837, por la que los integrantes del Pueblo Gitano accedieron sin restricciones a la ciudadanía plena. y, ya en 1848 con la aprobación del código penal de este año, las leyes antigitanas del pasado acabaron siendo un mal recuerdo.
A pesar de estos avances, la represión siguió ejerciéndose de forma más sutil, sin poder acceder,  al igual que otros colectivos excluidos, al derecho a voto, que no se alcanzaría hasta después de la revolución de 1868.

ARTÍCULO COMPLETO EN CASTELLANO:
https://manuelmartinez.atavist.com/del-exterminio-a-la-ciudadana-espaola

jueves, 3 de enero de 2019

LAS GALERAS DE MUJERES. Una institución para que gitanas y demás mujeres “perdidas” no quedaran sin castigo

Edificio de la galera de mujeres en Madrid
Una consecuencia directa de la pena de galeras impuesta a los gitanos varones en 1539, fue la tipificación penal de la mujer gitana desde 1560. Una medida que pretendió resolver las dudas surgidas tras la promulgación de dicha Pragmática, creadas por una avalancha de quejas denunciando la existencia de “muchos gitanos y gitanas -que- andan vagando por estos nuestros reinos...

TEXTO COMPLETO EN:
https://www.antrophistoria.com/2019/01/las-galeras-de-mujeres.html


Goya. "Por liberal".
 Aguada de Goya de la serie correspondiente a condenados, presos y torturados por la Inquisición, nº 98

Mujeres reclusas hilando en galera. Dibujo de Goya

martes, 1 de enero de 2019

PROCESO DE LA SANTA INQUISICIÓN CONTRA JUANA TRUJILLO Y JOSÉ MALDONADO (1783)

El inquisidor fiscal de Córdoba contra Juana Trujillo y José Maldonado, gitanos, naturales aquella del lugar de Fiñana, obispado de Guadix, y éste de Gavia la Grande, junto a Granada. Por hechos sacrílegos y de superstición heretical; calificados estos así, y los reos sospechosos de vehementi, vienen botados a prisión en cárceles secretas, y que se les siga causa hasta definitiva.


Escudo de la Inquisición


Interrogatorio bajo tormento
Para inteligencia de estas causas es de advertir que Su Ilustrísima remitió al Tribunal con fecha de 14 de agosto de 1783, un testimonio de la causa que estaba siguiendo contra estos reos, comprensivo de una sumaria información de testigos, de cuyas declaraciones resulta, que según las acciones que observaron a dicha Juana en la mañana de 10 de junio de 1781, acabando de recibir la comunión y no estando en ayunas según un testigo, en la iglesia del convento de Predicadores de la villa de la Guardia, había vehementes sospechas de haberse sacado la sagrada forma de la boca, en cuya consecuencia pusieron presos a dichos reos; y aunque se hizo un reconocimiento exacto de sus ropas y personas, no se encontró la sagrada forma; pero tomada la confesión a los reos por Su Ilustrísima, declaró dicha Juana Trujillo hallarse casada tres años ha con el reo, al uso de gitanos, cuya fórmula se redujo a que sin asistencia de párroco, en un campo donde se hallaban cuatro gitanos y cuatro gitanas, registraron y reconocieron a la deponente para declararla por doncella; y luego la vendaron los ojos, y le dijeron se dieran las manos como matrimonio, diciéndose mutuamente: yo te recibo por esposo, y yo te recibo por mujer.


COMENTARIO:
La Inquisición, instaurada en 1183 por el Papa Lucio III para tratar los delitos contra la fe católica y la protección de la vida cristiana, ejerció una represión sobre todas aquellas costumbres que se consideraban desviadas, y que fueron susceptibles de ser catalogadas como herejías. En España, cuando en las postrimerías del siglo XV y principios del XVI, la corona se hallaba empeñada en una política de homogeneización de la sociedad, la Inquisición realizó un especial control sobre las minorías religiosas a través de una persecución sistemática de los judeoconversos, moriscos, vagabundos y falsos pobres. Unos colectivos apartados de las formas de vida mayoritaria.
En el caso de los gitanos, una vez que los Reyes Católicos atendieron las quejas de campesinos y ganaderos y tomaron conciencia de que la estancia de egipcianos y grecianos iba a ser permanente, les despojaron  de su condición de peregrinos y se les encuadró dentro del grupo delictivo de los falsos pobres. Momento desde el cual, la Iglesia comenzó a supervisar su práctica religiosa a través de los diferentes sínodos diocesanos que se fueron convocando.
La represión de la Iglesia hacia la comunidad gitana para reducir a sus integrantes a la forma de vida civil y religiosa de la sociedad mayoritaria, había ya subido en intensidad en 1601 con el sínodo toledano de ese año, en el que se ordenó a párrocos y a jueces eclesiásticos, prohibieran a los gitanos “hablar su lenguaje, traer su traje, andar en compañías y cantar la buenaventura”. Aspectos que siguieron proscribiéndose año tras año.
La publicación más completa sobre los gitanos
procesados ante la Inquisición
Fue en el de Cuenca de 1626, cuando la restricción de los vecindarios se asumió con mayor vigor, pues además de prohibir a los sacerdotes, amonestar y asistir “a los matrimonios de los gitanos” sin la correspondiente licencia del obispado, tampoco debían consentir el matrimonio canónigo si ambos contrayentes no habían residido “continuamente diez años en el lugar donde quieren contraer, sin haber salido de él”. Una imposición que nada tenía que ver con la premisa de ser buen cristiano, y que condenaba a la mayor parte de los matrimonios celebrados por el rito gitano a la clandestinidad, por el temor a sufrir las penas reservadas por amancebamiento. Un delito-pecado que ya estaba penado por la legislación castellana desde 1387. De esta forma, al no reconocerse el matrimonio celebrado por el rito gitano, se consideraron amancebadas todas aquellas parejas que no formalizaran su unión a través de la unión eclesial.
Fue con la Contrarreforma católica resultante del Concilio de Trento, cuando adoptados los principios fundamentales relacionados con la defensa de la continencia y la moralidad para llegar a Cristo, se empezó a condenar enérgicamente los delitos de lujuria, especialmente los que eran protagonistas las mujeres. El concubinato y la prostitución, fueron duramente perseguidos y castigados a partir de la segunda mitad del siglo XVI, y especialmente en todo el siglo XVII.
Son numerosos los casos en los que la mera presencia de mujeres solteras o casadas por el rito gitano cuadrillas compuestas también por hombres, las mujeres acababan siendo procesadas por amancebamiento. El caso de Juana Trujillo no es aislado. Como ella, fueron muchas las mujeres que sufrieron la intolerancia religiosa y castigadas por ello. En el caso de Juana: “Adjuración de vehementi. Al día siguiente doscientos azotes por las calles públicas acostumbradas. Que antes de salir de las cárceles, haga por quince días unos ejercicios espirituales y confesión general, con el director que se le señale”.

jueves, 20 de diciembre de 2018

CLAMOR Y REBELDÍA. LAS MUJERES GITANAS DURANTE EL PROYECTO DE EXTERMINIO DE 1749

El sujeto de este artículo son las mujeres gitanas y su actitud ante el cautiverio que sufrieron con ocasión de la redada general de 1749. Son pocos los estudios dedicados a este episodio histórico, y menos aún los que tienen a la mujer gitana como protagonista. Una escasez que contrasta con la abundancia de fuentes primarias para reconstruir uno de los episodios más oscuros de la historia de España: el proyecto de exterminio del pueblo gitano de 1749. Este artículo consta de dos partes. La primera describe el origen y desarrollo de la redada y posterior proyecto de exterminio. La segunda se centra en los diferentes destinos reservados a las mujeres, inmersas en un trágico periplo de desolación, miseria, hambre, enfermedad y muerte; pero también de esperanza manifestada por su resistencia y rebeldía. La mujer gitana de mediados del siglo XVIII se nos muestra indómita y decidida en su lucha por recuperar lo que le fue arrebatado: su familia y su libertad. La fuerza interior mostrada por estas mujeres ante la adversidad hizo mella en las conciencias de personajes relevantes de la época como el duque de Caylús, de quien partiría la propuesta de indulto que finalmente sería concedido en 1765, y que cerraría una página que aún hoy en día se resiste a entrar, por su desconocimiento o falta de interés, en los tratados de historia de España.




PARA CONSULTAR EL TEXTO ÍNTEGRO: https://recyt.fecyt.es/index.php/Hyp/article/view/59925/41329

domingo, 2 de diciembre de 2018

LOS GITANOS RECLUIDOS TRAS LA REDADA DE 1749 EN EL CASTILLO DE SANTA CATALINA (CÁDIZ), CLAMAN POR SU LIBERTAD


Excmo. Señor.
Castillo de Santa Catalina de Cádiz
Los gitanos presos en el castillo de Santa Catalina de la ciudad de Cádiz, puestos con el debido rendimiento a los pies de V.E., dicen como esperan su alivio por medio de V.E., en cuyas manos se ponen pidiendo al rey nuestro señor, su libertad, supuesto no tener delito alguno para estar presos tanto tiempo, y si lo tuvieren, piden a V.E. se les castigue como merecieren, pero si no, que queden libres y se puedan restituir a sus lugares, y hacer vida maridable con sus mujeres e hijos, como Dios manda. El número de los presos somos unos doce, de los que estamos imposibilitados el poder servir a S.M., pues unos somos ciegos, otros cojos, mancos, quebrados y viejos, lo que ponemos en consideración de V.E. para que se apiade de nosotros y nos mande la orden del rey para que nos pongan en libertad, como lo han hecho con los demás, ha más de tres años. Este alivio esperamos de V.E. por el amor de Dios y de la Virgen Santísima, una vez que fuimos presentados ante la justicia de nuestros domicilios.
Plaza de armas del castillo
Dios guarde la Excma. persona de V.E. infinitos años como hemos menester, de este castillo de Santa Catalina, y septiembre 4, de 1753.
Excmo. Señor
Besan los pies de VE sus rendidos gitanos,
Antonio Muñoz
Antonio Fernández
Juan Fernández de Malla y Amores.



COMENTARIO:

Gracias a la Real Orden de 20 de noviembre de 1749, se liberaron más de la mitad de los gitanos y gitanas capturados con ocasión de la redada de 1749. El resto de los que quedaron recluidos fueron enviados a los destinos definitivos. En el caso andaluz, los hombres debían ser confinados en el arsenal de La Carraca. 
Los que se calificaron como no aptos para los trabajos en dicho arsenal, a falta de hospicios y demás centros benéficos, fueron recluidos entre diferentes fortalezas gaditanas.
Una de ellas, fue el castillo gaditano de Santa Catalina, donde
un pequeño grupo de gitanos, quedaron postergados en él. 
Tras varias solicitudes de libertad, todavía a principios de 1753 se hallaban sin saber la causa de “tan dilatado y riguroso arresto”, por lo que solicitaban licencia para regresar a sus pueblos con sus mujeres y poder de esta forma “acabar su vida, sin dar lugar a la más leve queja” y olvidar “la suma miseria” que clamaron por su libertad en varias ocasiones.
Interior de unos pabellones
Esta súplica fue atendida parcialmente por Diego Rojas Contreras, gobernador del Consejo de Castilla, pues sólo consintió la liberación de tres de ellos, por considerar que los demás, aunque “cojos, quebrados y con otros accidentes, podían ser tan perjudiciales, como lo habían sido antes de su prisión”. No obstante, compadecido por la “miseria y desnudez” que sufrían y que sólo disponían para su manutención de “un pan y seis cuartos al día”, pidió al gobernador gaditano que a los siete que debían permanecer presos, se les diese “algún arbitrio para poder vestir” y “algún más alivio en su trato”. Unas mejoras que fueron insuficientes para unos hombres que se sentían víctimas de una injusticia, ya que no habían cometido “delito alguno para estar presos tanto tiempo”,  causa por la que reclamaron que de ser criminales se les castigara “como merecieren”, pero que en caso contrario se les permitiera regresar “a sus lugares y hacer vida maridable con sus mujeres e hijos, como Dios manda”.
Garita. Al fondo castillo de San Sebastián


Años más tarde, serían trasladados a la fortaleza vecina de San Sebastián.


FUENTE: Los gitanos y las gitanas de España a mediados del siglo XVIII. El fracaso de un proyecto de "exterminio" (1748-1765).

lunes, 12 de noviembre de 2018

EXPOSICIÓN "HISTORIA DE LOS GITANOS ESPAÑOLES". VERA, del 22 al 30 de noviembre de 2018

El cartel lleva un mensaje implícito. En esta ocasión, a diferencia del confeccionado para la exposición de Almería, la protagonista es una mujer gitana extraída de un cuadro de Isidre Nonell. La rasgadura que desfigura su boca representa el sometimiento y la invisibilidad del Pueblo Gitano en la Historia.
El cerro que aparece representa el antiguo asentamiento de Vera, hasta que el terremoto de 1518 destruyera la ciudad. A partir de ese año Vera volvió a renacer con la aportación de nuevos vecinos, entre los que se hallaron los gitanos. Hoy en día representan el 20% del total de la población y contribuyen a la prosperidad de la comunidad veratense.












domingo, 11 de noviembre de 2018

UNA REFLEXIÓN SOBRE LAS BEATIFICACIONES GITANAS


LOS GITANOS ELEVADOS A LOS ALTARES DE LA IGLESIA CATÓLICA
¿Unas beatificaciones interesadas?


No tratamos de poner en tela de juicio los procesos de beatificación, ni en poner en duda las virtudes cristianas que les hicieron valedoras a tan alta consideración. Sólo pretendemos contextualizar el inicio de los trámites en unas etapas históricas que bien pudieron influir a la hora de proponer para su beatificación a Ceferino Jiménez y a Emilia Fernández.

Los procesos de beatificación arrancan desde el primer año del comienzo de la Guerra Civil española, cuando la propaganda franquista comenzó a equiparar a los muertos producidos durante la contienda con las víctimas producidas por la represión de los primeros momentos a manos de revolucionarios republicanos. Todos quedaron encuadrados bajo la denominación de Caídos por Dios y España, con lo que se pretendió justificar el golpe de estado asociándolo a la idea de una cruzada encaminada a recuperar España para Dios, para cuya causa y testimonio de Dios sucumbieron los soldados nacionales y aquellas personas laicas o seglares que fallecieran por causa de Fe.
De los 300.000 mártires que Serrano Suñer afirmó se produjeron, incrementados en 1938 por Franco a otros cien mil más, se pasó tras las conclusiones de la Causa General a “sólo” 86.000, una cifra que desanimó a Franco, y que no constituyó la razón principal de Pío XII para denegar una beatificación masiva en un corto plazo de tiempo. A partir de este rechazo inicial, se abandonó la idea de una canonización numerosa y se pensó en una estrategia encaminada a proponer una víctima como una especie de cabeza de puente, que permitiera con su beatificación, abrir las puertas a futuros procesos. En principio, en 1964 se pensó en la monja María Ricart; sin embargo, la operación fracasó y los procesos quedaron estancados durante tres lustros. Hasta que se propuso la persona de Ceferino Jiménez Malla, un tratante gitano nacido en la oscense Alcolea de Cinca, que fue detenido el 19 de julio de 1939 por haber defendido a un sacerdote y ser sorprendido con un rosario en el bolsillo, causa por la que se cree fue condenado a muerte. Una sentencia que se ejecutó en Barbastro el dos de agosto del mismo año.
Beata Emilia Fernández,
obra del pintor malagueño Raúl Berzosa
¿Por qué se escogió a Ceferino y no a otra persona? Pudiera ser que viniera dada por su condición laica y su pertenencia a un colectivo discriminado. Unas características que lo aproximaban a los primeros mártires, pues éstos no pertenecían a órdenes religiosas y en su mayor parte procedían de sectores marginales, como el de los esclavos. La causa sin embargo quedó suspendida, pero el camino ya estaba abierto, y en cuanto Juan Pablo II accedió al papado, la política del Vaticano cambió de rumbo en este aspecto, y en marzo de 1987,  Juan Pablo II canonizó a los cinco primeros mártires españoles.
No sería hasta mayo de 1997 cuando Ceferino Jiménez fuera beatificado en una ceremonia oficiada por el Papa, quien en la homilía destacó la condición étnica de Ceferino, la que no constituía un obstáculo para la santidad:
“Su vida muestra cómo Cristo está presente en los diversos pueblos y razas y que todos están llamados a la santidad, la cual se alcanza guardando los mandamientos”.
El torrente de beatificaciones creció durante las décadas siguientes, y en marzo de 2017, le tocó el turno a Emilia Fernández, una gitana tijoleña que compartió la ceremonia de beatificación junto a otros 114 beatos (95 sacerdotes y 20 laicos). De ellos, el obispo de Almería dijo que no lo fueron "por ser de uno de los bandos enfrentados en la guerra, sino por haber muerto por amor a Cristo y por su causa".
Sin embargo, la presencia de Emilia entre los propuestos a ser elevados a los altares, coincidió con la mayor expansión de la Iglesia Evangélica entre las comunidades gitanas de España, lo que se podría pensar en un intento para retener en el catolicismo a unos feligreses que no hallaron en la Iglesia el amparo y refugio que necesitaban. No obstante, nos gusta más pensar que el principal motivo que ha llevado a Emilia a ser la primera mujer gitana beatificada, sea por haber muerto en la Fe cristiana siendo una mujer soltera y amancebada a los ojos de la Iglesia. Un aspecto que en cierto modo, remienda la persecución que las mujeres gitanas han venido sufriendo por parte de los sínodos eclesiales y la Inquisición.

Publicado en Antrophistoria: https://www.antrophistoria.com/2018/10/los-gitanos-elevados-los-altares-de-la.html