Una historia, un olvido... el discurrir invisible de lo que existió y se desconoce

Este espacio pretende entender la historia como una disciplina que proporciona, tanto la información como los instrumentos necesarios para conocer el pasado, pero también como una herramienta para comprender al "otro", a nosotros mismos y a la sociedad del presente en la que interactuamos.

Conocer la historia de los gitanos españoles es esencial para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos.

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domingo, 13 de septiembre de 2020

FELIPE II, azote de los gitanos

Tal día como hoy -13 de septiembre de 1598- falleció Felipe II. Un auténtico "azote" para los gitanos. Entre otras cosas, porque ordenó en 1572 la captura de gitanos para enviarlos a galeras. En 1560 estableció la tipología penal para las mujeres gitanas, y en 1586 estrechó el cerco sobre la comunidad gitana, disponiendo que no salieran de sus vecindades sin un pasaporte expedido por sus justicias y escribano público, en el que se debía justificar la posesión de todos los animales que poseyeran.
No se puede entender las leyes antigitanas posteriores, sin tener en cuenta el antigitanismo felipista. Si en 1749 se practica un proyecto de extermino, no hay que olvidar, fue fruto de un pasado represivo que tuvo en Felipe II su máximo exponente.


PARA SABER MÁS: LOS GITANOS EN EL REINADO DE FELIPE II (1556-1598). EL FRACASO DE UNA INTEGRACIÓN The gypsys in the reign de Felipe II (1556-1598). The failure of a integration
Dirección web: https://revistaseug.ugr.es/index.php/cnova/article/view/1898/2077

martes, 1 de septiembre de 2020

EL CHATO DOBLE Y SU LEYENDA

 VALLADOLID—PLAZA

D. Eduardo González, Juez de instrucción del distrito de la plaza de esta ciudad de Valladolid.

Por la presente requisitoria se cita y llama a Juan Antonio Jiménez, alias Chato Doble, de veinticuatro años de edad, tratante, y residente últimamente en esta ciudad, que viste chaqueta de paño claro y pantalón de pana negra, con bigote negro, y de estatura regular, y a Valentín Castellón Hernández, conocido por Ramón, de veinte años de edad, estatura alta, color moreno, también tratante y domiciliado en esta capital, que viste blusa de tela azul, pantalón claro y boina también azul, para que en el término de diez días se presenten en la cárcel de este partido, por haberse dictado auto de prisión provisional contra los mismos en causa que se sigue sobre homicidio a Ángel Morán Valdivieso, guardia que fue de a caballo en esta ciudad; bajo apercibimiento que de no realizarlo serán declarados rebeldes y les parará el perjuicio que haya lugar.

Al propio tiempo ruego y encargo a todas las autoridades y agentes de policía judicial procedan a la busca y captura de los citados sujetos, y en el caso de ser habidos les pongan a disposición de este Juzgado.

Dada en Valladolid a 6 de Julio de 1898.=Eduardo González. =Por su mandado, Mariano de Castro.


Imagen borrosa de Luis Castellón "Chato Doble"

COMENTARIO:

A pesar de que a lo largo del siglo XIX, se produjo en la mayor parte de Europa un importante proceso de cambio social sobre la forma de solucionar conflictos de manera menos violenta. En España, en cambio, la criminalización de grupos marginales se mantuvo en base a los parámetros estigmatizadores ya establecidos durante el Antiguo Régimen.

Es el caso de los gitanos, sobre los cuales persistió una intención estatal de cara a lograr su absorción y su aculturación social. En este contexto se llegó a comienzos del siglo XX, con la primera condena a muerte de este siglo en territorio vasco, dictada por los magistrados de la Audiencia Provincial de Vitoria. El hecho de ser dos los gitanos condenados y haberse producido una importante polémica en cuanto a la falta de garantías procesales durante el juicio, provocó una gran expectación, que hizo ocupar un numeroso espacio en las páginas de la prensa de la época.
Los reos convictos, Luis Doroteo Castellón López, alias Chato Doble, y Ramón Rodríguez Fernández, lo fueron por haber dado muerte a sus carceleros en la cárcel de Laguardia el 5 de agosto de ese año, en el momento de hacer fuga de ella. Ambos poseían antecedentes penales por agresiones, disparos o falsificaciones. En el caso del Chato Doble, había sido condenado por la audiencia de Teruel por delito de hurto y nombre supuesto y otra por homicidio. Por la de Pamplona fue condenado por lesiones, y por la de Guadalajara por disparo y nombre supuesto.
Condenados a muerte, el 2 de noviembre de 1904, a las dos de la tarde, fueron puestos en capilla, en la cárcel de Vitoria. Sólo quedaba la esperanza del indulto. Ramón fue indultado, y el Chato Doble fue ejecutado  a la mañana siguiente por garrote vil a manos de Gabriel Mayoral Sendino, considerado el mejor verdugo de la época.


VER ARTÍCULO COMPLETO:

jueves, 27 de agosto de 2020

LOPE DE VEGA Y LOS GITANOS

Un día como hoy de 1635 falleció Félix Lope de Vega y Carpio, monstruo de la naturaleza y fénix de los ingenios como lo bautizó su emulador Miguel de Cervantes.


Si hubiera de elegir entre Cervantes y Lope. Me quedo con Lope. Frente al racismo cervantino, me emociona leer el Arenal de Sevilla, donde refleja la cruda realidad de las mujeres gitanas siguiendo a sus hombres condenados a galeras de puerto en puerto:
FAJARDO
En las galeras irá preso y jamás ofendido.
Estas son mujeres solas.
¡Con qué lealtad van al puerto,
en siendo que arriban cierto
las galeras españolas!
Allí les llevan dinero,
regalos, ropa, calzado...;
tanto, que fuera forzado
por ver amor verdadero.
CASTELLANOS
Haceos gitano.
FAJARDO
Sí haré.
CASTELLANOS
No hay camino de galeras
más seguro.
¡Qué ironía maneja Lope! Ser gitano de nacimiento predisponía a ser condenado a galeras.

jueves, 30 de julio de 2020

MICROHISTORIA GITANA. BRÍGIDA SALAZAR Y LA INTOLERANCIA DEL MARQUÉS DE LARA (agosto de 1749)

Sobre el memorial de José Páez en que solicita la libertad de Brígida Salazar, que de orden del rey me ha remitido vuestra excelencia en papel de 23 del corriente, debo decir que por informes que he pedido y me ha hecho el Gobernador de la Sala, resulta que a esta mujer por gitana la prendió el alcalde don Francisco de la Mata; y por conocerla de veinte años a esta parte, y haberla visto siempre con otras tales, estando atenta de alguna para solicitar licencia de que transitase a otras partes. Respecto de esto, sin embargo, de la regla de que estando casada con castellano español, debe seguir el fuero de su marido. Habiendo sido su continuo hábito el trato con gitanos y sus malas costumbres, por lo que no podrá dejar de ser perjudicial; lo que se va a ejecutar con la providencia tomada, tengo por conveniente vaya al destino que está mandado. Vuestra excelencia se servirá hacerlo presente a Su Majestad para que resuelva lo que sea de su real agrado.
Madrid, 28 de agosto de 1749
El marqués de Lara a Ensenada
 
Cárcel de la Santa Hermandad de Toledo. Foto M. Martínez
COMENTARIO:
Dentro de un gran acontecimiento histórico, hay pequeñas historias que nos permiten conocer las individualidades de protagonistas invisibles, que debido a un determinado hecho histórico logran salir de su cotidianidad y silencio, para enriquecer y aportar con sus vivencias, la comprensión de un suceso más general.
A veces su repercusión queda reducida a la crónica local, pero en el caso de la Gran Redada y posterior Proyecto de Exterminio, las vivencias personales de cada una de sus víctimas, resultan fundamentales para poder profundizar en la intrahistoria de la Historia del Pueblo Gitano en particular y de la Historia Social de España en general. La suma de cada una de ellas, nos permite, no sólo conocer uno de los episodios más significativos de la persecución y represión de minorías étnicas y culturales de Europa, también nos posibilita la posibilidad de poner, a falta de rostros, nombres reales a las víctimas, y poder reclamar para ellas una reparación histórica que aún hoy en día está por hacer.
En España, la Guerra Civil de 1936-1939 ha sido fuente de numerosas historias de vida a través de reconstrucciones de historias particulares, plasmadas en bastantes ocasiones en las páginas de guiones cinematográficos y libros de carácter histórico, narrativo o literario, basados en hechos reales. Una corriente editorial que no tiene en la Historia del Pueblo Gitano en general, y en la Gran Redada y posterior Proyecto de Exterminio, su particular paralelo.
Es un todo por hacer, y solo a través de la microhistoria, a través de hechos y personajes reales, se puede situar cada una de las vivencias personales en su contexto y lugar geográfico, ayudándonos a profundizar y a comprender los acontecimientos históricos que afectaron a dichas personas. Una de ellas, Brígida Salazar, nos permite comprobar la potencialidad que la microhistoria tiene en el caso del Pueblo Gitano.
Brígida María Salazar, nacida en Salamanca; en el momento de la redada efectuada la madrugada del 30 al 31 de julio de 1749, contaba con 40 años y estaba casada con el sastre José Carreño Páez desde el 25 de mayo de 1734, ceremonia que se realizó en la iglesia de San Sebastián de la villa de Madrid. Un matrimonio mixto que hasta ese momento habían obtenido el fruto de dos hijos: Bernardo y José, de 5 y 10 años respectivamente.
Aprehendida junto con sus hijos, fueron enviados a Toledo y recluidos en la cárcel de la Santa Hermandad de esa ciudad. José, su marido, reclamó la puesta en libertad de su familia, justificando su petición a una de las disposiciones  post-redada, por la que se determinaba que las mujeres debían seguir el fuero de su marido. Y él, por su condición de castellano viejo, su mujer debía quedar con él y ser liberada. Una regla que fue fruto del aluvión de quejas que llegaron al Consejo de Castilla, en las cuales se criticaba la desproporción y el desafuero cometido con la redada realizada.
En su petición, José aseguraba que su mujer había “vivido quieta y pacíficamente” en su compañía, “sin dar la menor nota ni escándalo”, no hallándose “comprendida en ninguna provisión del Consejo, ni tener trato alguno con gitanos (…) sin pedir ni estafar, sólo atendiendo a la buena educación de sus hijos, alimentándose con mi trabajo”. Sin embargo, lo más interesante en la argumentación de su exposición, consistió en la relación que estableció entre su mujer y el alcalde Francisco de la Mata, quien había conocido a Brígida cuando era concejal del ayuntamiento salmantino. Desconocemos las causas de la animadversión de dicho alcalde, sólo según José, “con su genio intrépido por sí solo, sin haberse informado, sigue la opinión de que es gitana”, habiéndose negando a admitir información alguna para justificar su libertad.
A pesar de los esfuerzos del sastre, el marqués de Lara, nuevo gobernador del Consejo de Castilla en sustitución de Gaspar Vázquez de Tablada, determinó mantener presos a Brígida y sus dos hijos. No sería hasta el invierno de ese mismo año, cuando quedaron en libertad gracias a la Real Orden de 28 de octubre de 1749, que permitió la liberación de algo más de la mitad de hombres, mujeres y niños aprehendidos desde aquel fatídico 30 de julio de ese año. Atrás quedaron las penalidades que hubieron de pasar en la cárcel hermandina junto a otras 44 gitanas presas “por vía de resguardo”, que a causa de su actitud rebelde y destructora acabaron siendo trasladas a la cárcel municipal, y tiempo más tarde a la casa de misericordia de Zaragoza, en un trágico periplo que en muchos casos se prolongó a lo largo de dieciséis años.

jueves, 2 de julio de 2020

LA VISIÓN DEL GITANO ESPAÑOL POR LA GUARDIA CIVIL EN 1920

Constantemente tienen que ejercer su acción nuestras parejas sobre los gitanos; esa raza repartida por el mundo, pues por haberlos los hay hasta en los Estados Unidos, y por cierto de raza pura, perfectamente civilizados, ganándose honradamente la vida. Estimamos, por consiguiente, curioso servirles algunos detalles sobre ellos.
La Guardia Civil en "servicios de los caminos". Ilustración Española y Americana. Colección M. Martínez
En el fondo de la Camargue, en Francia, se alza, con aspecto de imponente castillo feudal, la iglesia de las Santas, construida por los primeros cristianos de las Galias y famosa en la literatura contemporánea porque sirvió de sepultura idílica a la Mireia, de Mistral.
En aquella iglesia se reúnen desde tiempo inmemorial los gitanos de Francia, de Italia, de parte de España, de Brabante y de otras muchas regiones de Europa. La peregrinación es anual, y su razón es que en la iglesia se encuentra la tumba de la santa de los gitanos, la parda Sara, la sierva de las tres Marías. Allí también eligen los gitanos cada cinco años su terrible rey de Coesre y su reina del Arnac .
Cuando se acercan los días de la reunión, los caminos que afluyen a la iglesia se ven llenos de caravanas de gitanos de todas procedencias. Los campesinos cierran a piedra y lodo sus casas y establecen vigilante guardia en sus corrales y en sus cuadras. Únicamente, las iglesias de los pueblos por donde pasan, tienen abiertas sus puertas, y es de oír cómo los gitanillos se gritan unos a otros:
-        ¡Mira que cirio tan, hermoso llevo a las Santas; lo he robado en la iglesia de Barbentane!
-        Pues yo lo robaré en la misma iglesia de las Santas; así lo tendré ya encendido.
Cuando llegan al pueblo donde está la iglesia que les sirve de punto de reunión, encuentran también las puertas cerradas, incluso la de la iglesia. Pero como así viene sucediendo desde tiempo inmemorial, no se extrañan ni se ofenden, sino que con sus carros, sus esteras viejas y sus lonas, arman tiendas de campaña y tenderetes y forma una verdadera ciudad de nómadas, mucho más populosa e importante que aquella en que se alza la iglesia.
Se presentan al cura, y éste hace entrar a todos los gitanos en la iglesia por una puerta medio oculta en el ábside, y los gitanos se establecen como en casa propia en la cripta subterránea, donde realizan sus misterios sobre la tumba de su santa y en medio de un secreto que nadie, ni aun la misma Iglesia, trata de penetrar.
Durante dos días y una noche, los devotos gitanos veneran a su patrona, y cuando se apagan las últimas velas de la inmensa pirámide de ellas que arman en torno de la sepultura, los congregados llaman a la puerta de hierro, cuya llave conserva el cura.
Acto seguido, cada gitano se dirige a su carro o a su caballería, y por los mismos caminos que trajo se vuelve otra vez a las comarcas por donde acostumbraba hacer su vida vagabunda.
Pero no se van sin que antes el cura eche unas gotas de agua bendita sobre cada una de las caballerías que le presentan.
Santa Sara en su santuario. Wikipedia
¿Cuántos gitanos españoles concurren habitualmente a esta extraña reunión? Boyer d'Agen los cita entre los que acuden a las Santas; pero si el hecho es cierto, se tratará de gitanos españoles de los que viven en Francia o de los que merodean por la frontera catalana.
Porque lo cierto es que el gitano español, que nosotros tenemos por típico, se diferencia muchísimo de los demás individuos de su raza esparcidos por el resto del mundo.
El gitano extranjero suele superar al español en inteligencia, en ilustración, en manera de vivir y hasta en riqueza. Borrow, en su famosa obra acerca de los gitanos españoles, transcribe la conversación que tuvo con uno extremeño llamado Antonio, el cual le refirió que, sirviendo en el Ejército, cuando la guerra de la Independencia, luchó cuerpo a cuerpo en una batalla con un soldado francés que estaba ya a punto de matarle, cuando, mirándole el español a la cara vio que era gitano también, y le gritó: "¡Zíncalo, zíncalo", al oír lo cual el otro le soltó, y llorando se le abrazó; le ayudó a curarse, llamándole hermano, y separándose ambos del lugar de la batalla tuvieron una larga conversación, durante la cual el gitano extranjero le dijo a Antonio tales cosas, que éste refería así aquel suceso:
“Me reveló tantos secretos, que bien pronto comprendí que yo no había sabido nada hasta entonces, aunque siempre me había considerado como un zíncalo muy completo; pero aquel sabía toda la cuenta, y el Bengui Lango (en gitano "el diablo cojuelo) en persona no hubiera podido decirle nada que él no supiera”.
El gitano aquel era magiar o húngaro, a juzgar por las explicaciones que dio Antonio. Esto puede servir de ejemplo de la superioridad de los gitanos extranjeros sobre los españoles.
Mientras el gitano inglés, francés, belga, húngaro o italiano suele viajar bastante por países extraños, el español sale rara vez de su patria, y aun casi de su región. Si no es contratado en alguna compañía de cante y baile flamenco, como aquella que tan famoso hizo en París el rapto de la gitanilla Soledad. Por lo tanto, se quedaría mudo de asombro al saber cómo viven algunos gitanos extranjeros que viajan en carros por el estilo de los nuestros de mudanza, y de los que sirven a las compañías ambulantes de circo, que tienen buenos caballos, que duermen en camas cómodas, que acampan en tiendas de campaña verdaderamente lujosas, que guisan en hornillas de hierro al estilo de las económicas y que visten a la moderna y con bastante lujo, sobre todo las niñas y las mujeres.
Si se llega al campamento de una de esas tribus de gitanos extranjeros de condición acomodada se encontrará todo admirable mente limpio, y las gitanas viejas, las que se hallan al frente del hogar, invitarán al forastero a tomar una taza de té y unas pastas con la misma cordialidad, aunque con más limpieza, que las gitanas del Sacro Monte de Granada pueden invitar a un transeúnte de buen aspecto a echar un trago de vino (si lo tienen) en alguna taza de barro desportillada.
También en los Estados Unidos hay gitanos, y por cierto que de la raza más pura, pero perfectamente civilizados, y ¡oh, maravilla!, que no piden ni roban, sino que se contentan con ganarse la vida tratando en Caballerías, esquilándolas, diciendo la buenaventura y trabajando en las artes del hierro, del cobre y de cestería, como sus hermanos de Europa.

COMENTARIO:
Bajo el título “Curiosidades. Gitanos españoles y extranjeros”, la Revista Técnica de la Guardia Civil describió la tradicional peregrinación a Saintes Maries de la Mer [http://www.verpaises.com/blog/2010/07/08/saintes-maries-de-la-mer-y-la-peregrinacion-de-los-gitanos/], donde en la cripta de la iglesia, junto a los restos de las dos santas se guarda también la imagen negra de la esclava Sara, conocida como Santa Sara Kali, patrona de todos los gitanos. Todo el texto desprende una visión estereotipada del gitano delincuente, cuya única misión en esta vida se basaba en el robo y la holgazanería.
Hasta llegar a esta fecha -marzo de 1920-, la Benemérita fue el principal brazo ejecutor de la ley hacia los gitanos, respecto al último resquicio de la represión heredada del Antiguo Régimen: un artículo incluido en la Cartilla del guardia civil, que aprobada por Isabel II por Real Orden de 20 de diciembre de 1845, en su título primero, primera parte, capítulo II “Servicio de los caminos, se ordenaba vigilar sus desplazamientos, propiedad de sus bienes, e incluso, observar su traje. Unas medidas que sobrevivieron a la extinta Pragmática de 1783 tras perder su vigor con la aprobación del Código Penal de 1848. Prueba de lo difícil que resultaba renunciar a la vigilancia y control del Pueblo Gitano, es que este artículo, aunque con alguna variante en 1943, logró sobrevivir hasta su completa abolición en 1978.

Desde 1845, excepto en lo referente al mencionado artículo, tanto en las diferentes constituciones, como en los códigos penales que sucesivamente se aprobaron, no se mencionó específicamente al gitano. Así ocurrió con la Ley de Vagos de 9 de mayo de ese año, predecesora a la Ley de Vagos y Maleantes de la II República en 1933. Sin embargo, a pesar de que aparentemente habían de ser tratados como los demás ciudadanos españoles, sobre el gitano se mantuvo, no solo la tradicional prevención, sino también la ejecución rigurosa que la ley permitía, debido a que el imaginario colectivo construido a lo largo de varios siglos, siguió contaminado por la estigmatización y el prejuicio.
La Real Orden de 22 agosto de 1847 precisaría aún más este artículo, autorizando a los Comisarios de Vigilancia y a los alcaldes a controlar la venta y la compra de ganado mular y caballar, a la que se insertó una comunicación dirigida al Inspector de la Guardia Civil, para “que en lo sucesivo, se obligue a todos los gitanos a llevar unido a su pasaporte, un documento para la relación expresiva del número y señas de las caballerías de su tráfico; el cual debe estar autorizado por los comisarios de protección y seguridad pública, o en su defecto, por los celadores del mismo ramo, y a falta de éstos, por los alcaldes de los pueblos, debiendo anotarse en otro documento los cambios, compras y ventas que sucesivamente se verifiquen, en la inteligencia de que no los cumplan con estos requisitos, sufrirán el decomiso de las caballerías que se le encontrasen, las cuales quedarán a disposición de las autoridades a fin de averiguar su procedencia”.
Esta sería la última disposición real que citara de forma expresa al gitano, donde la presunción de culpabilidad se resistió a desaparecer, sin tener en cuenta que en su mayor parte, el gitano se hallaba asentado viviendo del fruto de su trabajo, se le seguía obstinadamente considerándole una comunidad “sin arraigo de ninguna especie ni amor al trabajo”. Una convicción que se estamparía en la circular del Ministerio de la Gobernación de 23 marzo de 1848; alguna de cuyas medidas se incluirían en el código penal de ese año, dentro del título VI dedicado expresamente a la represión de vagos y mendigos, y que se castigó con penas de “arresto mayor”, “prisión correccional” y “sujeción a la vigilancia de la Autoridad”. De esta forma, los gitanos quedaron equiparados a las figuras penales de ladrón y vago, sin que fuera preciso mencionar los en dicho Código, donde los vagos quedaron conceptuados a aquellos “que no poseen bienes o rentas, ni ejercen habitualmente profesión, arte u oficio, ni tienen empleo, destino, industria, ocupación lícita, o algún otro medio legítimo y conocido de subsistencia”. Unos presupuestos en los que fácilmente podían encajar los gitanos.
No es de extrañar pues, que en julio de 1849, Isabel II transigiera en la aprobación de las medidas “enérgicas y convenientes” propuestas por el Gobernador Civil de Jaén, destinadas a impedir “a todo trance”, los robos de caballerías que se efectuaban por entonces en aquella provincia. También, el gobernador murciano, no tuvo reparos en presuponer “que la mayor parte de estos robos se verifican por los denominados castellanos nuevos o gitanos”, para lo que dispuso varios puntos a cumplir, refiriéndose el octavo, a que:

“Todo gitano que se encuentre viajando sin pasaporte será arrestado y conducido a mi disposición por tránsitos de justicia. De la misma manera, será tratado al que se le encuentre con pasaporte que no esté expedido a su nombre, el cual será entregado además al tribunal competente. Otro tanto se hará con los individuos que sin ser gitano» los acompañen. Y a fin de que llegue a conocimiento de todos he dispuesto se inserten en el Boletín oficial, estas disposiciones, fijándose además copias de esta circular en los parajes acostumbrados, encargando la ejecución de ella a los Alcaldes de los pueblos de esta provincia, destacamentos de la Guardia civil y al Comisario, Celadores y Salvaguardias del cuerpo de protección y seguridad pública”.

En cuanto al Gobernador Civil de Talavera de la Reina, en agosto de 1849, so pretexto de estar “resuelto a limpiar su distrito de ladrones y gente sospechosa”, comenzó como ya hiciera la Santa Hermandad de dicha ciudad, a realizar salidas junto con su sucesora: la Guardia Civil, a fin de “expulsar a los gitanos, buhoneros, quinquilleros y otras personas de mal vivir”, tuvieran o no “residencia en algún pueblo, o ya se presenten en ambulancia”. Una medida que fue aplaudida desde el diario La Esperanza, desde cuyas páginas se animó a “los demás jefes civiles del reino” a ejecutar la misma medida con idéntica “actividad, celo y perseverancia”, por considerar “que de otro modo no es fácil acabar con esa canalla, la cual continuará su vida vagabunda en otros distritos en donde halla todavía tolerancia, y volverá al de Talavera en cuanto cese el rigor con que justamente se la persigue”.
Diego de Gracia ilustró de forma estereotipada al gitano en la Revista Técnica de la Guardia Civil. Colección M. Martínez
En unas “Crónicas ilustradas de la Guardia Civil”, cuya segunda edición apareció en 1865, se volvió a relacionar al gitano con la delincuencia, asegurando que “un pilluelo no se convierte en un ser maligno y terrible hasta que aprende el caló, lenguaje que lleva a su infame inteligencia el conocimiento de todo un arte de guerra social”. Precisa el libro que las principales palabras del caló significan “justicia, morir, hambre, espera, sangre, matar, huir, cárcel, juez, verdugo, borracho, engañar, mala mujer, degollar, causa, necedad, noche, robar, palanqueta, ganzúa, dineros, horca”.
El 8 de septiembre de 1878, el ministerio de la Gobernación volvió a incidir en el asunto de las guías de caballerías, disponiendo la obligación de que los gitanos poseyeran dos documentos por cada animal que tuvieran para poder justificar su propiedad. En uno, la cantidad y las características de cada uno de estos animales; en el otro, la venta, compra o intercambio que se hubiera producido con ellos. En caso de carecer de ellos, los animales eran requisados y los gitanos detenidos.
El trámite que a continuación se debía seguir para poder recuperar las caballerías se abría con la publicación de las señas generales y particulares de las caballerías depositadas en el Boletín Oficial de la provincia, requiriendo a los que se consideran sus dueños, las reclamaran en el término de treinta días. En caso de no hacerlo se procedería a su tasación y posterior la venta en subasta pública. Y, aunque durante los seis meses siguientes al día de la subasta todavía se podría alegar y justificar su derecho como dueños de las caballerías vendidas, los gitanos difícilmente podían ejercerlo por su indefensión respecto a la carencia de habilidades sociales propias de la sociedad no gitana.
Son estos años en los que la presunción de culpabilidad se vio reforzada por la corriente criminalista que desde finales del siglo XIX, que relacionaba la ociosidad y la vagancia con el crimen, que confería al gitano una presunción de culpabilidad, y en el caso español de un déficit de inteligencia respecto al resto de gitanos del mundo; muchos de los cuales se mantenían en un nomadismo que se acrecentó en vísperas de la Primera Guerra Mundial y que produjo una fuerte inmigración en nuestro país. Este incremento fue bien constatable desde comienzos del siglo XIX, lo que motivó  un mayor control por parte de la Guardia Civil y guardas municipales, expulsar a todas las familias de gitanos que acampaban periódicamente en barrios como el de las Peñuelas en Madrid, donde en el verano de 1909, la Benemérita desarrolló su habitual estrategia para deshacerse de ellos por medio de una actuación combinada de las demarcaciones más próximas. Todo empezaba cuando la de Las Peñuelas, sobre las dos de la madrugada, recorría el lugar y obligaba “a todos los cañís a levantar sus petates, haciéndoles marchar hacia la otra ribera del Manzanares”. Una hora más tarde, los guardias pertenecientes al puesto de Carabanchel, aparecían casi dar tiempo a que hubieran acampado, y “sin contemplaciones de ningún género, los obligan a marchar de allí en dirección al sitio en que fueron sorprendidos por las fuerzas de las Peñuelas. De esta forma, los gitanos se pasan toda la noche caminando” desistiendo a volver al día siguiente, “yéndose a otro sitio más seguro donde sentar sus reales”.
A lo largo del siglo XX, los gitanos no fueron objeto de ninguna legislación particular; en teoría, debieron cumplir las mismas obligaciones de los demás españoles, como la de avecindarse y subvenir a las cargas públicas, sin que se les impidiera sobre el papel, gozar sin restricción alguna, de todos los derechos derivados de la ciudadanía. Sin embargo, en la práctica, estos derechos no se les respetaron, según Pabano, por la “malquerencia” que aún persistía hacia ellos. La presunción de culpabilidad se mantuvo por seguir considerándolo un delincuente potencial, y como tal lo contempló la Guardia Civil, un cuerpo de seguridad que heredó de la Santa Hermandad, la protección de una parte de la sociedad frente a otra catalogada como un peligro social, y sobre la que ejerció un represión fundamentada en la defensa de los derechos y las obligaciones de los españoles.

viernes, 26 de junio de 2020

NEGREROS, GENOCIDAS Y PERSONAJES HISTÓRICOS ENCUMBRADOS. La polémica de su reconocimiento en monumentos y nombres de calles


Recientemente se ha avivado la polémica en torno a la existencia de reconocimientos públicos a través de estatuas o nombres de calles, en honor de personajes con un pasado nada acorde con lo que hoy día conocemos como Derechos Humanos.
En España contamos con numerosos personajes que han sido determinantes en la Historia de nuestro país, pero que al mismo tiempo se implicaron en hechos que ahora, muchos años más tarde son objeto de debate, sujetos a un juicio histórico en el que se pide su condena por sus actitudes racistas, genocidas, homófobas, etc. Se pide no sólo una reparación histórica de sus víctimas y el conocimiento descarnado de la verdad; también se exige la retirada de los honores reconocidos tanto en vida como después de su muerte.
La lista de imputados es larga. En ella aparecen reyes como los intransigentes católicos Isabel y Fernando; descubridores como Cristóbal Colón; ministros como el marqués de la Ensenada, reinas regentes como María Cristina de Borbón y presidentes de gobierno como Prim, O’Donnell, Serrano y Cánovas del Castillo.

 
Monumento a Colón y a Isabel la Católica en Granada. Wikipedia

A los Reyes Católicos se les acusa de haber practicado una limpieza étnica expulsando a los judíos, de intolerancia religiosa por obligar a los moriscos a convertirse forzosamente al cristianismo, y de iniciar la persecución de los gitanos.
Cristóbal Colón lo es por esclavizar a los indios e iniciar el genocidio en América, a los que ya en su primer viaje vio la posibilidad de esclavizarlos, apuntando en su cuaderno de bitácora, que podrían “ser buenos sirvientes”, siendo suficiente cincuenta hombres para “someter a todos ellos y obligarles a hacer todo lo que deseara”.
En cuanto al marqués de la Ensenada, considerado un superministro, no tuvo reparos en idear, organizar y ejecutar una gran redada para capturar a todos los gitanos de España para expulsarlos de ella. Sin embargo, enfrascado en su programa de reconstrucción naval, consideró más conveniente, aprovechar tanta mano de obra para construir arsenales y barcos, con los que recuperar para España su papel de potencia mundial. Para ello, la deportación se convirtió en esclavitud, ya que sin juicio alguno, los gitanos fueron obligados por vida y por la fuerza a “servir” al rey. El plan de Ensenada se completaba con un proyecto de exterminio implícito, pues esperaba que con separación de ambos sexos, se evitaría la reproducción, y por tanto, con el tiempo, eliminar al Pueblo Gitano como etnia y cultura en España.
Carlos III liberalizó la trata de esclavos, a partir de cuyo momento, los particulares catalanes comenzaron a tomar parte activa en el “negocio”, fletando barcos con los que participaron en el comercio negrero existente entre los puertos de Europa, África y América.
El general Prim fue partidario del esclavismo durante su etapa como gobernador de Puerto Rico entre 1847 y 1848, castigando severamente a los que se rebelaban, incluso ayudó a los daneses de las Islas Vírgenes para reprimir una sublevación de esclavos. Además, como capitán general de Puerto Rico aprobó el Código Negro, por el que restringió los derechos de los negros. Si bien, en sus últimos años acabó promoviendo la emancipación de los esclavos en las Antillas españolas.
María Cristina de Borbón, reina regente (1806-1878), con un monumento junto el Casón del Buen Retiro de Madrid, estuvo muy implicada en el tráfico esclavista junto a su segundo marido. A ella rendía cuentas el gaditano Manuel Pastor Fuentes, un coronel retirado en el negocio de la trata de esclavos, y quien implantó la cuota por cada negro introducido en Cuba. 
Leopoldo O’Donnell también apoyó el tráfico de esclavos en su etapa de capitán general de Cuba; durante la cual ordenó una cruel represión para acabar con la revuelta conocida como Conspiración de la escalera. Un negocio del que recibía de los negreros una comisión de 51 pesos por esclavo.
Parecida trayectoria negrera realizó Francisco Serrano durante su etapa de capitán general de Cuba, durante la cual se enriqueció merced a su colaboración con los traficantes.
Cánovas del Castillo por su parte, defendió la esclavitud en Cuba y se opuso a su abolición durante los debates acaecidos en las Cortes entre 1869 y 1870.
Así continúa una extensa relación de dignidades regias, eclesiásticas, civiles y militares, que muestran la cara oculta que la Historia oficial se ha encargado de encubrir, pero sin conseguir borrar el nefasto reverso de estos personajes, a los que de forma intermitentemente desde muy diferentes sectores, algunos movimientos reivindicativos y de denuncia emprenden las conocidas Guerras de las Estatuas.

lunes, 1 de junio de 2020

EN HOMENAJE A ANTONIO GÓMEZ ALFARO. LOS GITANOS DE MONTILLA PIDEN JUSTICIA AL REY Y MEJORE SU PRECARIA SITUACIÓN SOCIAL (1930)


“Nosotros, gitanos españoles, fieles servidores de la monarquía sin que jamás hayamos vacilado en nuestros ideales de adhesión a ella, después de muchos años de sufrimiento nos decidimos implorar justicia a Vuestra Majestad porque la vida se nos hace ya imposible, debido a las malos tratos y pocas consideraciones que se nos guarda dentro del reino. Somos atropellados constantemente; no nos dejan un momento tranquilos ni en las poblaciones ni en el campo; nuestros hijos no reciben la debida educación, porque no son admitidos en ninguna parte sólo por el hecho de ser gitanos, y por el motivo más insignificante y que muchas veces desconocemos somos tratados inhumanamente, no teniendo quien nos proteja ni nos defienda. Nuestra forma de vivir es el trato y después de muchas vicisitudes llegamos a una feria y por el mero capricho de las autoridades somos arrojados de la forma más violenta, sin considerar que somos españoles y que tan solo buscamos honradamente nuestra vida. Señor: en nombre de todos pedimos justicia, esperando que el modelo de los reyes, que es el de España, atenderá la súplica de sus humildes súbditos”[1].

Campamento gitano en la proximidades de una feria de ganado


Como podemos constatar, la situación de los gitanos dentro de la sociedad española de las tres primeras décadas era bien precaria; y ello, a pesar de ser unos ciudadanos de pleno derecho, que como los demás españoles, vertían su sangre en la guerra contra Marruecos. La sociedad española, a pesar de la desaparición de la legislación antigitana acaecida durante el siglo XIX, seguía criminalizando a los gitanos, a lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX. Una realidad que lejos de ser coyuntural se había consolidado de forma estructural, sin una intención clara por parte de la cúpula del poder, para mejorar la situación del Pueblo Gitano.
Sin apenas valedores, los gitanos apenas tenían recursos para hacer frente a esta situación. Uno de estos intentos fue la carta dirigida al rey Alfonso XIII, el 16 de mayo de 1930, a instancia de todos los gitanos padres de familia que se hallaban avecindados en Montilla -Córdoba-
La carta se halla mecanografiada, y parece que fue circulada entre los gitanos de aquella población para ser avalada por la mayor cantidad de individuos posible. En total figuran medido centenar de peticionarios: “Todos padres de familia”. La Casa Real hizo llegar la carta a manos de la subsecretaría de la Presidencia del Consejo de Ministros, la que a su vez, la remitió al Ministro de la Gobernación indicando que los gitanos firmantes imploraban “justicia por la vida imposible que llevan, debido a los malos tratos y pocas consideraciones que se les guardan dentro del Reino, especialmente en las ferias, de las que por el mero capricho de las autoridades son arrojadas de la forma más violenta”. Nada se hizo y la carta quedó olvidada en el Archivo de la Administración.
No hubo intento alguno de mejorar las condiciones de vida del Pueblo Gitano. En cambio, la situación se agravó cuando se conectó al gitano con el debate sobre la peligrosidad social. Una polémica que a lo largo de la década de los años veinte, había centrado la atención de la criminología y de la psiquiatría, y que terminó Como principal consecuencia de esta polémica, se creándose la necesidad de promulgar un Código Penal que estuviera en consonancia con las nuevas corrientes científicas. De esta forma, en 1928 se plasmó en un nuevo Código Penal, que sin embargo, acabó siendo muy criticado, por no incluir medidas para la prevención del delito ni de seguridad a aplicar a los individuos potencialmente peligrosos.
Ya durante la II República, la nueva conceptualización jurídica y penitenciaria, junto a la fuerte preocupación de los gobiernos republicanos por mantener el orden público, confluyeron en la promulgación de leyes represivas, tales como las de Defensa de la República, la de Orden Público y la de Vagos y Maleantes, todos ellas con el claro objetivo de prevenir la delincuencia que emanaba de la peligrosidad potencial que residía en individuos considerados asociales, tal era el caso de los gitanos. Una discriminación que no obstante, atentaba contra la misma Constitución republicana de 1931, pues en ella se declaraba en su segundo artículo, que todos los españoles eran “iguales ante la ley”. Un precepto que igualaba sobre el papel, pero no en la práctica, dado que  la sociedad mayoritaria mantenía el tinte excluyente de siglos anteriores, por el que el gitano siguió considerándose un ciudadano de segunda fila.
La dignidad por los suelos.
El antigitanismo era y sigue siendo estructural
Este sentimiento de indefensión quedó bien patente en la exposición de Montilla, pero también, junto al desánimo, se expone el deseo por salir de esta situación a través de la educación, considerada como el mejor medio para salir de la postración en que se hallaba la comunidad gitana, de cuyo beneficio, era excluida en base de unos prejuicios y estereotipos acuñados siglos atrás.
            Este texto pertenece a Escritos sobre gitanos de Antonio Gómez Alfaro, de cuyo fallecimiento, el 22 de junio se cumplen cuatro años. Hacía apenas un mes lo había visitado en la residencia de tercera edad de Arroyo de la Miel, donde se hallaba desde hacía unos años. Lo encontré en el comedor, sentado leyendo un periódico. Sobre la mesa, aún se hallaba la taza y el plato de su desayuno. Al principio no me reconoció, pues hacía tiempo que nuestra relación se reducía a esporádicas llamadas de teléfono y felicitaciones de Navidad.
Lejos había quedado nuestro primer contacto personal, allá en Granada durante el I Congreso de Los Gitanos en la Historia y Cultura, celebrado en 1993. Casi tres décadas después, Antonio, se fue de este mundo en silencio, pero con un legado inmenso. Aún quedan trabajos inéditos y un fondo documental y material acumulado durante tantos años. Hoy no puedo ofrecerle un nuevo libro, pero sí mi reconocimiento. Sirvan estas líneas y una pequeña muestra de su trabajo para darle un justo homenaje. Descansa en paz, maestro. Aún son muchos los que te mantienen vivo en el recuerdo.


[1] GÓMEZ ALFARO, Antonio. Escritos sobre gitanos, Barcelona, Asociación de Enseñantes con gitanos, 2010, pp. 35-36. Dirección web https://www.educacion.navarra.es/documents/57308/57727/Escritos_sobre_gitanos.pdf/01d0a5ce-fb0c-41cf-a0a1-d383de423bef

domingo, 17 de mayo de 2020

APORTACIONES PARA UNA HISTORIA DEL PUEBLO GITANO EN LA RIOJA


APORTACIONES PARA UNA HISTORIA DEL PUEBLO GITANO EN LA RIOJA

Manuel Martínez Martínez[1]



La Rioja, intersección de reinos y culturas

La Rioja, como cruce de caminos entre Aragón, Navarra, País Vasco y Castilla, constituyó un territorio principalmente de paso para los grupos pioneros de egipcianos. Hasta el momento, la referencia más antigua del paso de compañías capitaneadas por un conde o duque en dirección a Santiago de Compostela, la hallamos en la carta de seguro otorgada en Logroño el 16 de septiembre de 1746 por el rey de Aragón Juan II, a don Juan, conde de Egipto menor. Se trata de un pasaporte escrito en latín que autorizaba al conde y su comitiva, el peregrinaje a Compostela, Roma y otros lugares santos. Lo más interesante respecto a otros documentos similares, se refiere al dato que revela una conflictividad interna en el seno de los diferentes grupos que deambulaban por territorio peninsular, por cuanto dicho conde Juan aseguraba que los condes gitanos Martín, Miguel y Jacobo de Egipto Menor, le perseguían para matarlo, motivo por el que don Juan solicitaba al rey su protección.
Desde esta fecha, transcurre un siglo de casi completo silencio; y, cuando volvemos a tener noticias de gitanos riojanos, será para comprobar los efectos de la represión desatada por la Corona y la Inquisición.
Las Cartas de Seguro que fueron otorgadas por los Reyes Católicos a los duques y condes egipcianos, están respaldadas por cierta afinidad derivada por la coincidencia de un enemigo común: los musulmanes, que capitaneados por el imperio turco comenzaban a extenderse por Europa Oriental y por el Mediterráneo. A nivel popular, su presencia fue en principio bien acogida debido a su condición de penitentes y a su aureola exótica, por lo que su presencia se convertía en un auténtico espectáculo al aire libre, que alteraba la rutina cotidiana. Así lo atestiguan los primeros documentos que detallaban la llegada de los gitanos a Europa, describiéndolos como una tropa de saltimbanquis, músicos, adivinadoras, domadores y todo tipo de personas con diferentes habilidades. Un auténtico elenco circense que despertaba la curiosidad de los aldeanos y de los burgueses.
Cuando los reinos castellano –donde se hallaba La Rioja- y aragonés se unieron bajo una misma corona, ésta emprendió la unificación cultural y religiosa, enfrentándose con la nobleza para conseguir el control de todos los poderes del nuevo Estado, y asumir entre otras potestades, la de impartir justicia y proteger a todos sus súbditos de cualquier abuso. Los peregrinos egipcianos quedaron amparados en principio por las prerrogativas reales hasta 1499, año en el que los Reyes Católicos decretaron la pérdida del status privilegiado que habían gozado hasta entonces.
Las razones de este cambio de actitud hacia los diferentes grupos gitanos -egipcianos y grecianos- son diversas. Una de ellas, se halló en la exteriorización de la conflictividad interna de estos grupos, a  lo que se sumaba la pequeña delincuencia que solía acompañar sus estancias en los lugares donde hacían acto de presencia, y que desencadenaron las quejas de sus vecinos y autoridades municipales, esgrimiendo como principal justificación, el mal ejemplo que decían, ejercían sobre los elementos más marginales de la población, así como lo injusto que resultaba el hecho de que estuvieran exentos del pago de impuestos y demás obligaciones concejiles. Un rechazo que se mostraba con una mayor indiferencia y recelo cada vez que llegaba una compañía de egipcianos.
Cuando los Reyes Católicos tomaron conciencia de que el número de gitanos crecía año a año, y de que su estancia se había convertido en permanente, terminaron atendiendo a todas las quejas de sus vasallos pecheros, quejosos de la ociosidad que mostraban, sin ganar como ellos, su sustento con el sudor de su frente [2].


La Inquisición de Logroño

La mujer gitana, eje vertebrador del Pueblo Gitano
En 1573 tenemos ya constancia de un asentamiento estable en territorio riojano. En este año, dos gitanas, Teresa y Mencía, fueron procesadas por la Inquisición “por incitación carnal” [3]. No pasaría mucho tiempo sin que otras mujeres sufrieran el celo inquisitorial, recayendo en esta ocasión la acusación de blasfemia a una gitana llamada María en 1577 [4]. A partir de estos años, la rigurosidad inquisitorial se relajó, pues no sería hasta el siglo XVIII cuando tengamos nuevas noticias de procesos seguidos contra mujeres gitanas. María de Artimizberes fue procesada por superstición en 1778, a causa del empleo de ungüentos y diversas hierbas para hacer una cura [5]. Poco más tarde, en 1785, lo fue por la misma causa, María Estefanía de Aranar “la Gitana”, vecina de Tolosa, procesada por la Inquisición de Logroño por el empleo de la hechicería, cuando en realidad todo se reducía a su intento de embaucar a una muchacha soltera que deseaba casarse con un mozo, mediante el empleo de un ungüento empapado en agua bendita y unas hierbas arrancadas la misma noche de San Juan, las que debía tener escondidas por tiempo de dos años [6].
Como podemos constatar, los procesos inquisitoriales fueron pocos y afectaron exclusivamente a mujeres gitanas, acusadas principalmente de hechicería a causa del empleo de hierbas y ungüentos, pero que en realidad, su actividad respondía a una especie de estafa por la que obtenían algún tipo de ganancia en dinero o en especie. Los hombres, parece ser, están ausentes ante el Santo Oficio, no en cambio en los bancos de las galeras reales, donde recalaban por la comisión de diferentes delitos o por contravenir las leyes que se promulgaban para forzarles a renunciar a su forma de vida gitana y asimilarlos a la mayoritaria.


La pena de galeras[7]

Batalla de Lepanto
La Pragmática de 1499 dispuso una serie de castigos para aquellos que la contravinieran, si bien pronto se demostró su ineficacia, obligando a la Corona a endurecer los correctivos, sin necesidad, en principio, de reformar la penalidad que había sido impuesta por los Reyes Católicos. Así, en 1509, Juana I ordenó enviar a galeras durante dos años a todos los egipcianos vagantes “que fueren tomados en el reino, de dieciocho años arriba y de 60 abajo” [8]. Un tiempo y un intervalo de edad que fue modificado y normalizado por Carlos I en 1539, al establecer seis años de “servicio al remo y sin sueldo” para los hombres que se consideraran útiles con edades comprendidas entre los 20 y los 50 años [9].
Entre los forzados gitanos de galeras relacionados con La Rioja podemos citar a Marcos de Malla, natural de Resilla del Campo, descrito en su asiento como un hombre alto de 38 años y moreno de piel con tres señales de herida en la cabeza, que había sido condenado en diez años de galeras por ladrón. Una condena que comenzó a extinguir el 19 de agosto de 1695 [10].
Un caso muy significativo de galeote gitano lo hallamos en Roque de Heredia, condenado según su asiento de forzado, en ocho años de galeras por haber contravenido a las Reales Pragmáticas “y otras cosas”. Su historial penal se remonta a mayo de 1720, cuando junto con su hermano Francisco de Heredia y su tío Francisco Fajardo, este vecino de Logroño, fueron detenidos por la Santa Hermandad de Ciudad Real en el término de Medinaceli, bajo la acusación de ser autores de varios robos. La trama comenzó cuando el alcalde de la villa de Baraona comunicó a la Hermandad, que por aquellos parajes andaban cuadrillas de gitanos y gitanas, sin poder los vecinos “salir de sus casas ni a cuidar de sus haciendas”. Comisionado Francisco Fernández Gasco como juez, inició las pesquisas, de las que resultó haber muchos robos por aquellas tierras, así como “muchos gitanos que andaban con gran libertad (…) que andaban cargados de armas”; y siendo estos pueblos tan pequeños, “no había fuerzas para resistirlos” [11].
Como consecuencia de tales noticias y establecida la relación robos-presencia de gitanos, Gasco salió en persecución de cuantos hallara en su camino. Los primeros que encontró fueron los de la cuadrilla de Roque, compuesta por sus hermanos Francisco y Josefa, además de su tío Francisco Fajardo, que iba acompañado de su mujer y dos hijas.
La aprehensión se produjo a manos de Diego Julián López de Haro, alcalde de la Santa Hermandad, quien justificó su actuación por tener atribuciones para ello, a fin de:

“proceder contra todos y cualesquier gitanos que andan vagando de unos lugares en otros, sin observar ni guardar sus vecindades prevenidas a este fin por la Real Pragmática de su majestad del año pasado de 1717, en contravención de las leyes de estos reinos, que éstos juntos en cuadrillas se apoderan de los lugares de esta vecindad, donde con la lengua jeringonza y sus falacias, ejecutan diferentes excesos, hurtos y robos, como así mismo trueques y cambios cuyo castigo, de lo uno y otro toca y pertenece a este Santo Tribunal en virtud de Reales Privilegios y confirmaciones que los señores reyes Católicos de gloriosa memoria” [12].

La captura se produjo cuando todos se hallaban en el lugar de Vertegal, camino a la villa de Medinaceli para “cobrar unos dineros que les estaban debiendo, y al mismo tiempo, a vender las cabalgaduras que les fueron aprehendidas”, según manifestaron, procedían en su mayor parte de herencia de sus padres. No fueron éstas las únicas propiedades embargadas, pues se habla de cierta proporción de ropa y alhajas, que los gitanos dijeron se las había apropiado López de Haro para sí. Sin embargo, la denuncia no prosperó al considerarse “probado y justificado por el oficio de justicia y el fiscal de ella, el justo motivo de la prisión y procedimientos contra dichos reos”, por lo que fueron condenados en primera instancia “en perdimiento de la yegua y caballo que les fueron embargados, aplicado su importe para gastos de justicia de este Santo Tribunal, y en dos meses de cárcel que declaramos haber cumplido en la larga prisión que han tenido”.
Hasta aquí lo que sabemos del pleito, si bien debió producirse un segundo acto, ya que hay constancia de otra condena, esta vez de ocho años de galeras “por haber contravenido a las Reales Pragmáticas y otras cosas” [13]. También hallamos a un tal Santiago Heredia, posiblemente hermano de Roque, por cuanto se dice era hijo también de Pedro de Heredia, natural de La Rioja, de 26 años, que fue condenado a seis años de galeras por la justicia ordinaria de la villa de Ygea; el mismo tribunal que sentenció a Francisco Fajardo en los mismos seis años de galeras por igual causa. Ambos entraron a servir el mismo día sobre la galera Patrona, y puestos también en libertad en tierras italianas, aunque con un intervalo de dos años, debido posiblemente a que Santiago, treinta años más joven que Francisco, fue retenido por la necesidad de remeros, ya que las galeras se hallaban inmersas en una campaña y alejadas de su apostadero de Cartagena. Francisco, inútil para el remo por sus 62 años, quedó libre en el muelle de Palermo en 1734, en tanto Roque de Heredia, debió continuar hasta el el 23 de marzo de 1732, fecha en que falleció en Génova sobre la misma galera, en la que Roque y Francisco coincidieron entre 1728 y 1734.
Consultados los libros de forzados del periodo comprendido entre 1700 y 1748, la representación de gitanos logroñeses quedó completada con Jerónimo Escudero y Pedro Bustamante [14]. El primero, de 30 años, empezó a servir los seis años de galeras impuestos por la Chancillería de Valladolid, en abril de 1721, por la acusación de haber cometido “diferentes hurtos y otros delitos” [15]. Pedro Bustamante, de 21 años, lo había sido en 1723 por ocho años, a causa de “haber contravenido a las Reales Pragmáticas y otras cosas” [16]. La suerte de uno y otro fue dispar. Pedro, a pesar de sufrir dos años más de condena quedó libre en la Bahía de Málaga en julio de 1731; Jerónimo en cambio, falleció sobre la galera Patrona ancorada en el puerto de Cartagena el 31 de agosto de 1721, sólo cuatro meses después de haber empezado a penar.
La libertad, no obstante, una vez cumplida la condena, no garantizaba una completa seguridad. Todo dependía del celo de unas autoridades, algunas de las cuales veían un pecado en la mera presencia de hombres y mujeres juntos, cuando no, una buena oportunidad de negocio para sacar beneficios a través del embargo de caballerías, joyas; o simplemente, el pago de unas costas procesales que se disparaban en función de los folios empleados en la sumaria. En noviembre de 1731, por ejemplo, aconteció uno de esos casos en que el amancebamiento, un delito-pecado que implicaba el no reconocimiento de los matrimonios efectuados por el rito gitano, recayó sobre el grupo compuesto por José y Luis Bustamante, antiguos forzados de galeras que regresaban desde Cartagena a sus domicilios en Santo Domingo de la Calzada tras haber sido indultados de la condena que les había impuesto el alcalde de Daroca. Todos fueron interceptados en las cercanías de Calahorra, por los guardas de tabaco de la Ronda de Logroño, quienes al observar cómo entre los integrantes del grupo venían varias mujeres, rápidamente mostraron su sospecha de venir amancebadas. Puestos a disposición de la justicia ordinaria de dicha ciudad, ésta empezó a practicar “autos sobre si eran ciertos los matrimonios y parentescos que decían”. Reclamadas las partidas de bautismo y matrimonio, resultó “que dichos Juan de Bustamante y Rosa Salazar de Heredia venían amancebados suponiendo el matrimonio”. También les faltaron la fe de bautismo y matrimonio a los demás, quienes alegaron haberlas perdido. Como complemento a esta acusación, se procedió igualmente contra Rosa de Heredia, Josefa de Salazar, así como la madre y hermana de ésta, por ir “vagabundas y sin destino” [17].
Muchos gitanos, para evitar ser víctimas de redadas y aprehensiones por parte de justicias locales, decidieron alistarse en los Tercios de Flandes. Frente a los riesgos propios de una guerra, su participación en los Tercios les reportaba varios beneficios, pues además de su paga como soldados, evitaban el riesgo de acabar como forzados en galeras, y podían a su regreso, asentarse en el lugar que eligiesen sin ser molestados; ya que, a pesar de estar ordenado su avecindamiento en residencias estables, los municipios se mostraban reacios a recibirlos como vecinos [18]. Muestra de ello es que en Logroño, en el año 1577, se pregonó la prohibición de permitir la entrada a los gitanos bajo las penas establecidas en la última Pragmática, el mismo castigo que les impondría a los que los acogieran [19].
A uno de estos soldados de fortuna, Rodrigo de Malla, Felipe II le concedió una provisión para no ser molestado. En su búsqueda por hallar un lugar donde asentarse, pasó por varias localidades, entre ellas Calahorra, para recalar finalmente en Alcalá la Real, donde pidieron y recibieron vecindad [20].


Historias riojanas

En 1621, el alcalde de Casa y Corte, Juan de Quiñones, publicó un discurso proponiendo la expulsión de los gitanos. Como apoyo a su acusación citó uno de sus casos, según el cual, dice que capturó a varios gitanos que habían sido acusados de asaltar un correo. Su sentencia fue extremadamente dura, pues a cinco de ellos los hizo ahorcar, para una vez descolgados, descuartizarlos y exponer sus restos a lo largo el camino Real. En cuanto a los demás gitanos y gitanas, los hombres fueron condenados a azotes y galeras perpetuas, en tanto las mujeres, también lo fueron a azotes y destierro fuera de Castilla. También lanzó diversas acusaciones contra los gitanos, como la de canibalismo o la de robar niños para venderlos en Berbería. Igualmente, reprodujo el saqueo de Logroño, una narración que George Borrow retomaría siglos después para contarla añadiéndole múltiples aspectos ficticios [21].
En resumen, esta historia cuenta cómo durante una epidemia de peste, los gitanos idearon envenenar una noche todas las fuentes de Logroño, para saquear sus casas sin aguardar a que hubiesen muerto los dueños. El plan fracasó cuando éstos fueron alertados por un librero que tiempo atrás había vivido entre ellos. De esta forma, aunque enfermos y débiles, tuvieron la fuerza suficiente para desbaratar sus intenciones y diezmar a los gitanos.
Estos supuestos hechos ocurridos durante una epidemia de peste, nos han llegado hoy de una forma indirecta a través de una tradición, primeramente oral y después escrita. Como toda leyenda, es posible que encierre algo de verdad, aunque lo más probable es que se trate de una ficción basada en la ruptura de la cuarentena por parte de un grupo de gitanos, que bien forzaran su entrada en la ciudad, o bien, emprendieran el saqueo de las casas donde hubieran muerto todos sus ocupantes. El caso es que el gitano quedó demonizado, pasando esta narración a formar parte de la retahíla de historias truculentas que le acusaban de crímenes tan increíbles como los de ser caníbales o ser ladrones de niños.
Esta estigmatización no hizo más que generar todo tipo de prevenciones hacia la presencia gitana. Allí donde se veían una cuadrilla compuesta por varios de ellos, levantaba rápidamente las sospechas y rápidamente eran interceptados por las justicias del lugar. Luego ocurría lo de siempre, sus pertenencias eran embargadas y los hombres quedaban recluidos en las cárceles a la espera de la finalización de una sumaria, que en el mejor de los casos acababa en su puesta en libertad, pero no sin antes abonar los gastos causados por el pleito.
La figura del comisionado de gitanos apareció como una forma de represión en territorios de pequeña población, sobre los que se decía, las justicias no se atrevían a enfrentarse a grupos gitanos armados. Uno de estos implacables comisionados fue el licenciado Celada, quien en 1590 recorrió entre otros lugares: Villoria, Leiva, Haro, Canillas y Baños de Rioja, en calidad de juez de comisión para pesquisa e información sobre la inacción de las autoridades de dichas poblaciones ante la presencia de diferentes cuadrillas de gitanos [22].


Familia gitana acampada junto al rio Ebro



Los gitanos, una doble sombra, una misma etiqueta

Lejos habían quedado aquellos tiempos en que los vecinos de un lugar se arremolinaban curiosos para contemplar el exotismo y habilidades circenses o quirománticas de los primeros egipcianos. Un siglo más tarde todo era recelo, sólo deseo de sacudirse de una presencia, no sólo molesta, sino también peligrosa, pues además de la inquietud por creer podían ser robados, también se temía que pudieran transmitir todo tipo de epidemias.
Con el paso del tiempo, el gitano pasó a ser reconocido además de por sus determinados rasgos físicos y culturales, por los delitos que comúnmente se les achacaban, ya fueran la estafa o el robo. La presunción del supuesto delincuente gitano comenzó a expresarse a través de la coletilla “a parecer gitanos”, frecuentemente impresa en los periódicos de los siglos XIX y XX. Una conjetura bien arraigada desde mucho tiempo antes y que había dotado al gitano de una doble sombra: la natural y la de la sospecha. Ambas han caminado inseparables hasta hoy día, fusionadas profundamente, como una etiqueta que marca al gitano como potencial delincuente. Incluso, aún sin hallarse la prueba del delito. En 1739, por poner un ejemplo, al no hallarse en su posesión el objeto del crimen, se acusó a un grupo de gitanos de las familias Fajardo y Bustamante, de haber hurtado caballos en La Rioja y pasar a venderlos en Navarra para ocultar así su delito [23].
Son innumerables los casos que incitan a la persecución de cualquier gitano que se hallara cerca del lugar de un delito; incluso, por el simple hecho de ser avistados grupos de ellos sin tener plena certeza de su origen étnico. Así ocurrió en el verano de 1699, cuando las autoridades alavesas, nada más ser informadas de la presencia en La Rioja y tierras de Aranda, Berlanga y Burgos, de “tropas de montados” que portaban “bocas de fuego”, que “por las señas” se decía eran gitanos, se les imputaba sin más, el hecho de que recorrían estos lugares con el sólo fin de saltear caminos y saquear ventas y casas, por lo que se pedía la aplicación de la Real Pragmática de 1695 en toda su letra, a fin de “reprimir aquellas violencias y obligarles a avecindarse para que abandonaran su forma de vida sospechosa” [24]. De esta forma, de una simple sospecha de un grupo de individuos de los que no se tenía certeza de su origen gitano ni de que hubieran cometido los delitos que se decía se habían cometido, se pasó a una represión general sobre toda la comunidad gitana.
  

Entre la restricción de vecindarios, la expulsión y el exterminio

Con la llegada de los Borbones, la política antigitana sufrió un cambio de rumbo. Se reconoció el fracaso de cuantas leyes habían sido promulgadas bajo la Casa de los Austrias. Así, a partir de 1717, una nueva Pragmática intentará un control mucho más efectivo y dispondrá el registro de todos los gitanos del reino, así como de sus armas y animales, además de la obligación de avecindarse exclusivamente en 41 pueblos, entre ellos Logroño y Santo Domingo de la Calzada.
Tampoco esta nueva disposición pudo alcanzar las metas que la Corona se había propuesto para acabar con la forma de vida gitana. Un convencimiento que con la llegada de Gaspar Vázquez de Tablada, obispo de Oviedo, a la presidencia del Consejo de Castilla y la autorización papal de no respetar la inmunidad eclesiástica a los gitanos, acabaría por determinar la ejecución de un proyecto de exterminio biológico a través de la separación de sexos, con el propósito de impedir la reproducción de la etnia y lograr por consiguiente, la extinción de la forma de vida gitana.
El plan diseñado por el marqués de la Ensenada dio comienzo con una redada la noche del 30 de julio de 1749. En el caso riojano, se esperaba la captura de seis familias en Logroño y una en Santo Domingo de la Calzada. Sin embargo, cuando el teniente coronel del regimiento de Infantería de Vitoria Julián Castigal se presentó con un piquete de su regimiento y dos compañías de milicias, no halló gitano alguno, pues posiblemente avisados, lograron huir a Madrid, quizá con la intención de pedir clemencia al rey o buscar protección en algún personaje influyente. Sin embargo, una vez en la Corte fueron detenidos. Separados los hombres de las mujeres, éstas pasaron a Toledo, para posteriormente ser repartidas entre Valencia y Zaragoza [25].
No poseemos relación de las víctimas. Sólo conocemos la existencia de Diego de Osses, natural de Alfaro que fue capturado junto a su hija Josefa en la villa de Marcilla, lugar al que se trasladaron desde aquella localidad riojana, y en donde se hallaban avecindados desde hacía ya cinco años [26].


La “mala prensa” del siglo XIX

La prensa, fuera liberal o conservadora, se hizo eco de numerosos episodios conflictivos en los que individuos gitanos se vieron involucrados. Unos sucesos que en la mayor parte de las ocasiones se destacaba el origen gitano de los protagonistas en el titular de los artículos. Los incidentes, especialmente de reyertas y riñas, fueron aireados de tal forma, que los gitanos se ganaron la fama de impulsivos y pendencieros.
El siglo XIX fue de por sí violento, no obstante, hubo cuatro guerras civiles: tres carlistas y una a la que se ha llamado de Independencia, pero que en realidad se trató de una lucha entre dos bandos de españoles. Además, las guerras coloniales en América, Asia y África, salpicaron todo el siglo.
Dentro de la Tercera Guerra Carlista, por ejemplo, en septiembre de 1873, el Gobernador Civil de Logroño informó cómo varios de los gitanos que habían concurrido a la feria de Haro “se acometieron los unos a los otros, disparándose algunos tiros, de cuyas resultas quedaron muertos dos personas extrañas a los combatientes” [27]. Como en esta ocasión, pocas ocasiones se profundizaba en la noticia, pues sólo parecía importar la identificación del suceso con el gitano. En otras sin embargo, el articulista pretendía destacar el espíritu vengador y traicionero que se le daba al éste. Es el caso del crimen cometido en 1893 en Zaragoza, del que se dijo era “motivado por rencores de gitanos”. La historia es contada bajo el título “Entre gitanos”, y parte de la muerte de Colás, padre de Federico y Antonio Castillón, asesinado el año anterior por individuos pertenecientes a la familia zaragozana de los Jiménez. Un odio que se destacaba, se remontaba desde hacía veinte años. Los hechos tuvieron lugar cuando dichos hermanos salieron de Logroño, donde residían, y se dirigieron en tren a la capital maña para “vengar así la memoria de su padre”. Con profusión de detalles se cuenta la muerte que se le dio en el puente de Piedra a Amado Jiménez, no sin describir el sadismo con se emplearon los asesinos [28].
Sólo a través de estas noticias, la invisibilidad del gitano desaparecía, pero nada se contaba de la laboriosidad de éste en sus múltiples ejercicios, bien como jornaleros agrícolas, bien como herreros, caldereros, esquiladores, amén de otras diferentes actividades económicas mal consideradas por sus vecinos no gitanos.


Siglos XX y XXI: El tren hacia la modernidad parte sin los gitanos

Los grandes cambios socioeconómicos que empezaron a producirse a lo largo de la segunda mitad del siglo XX, apartaron a los gitanos de los beneficios derivados de los adelantos técnicos y sociales, debido a su casi ausencia de cualificación profesional, escasez de recursos económicos e instrucción educativa. En cambio, entraron a formar parte de las bolsas de pobreza que empezaban a formarse en las grandes ciudades. No obstante, persistió una pequeña población gitana en las localidades de ámbito rural donde la introducción de tractores y demás maquinaria tardó en llegar. Cuando la industrialización acabó imponiéndose, el gitano hubo de buscar nuevas formas de ganarse la vida, en clara desventaja respecto al resto de sus vecinos.
Un barrio de chabolas a principios del siglo XX
En la actualidad, en estas dos décadas del siglo XXI, una nueva revolución tecnológica ha vuelto a dejar descolgados a los gitanos. Un nuevo tipo de analfabetismo: el digital, ha resultado decisivo para crear una brecha digital, provocada por el desconocimiento de las TIC -Tecnologías de la Información y la Comunicación-, Un hándicap que supone una falta de competitividad dentro del mercado laboral, ya que las habilidades tecnológicas e informáticas se han erigido en indispensables en nuestra sociedad de la información. El dominio del ordenador, del software y demás herramientas digitales constituyen los requisitos que cada vez más se demandan en las ofertas de trabajo, especialmente en esta época donde el teletrabajo se impone.
Los aproximadamente nueve mil gitanos riojanos que residen en esta Comunidad Autónoma de forma estable, han quedado postergados en buena parte, a la venta ambulante y al sector primario. La Rioja, zona vinícola por excelencia, tiene en la uva el principal campo de ocupación. Junto a la vendimia y el desniete, otros trabajos agrícolas se centran en la patata y la fruta. Los demás empleos en los que la mano de obra gitana tiene presencia, se hallan en las actividades de la construcción, artesanía, limpieza urbana y doméstica, jardinería, hostelería y anticuarios [29].
La población gitana -dos tercios del total riojano-, se concentra principalmente en Logroño, el resto, se halla muy repartido entre localidades como: Arnedo, Calahorra, Haro, Nájera y Santo Domingo de la Calzada. Lugares donde residen familias como los Jiménez, los Gabarri, los Montoya, los Borja, los Hernández, los Duval, los Carbonell, los Romero, los Pisa, los Durán, los Amador y los Mendoza [30].
El Pueblo Gitano de La Rioja, consciente de su desfavorable punto de partida en esta época de la revolución digital, realiza un gran esfuerzo para mejorar su calidad de vida intentando que sus hijos reciban la formación competente, sin renunciar a su cultura; manteniendo entre otros aspectos, sus fiestas tradicionales, como la noche de San Juan, el 23 de junio, donde la fiesta es iluminada por una hoguera y es acompañada por un café al estilo gitano, y la música con guitarras y palmas. Una reunión familiar en la que los mayores tienen su protagonismo transmitiendo sus anécdotas y tradiciones a los más jóvenes. Al día siguiente, les toca el turno a los más jóvenes a través de una gran fiesta infantil, en la que gitanos y no gitanos participan activamente en los juegos y en la chocolatada. Por último, a la noche, todos se divierten en una verbena popular con grupos flamencos.
Otro aspecto que el gitano riojano se resiste a perder, es su actividad tradicional más típica: la compra-venta de ganado, en especial de caballos y yeguas en las ferias de San Bernabeu, patrón de Logroño -11 de junio-, la de San Mateo, patrón de La Rioja -21 de septiembre-, la fiesta de la vendimia, y la feria anual de ganado de Villoslada de Cameros -11 de septiembre- [31].
La sociedad gitana de La Rioja, orgullosa de sus raíces, no se muestra inmutable, y aunque lentamente, se van produciendo cambios significativos. Uno de ellos, el religioso, ha venido a romper la tradicional adscripción católica, al haberse convertido en su mayor parte, a la Iglesia Evangélica de Filadelfia [32]. Sin embargo, la mayor transformación se está produciendo en la enseñanza, donde los niños y las niñas, el efectivo más importante de la comunidad, son la principal esperanza para el desarrollo y bienestar de las familias gitanas de La Rioja.





BIBLIOGRAFÍA

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SÁNCHEZ ORTEGA, María Helena. La Inquisición y los gitanos, Madrid: Taurus, 1988.




[1] Miembro del Grupo de Investigación SurClío de la Universidad de Almería y del Instituto de Estudios Almerienses.
[2] La mayor parte de la población era campesina, casi todos sus integrantes trabajaban tierras ajenas y debían satisfacer diversos censos y cánones a sus propietarios. Y aparte, entregar los diezmos a la Iglesia del fruto recogido. Además, fueron los elementos más débiles sobre los que se cebaron los conflictos bélicos y el saqueo que realizaban los malhechores y las hambrientas víctimas de las diferentes crisis agrícolas que se sucedían periódicamente.
[3] Teresa había afirmado “que tener acceso o cópula carnal con una mujer, aunque no fuera propia, que no fuera pecado”. Mencía, procesada junto a Teresa defendió la misma opinión, y aunque ambas fueron reprendidas, se afirmaron en lo dicho. En  SÁNCHEZ ORTEGA, María Helena. La Inquisición y los gitanos, Madrid: Taurus, 1988, p. 417.
[4] María fue sentenciada en Auto de fe con mordaza y soga, librándose de una pena pecuniaria por ser pobre. Ibídem.
[5] Ibídem, p. 287 y 418.
[6] Ibídem, p. 288 y 418.
[7] Durante más de dos siglos, hasta su primera abolición en 1748, y más tarde en 1805 tras la corta reinstauración de la pena de galeras en 1785, este destino se convirtió en la panacea penitenciaria destinada a reprimir a los miembros de esta etnia, para de paso, aplicarlos a trabajos forzados, tanto para hacer frente a las necesidades de remeros como de mano de obra en las minas de Almadén. Un destino penal este último, que fue creado a modo de galeras en tierra para paliar el déficit de mano de obra que se produjo tras la reactivación de la explotación de las minas de Almadén en 1554.
[8] A.G.S., Cámara de Castilla, CED, 7, 188, 17.
[9] Este era un intervalo de edad idóneo para desarrollar el enorme esfuerzo que suponía hundir y levantar del mar un remo de unos 14 metros de longitud. La condena al trabajo forzado en galeras se convirtió durante más de dos siglos, hasta su abolición en 1748, y más tarde en 1805 tras la corta reinstauración de la pena de galeras en 1785, en la panacea penitenciaria para reprimir a los miembros de esta etnia y de paso, aplicarlos a trabajos forzados. En MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel. Los forzados de marina en la España del siglo XVIII (1700-1775), Almería: Universidad de Almería, 2011, pp. 24-28.
[10] Archivo del Departamento Marítimo de Cartagena (en adelante ADMC), Libro General de Forzados, 19, f.285 v.
[11] Archivo Histórico Nacional, Hermandades, Leg. 44, 2.
[12] Ibídem.
[13] ADMC, Libro General de forzados, 23, f. 77 v.
[14] Al margen de los gitanos naturales de La Rioja, hay que tener en cuenta una población flotante compuesta por aquellos que lo eran de localidades próximas de Castilla, País Vasco o Navarra. En este último caso, destacar por ejemplo, los condenados por el alcalde mayor de Alfaro y que entraron a servir en galeras en 1696. Se tratan de Gaspar y José de Bustamante, naturales de Dicastillo en el Reino de Navarra, sentenciados “en 8 años de galeras al remo y sin sueldo por haber contravenido a la Real Pragmática”. En ADMC, Libro General de forzados, 21, ff. 296 r.-256 v.
[15] ADMC, Libro General de forzados, 21, f. 256 r.
[16] ADMC, Libro General de forzados, 23, f. 74 r.
[17] SANCHEZ ORTEGA, María Helena. Documentación Selecta sobre la situación de los gitanos españoles en el siglo XVIII. Madrid: Editora Nacional, 1977, pp. 264-267.
[18] MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel. “Los gitanos españoles en los Tercios de Flandes”, en Anatomía de la Historia (15/06/2016). Dirección web http://anatomiadelahistoria.com/2016/06/los-gitanos-espanoles-en-los-tercios-de-flandes/. Sobre el aspecto militar del Pueblo Gitano ver CARMONA, Sarah. “Histoire militaire des Roms en Espagne et en France du XVème al XVIIIéme siécle”, y “Nuevas perspectivas sobre la génesis de la historia gitana”, en Quaderns de la Mediterrània, 18-19, 2013. Dirección web file:///E:/Nuevas_perspectivas_sobre_la_genesis_del%20Pueblo%20Gitano%20Sarah%20Carmona.pdf.
[19] García-Arenal, Mercedes. “Morisques et gitans”, en Mélanges de la Casa de Velázquez, 14, 1978, p. 67.
[20] GÓMEZ ALFARO, Antonio.  Escritos sobre gitanos, Barcelona: Asociación de Enseñantes con gitanos, 2010, p. 602.
[21] También la Didascalia de Francisco de Córdoba hace referencia de este hecho no documentado. Para más información sobre el discurso de Juan de Quiñones, ver SÁNCHEZ CAÑADAS, Araceli. “Orígenes de un tópico: Juan de Quiñones, Discurso contra los gitanos”. Disponible en http://rromanipativ.info/wp-content/uploads/2017/06/Or%C3%ADgenes_de_un_t%C3%B3pico-Juan-de-Qui%C3%B1ones-Discurso-contra-los-gitanos.pdf.
[22] A.G.S. Consejo Real de Castilla,563,6
[23] MARTÍN SÁNCHEZ, David. Historia del pueblo gitano en España, Madrid: Catarata, 2018, p. 140.
[24] RILOVA JERICÓ, Carlos. Memoria del proyecto para la recuperación de fuentes documentales históricas del  Pueblo Gitano en el País Vasco, 4 de julio de 2007, pp. 161-162.. Disponible en http://studylib.es/doc/5827285/memoria-del-proyecto-para-la-recuperaci%C3%B3n-de-fuentes.
[25] MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel. Los gitanos y las gitanas de España a mediados del siglo XVIII. El fracaso de un proyecto de “exterminio” (1748-1765), Almería: Universidad de Almería, 2014.
[26] MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel. Nunca más. Homenaje a las víctimas del proyecto de 'Exterminio' de la minoría gitana iniciado con la redada de 1749, Almería: Círculo Rojo, 2015, p. 109.
[27] “Noticias generales”, en La Época (11/09/1873), p. 3.
[28] “Entre gitanos”, en La Iberia (07/07/1893), p. 2.

[29] “Gitanos en La Rioja”, en Museo Virdual del Pueblo Gitano en Cataluña. Dirección web https://www.museuvirtualgitano.cat/es/historia/comunidades-autonomas/la-rioja/.

[30] Ibídem.
[31] Ibídem.
[32] Ibídem.