Editado en Almería por Manuel Martínez Martínez // ISSN-e: 2445-2408 //
Una historia, un olvido... el discurrir invisible de lo que existió y se desconoce
Este espacio pretende entender la historia como una disciplina que proporciona, tanto la información como los instrumentos necesarios para conocer el pasado, pero también como una herramienta para comprender al "otro", a nosotros mismos y a la sociedad del presente en la que interactuamos.
Conocer la historia de los gitanos españoles es esencial para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos.
Las publicaciones contenidas en este blog-revista tienen derechos de autor. Se ruega citen su procedencia.
martes, 30 de marzo de 2021
martes, 2 de marzo de 2021
DE LA PRAGMÁTICA DE 1499 A LA SOLUCIÓN FINAL DE EXTERMINIO DEL PUEBLO GITANO DE ESPAÑA EN 1749
Exhorto:
Don Francisco José de Béjar, abogado de los
Reales Consejos, alcalde mayor por S.M de esta ciudad, corregidos y superintendente
de rentas interino de ella = Al Sr. D. Juan Gaspar de Cañas Trujillo,
presbítero Vicario de las iglesias de esta ciudad -Puerto de Santa María-, y
que hace oficio de juez eclesiástico en ella. Hago saber cómo en virtud de Real
Orden de Su Majestad, Dios le guarde, en instrucciones que las acompañan
comunicadas por el Ilmo. Sr. Gobernador de Castilla, estoy entendiendo en la
prisión de todos los gitanos y gitanas que en fuerza de reales provisiones se
hallan avecindados en este pueblo, ordenándole que a los hombres y muchachos de
siete años arriba se pongan en La Carraca, y a las mujeres con los de menor
edad en la ciudad de Málaga, previniéndose igualmente que en caso de que alguno
de los que se han de prender se hallare
en sagrado o se retrajere a él, se le ha de extraer, a cuyo fin acompañaba a la
instrucción, carta del Sr. Obispo con un ejemplar del despacho expedido por el
Ilmo. Sr. Nuncio para la extracción de los gitanos de sagrado y conducirlos a
los presidios u otra alguna reclusión segura. Y habiéndose puesto en ejecución
dicha Real Orden y asegurándose en la cárcel pública las personas que de todos
sexos y edades pudieron ser habidas de esta gente, parece que D. Joaquín de
Mendoza, coronel de los ejércitos de Su Majestad y teniente coronel del
regimiento de caballería de Alcántara, y comandante nombrado del destacamento
que para dichas prisiones y destinos de los gitanos se ha señalado por lo
perteneciente a este pueblo, para auxiliar la Real Jurisdicción, noticioso de
que en el convento del Sr. San Francisco de Paula, extramuros de esta ciudad se
hallaban refugiados algunos gitanos y gitanas, pasó a él, y de acuerdo con el
Reverendo Corrector y bajo de palabra de honor, y ofreciéndole que se
entregaría al Sr. Juez eclesiástico la correspondiente caución juratoria, sacó
de dicho convento la mañana del día 31 del próximo mes pasado, los gitanos y
gitanas siguientes:
Sebastián de los Reyes, alias El Duende.
Manuel de los Reyes, su hijo.
Manuela de Vargas, mujer de Juan Ponce.
Isabel Ponce, hija de los antecedentes.
Josefa de Heredia y Oliva, viuda de Tomás
Arcario.
Juan Matías.
Gaspara María.
Salvadora Isabel, todos 3 hijos de los
antecedentes.
Alonso de la Oliva, hijo de Bartolomé.
Luisa de la Oliva, mujer de Francisco Suárez.
María Jiménez, alias Luisa María, alias
Marrisola, mujer de Pascual Medrano.
Francisca María Cruz, alias Luisa María,
soltera.
Antonia Maldonado.
![]() |
| Iglesia de San Francisco en Puerto de Santa María |
COMENTARIO:
Justo 250 años después de la Pragmática de
los Reyes Católicos, el 30 de julio de 1749 dio comienzo un proyecto de
exterminio biológico -genocidio en términos modernos- contra el Pueblo Gitano
de España, punto final de un proceso durante el cual, casi dos centenares de
reales decretos, provisiones reales, pragmáticas, órdenes reales y demás
disposiciones de mayor o menor rango, pretendieron: primero, su asentamiento
fijo; luego a no tener más ocupación que el de la agricultura, sin que tuvieran
conocimientos ni medios para acceder a la propiedad de la tierra; siguieron las
diferentes estrategias para aculturarlos, como fue la prohibición de utilizar
su lengua, traje y forma de vida, negándoles su identidad como etnia y cultura.
Una trayectoria represiva durante la cual, el gitano, como poseedor de una
imagen denostada, deshumanizada, repleta de caracteres peyorativos y con la
etiqueta de delincuente potencial desde su mismo nacimiento, se convirtió en
chivo expiatorio, en una víctima propiciatoria del utilitarismo estatal de las
condenas, que le convirtió en un inquilino asiduo de las galeras, arsenales, minas
de Almadén, presidios y obras públicas, hasta que finalmente se determinó la
solución final: la expulsión o el exterminio.
Aunque inicialmente se proyectó la expulsión
de todos los gitanos, se acabó por desarrollar un proyecto de exterminio
biológico, por el que hombres y mujeres fueron separados de por vida, con el
propósito de evitar la regeneración de la etnia. Los niños pequeños debían
permanecer junto a sus madres hasta los siete años, edad a partir de la cual,
debían compartir el destino de los hombres. Para conseguir tan cruel plan, se
debía realizar en el más profundo secretismo, una redada general en un mismo
día y a la misma hora. Con todo detalle se planificó la forma en que se debía
ejecutar, e incluso el modo de proceder en caso de que alguno lograra
refugiarse en sagrado e invocar la inmunidad eclesiástica. Un derecho que el
Vaticano le retiró en 1748, y que permitió la captura de cuantos buscaron la
protección de la Iglesia.
Interior de la iglesia de San Francisco
lunes, 1 de febrero de 2021
HEROES GITANOS EN LA HISTORIA DE ESPAÑA. INVISIBILIZADOS Y OLVIDADOS
Elogio al gitano Celestino Batista
Ha
salvado a diez personas de perecer ahogadas y su gesto debe ser recompensado
por la Sociedad
Si ustedes van a Blanes y preguntan por
Celestino Batista Mora, el gitano, todo el mundo sabrá darle razón de su
domicilio. Yo creo que incluso los extranjeros lo conocen. Celestino es un
hombre con el físico de un luchador. Alto, quizás llegue al metro noventa,
anchas espaldas, bien proporcionado. Vive con su mujer y dos hijos, en una casa
enclavada en el barrio del Sabanell, cerca del mar. Este hombre hace unos días
saltó al plano de la actualidad por haber salvado la vida a un holandés,
dándose la circunstancia que era el noveno salvamento que efectuaba en el
transcurso de unos pocos años. Indudablemente, Celestino es noticia y de las
buenas. Empero, él, no le da importancia a la cosa. Vean como se expresa:
—Exactamente no sé si son nueve o diez los
que he sacado del agua.
—¿Quién le ha adiestrado en salvamentos?
—Nadie. Todo es cuestión de llegar a tiempo.
-
¿Y no
ha pasado jamás apuros?
—Hasta ahora, no señor.
—¿Recuerda especialmente algún salvamento?
—Más o menos siempre es lo mismo. Una persona
debatiéndose contra las olas que lucha por mantener la cabeza a flote; los
brazos se mueven sin orden ni concierto; las manos se crispan como si quisieran
agarrarse al aire...
—¿Gritan...?
—No, no pueden, pues se les llena la boca de
agua. Deben pasar un mal rato. —¿Algún salvamento especialmente dificultoso?
—El año pasado fui a sacar a una chica y
cuando la estaba arrastrando noté que agarrada a sus pies y sumergida dentro el
agua iba otro cuerpo. Los saqué los dos y resultaron ser dos hermanas mellizas
de Tordera. Una había ido a salvar a la otra y, lo que pasa en estos casos, por
poco se ahogan las dos.
—¿Tiene mucha fuerza una persona cuando se
está ahogando? —Muchísima más que la normal.
—¿A qué se deben sus repetidos salvamentos?
—Pura coincidencia. Cuando veo el mar que
está más movido de la cuenta, espero lo peor. Rara vez falla. Algún bañista
demasiado intrépido se adentra y luego no puede regresar.
—¿Y usted en su búsqueda...?
—Es de obligación hacerlo.
—Su último salvamento fue un holandés, Mr.
Joseph Maydet...
—Sí, y recuerdo exactamente cómo fue la cosa.
Aquel día yo tenía descanso en la barca y hacía unas horas en una obra cercana
a la playa. De repente vi como a unos 20 metros de la arena a un hombre dando
grandes brazadas en dirección a tierra, pero no avanzaba porque la corriente le
impulsaba mar adentro. Llegó una ola gigante, lo alzó al aire y lo empujó
violentamente contra la arena. El golpe debió ser muy fuerte, pues quedó
conmocionado y flotando vi cómo se adentraba de nuevo hacia el mar. Un minuto
más y hubiese sido tarde. No vacilé. Vestido me lancé y lo saqué. Le hicimos
respiración artificial y al poco rato reaccionó. Luego vimos que tenía los
dientes rotos a consecuencia del golpe contra la arena.
—¿Son agradecidas las personas que salva?
—Sí, todas me han dado las gracias.
—¿Y nada más...?
—Jamás he aceptado dinero. El señor holandés
quería darme una recompensa y casi se enfadó cuando le dije que no podía
aceptarla.
No quiero dinero, pues no salvo a las
personas por negocio.
Así
es y así habla Celestino. Un gitano nacido en Canet de Mar y que llegó a Blanes
cuando apenas tenía dos años. Tiene 35 años y un corazón que no le cabe en su
enorme cuerpo.
Este
hombre que ha salvado, arriesgando su vida, a diez personas, hasta la fecha
permanece en el anonimato. A veces la sociedad es ingrata para con sus
semejantes. El no se queja, y se sorprendió cuando fuimos a visitarle.
Creemos que es llegado el momento de que la
Sociedad salde su deuda y de que públicamente se reconozca su servicio y su
bondad. Celestino jamás ha pedido ni aceptado nada; somos nosotros quienes
debemos dar el primer paso. Es el Ayuntamiento de Blanes quien debería
interesarse cerca de la superioridad para que, como mínimo, Celestino pudiera
lucir sobre su robusto pecho la Medalla del Salvamento. Rescatar diez vidas,
del mar no es cosa corriente.
COMENTARIO:
La historia del
Pueblo Gitano en España está escrita principalmente sobre un conjunto amorfo de
miembros de una etnia y cultura. Igual se ha venido haciendo desde los medios
de comunicación, donde la individualidad, cuando se destaca, lo más usual es
para señalar aspectos negativos, que finalmente acaban extendiéndose al total
de la comunidad gitana. Es decir, el gitano o gitana que hace algo positivo y
digno de alabanza, su acción queda ahí, en su persona, no trasciende al grupo;
en cambio, cuando hace algo mal, ya no se habla de un gitano, se habla de los
gitanos, estigmatizando y deshumanizando como se ha venido haciendo desde el
siglo XV.
Entre los muchos casos de gitanos que han dado muestras
de aspectos positivos en su comportamiento o que han sobresalido por su
fortaleza de ánimo, por falta de espacio sólo hablaremos de unos pocos gitanos
y gitanas que han destacado, y que creemos son representativos para cumplir el
objetivo de esta publicación.
Sorprende
mucho, pero apenas se investiga, la participación de los gitanos en los Tercios
de Flandes. Cientos, puede que más de un millar de combatientes gitanos lucharon
en los Tercios en diferentes escenarios: Granada, Italia y Flandes. Muchos de
sus nombres han salido a la luz: Rodrigo Belardo; Santiago, Pedro, Francisco, Juan, Alonso y
Salvador Maldonado; Antonio de Malla,
Baltasar de Bustamante, Baltasar de
Rocamora, Juan de Montoya, Andrés de Flores y Marcos de Flores; Carlos de Bustamante, Francisco del Campo, Gaspar de
Ribera Baltasar Montoya, Juan de la
Calle, Sebastián de Soto, Santiago Maldonado, y así un
largo etcétera de soldados anónimos que sufrieron en su cuerpo todo tipo de
heridas, cuando no la muerte, sirviendo a unos reyes que no dejaron de acosar
legislativamente a su pueblo.
Otros, como el sevillano Bartolomé Jiménez, dieron muestras de fortaleza y ejemplo de superación para sobrevivir a la adversidad. Es uno de los pocos forzados de galeras que lograron salir con vida de dos condenas al remo; la última, de diez años, impuesta por la Audiencia de Sevilla. Una pena que se imponía en numerosas ocasiones por el solo hecho de ser gitano y que prácticamente equivalía a una sentencia de muerte, por agotamiento, enfermedad o hundimiento de la galera en una tempestad o en batallas como Lepanto, donde para mayor gloria de España murieron tantos forzados y esclavos, cuyos nombres solo los conoce el fondo del mar.
Bartolomé no fue el único,
también lo consiguieron entre otros Juan de Heredia, Sebastián de Heredia
Bustamante, Juan Descós, Francisco Cortés, Francisco de Flores, Vicente
Munerris, José Escudero, Miguel Pubil y probablemente muchos más, pues el
estudio no abarca completamente toda la etapa de galeras.
Ejemplos de
lealtad y obediencia hacia su rey hay pocos casos. Uno de ellos fue
protagonizado por los gitanos de Vélez Málaga en los instantes iniciales de la
redada de 1749 que acabó desembocando en un proyecto de exterminio –lo que hoy
en día llamamos genocidio-. Sabedores que en otros lugares se estaba
produciendo la prisión generalizada de su población gitana, en lugar de huir,
decidieron presentarse ante el asombro de los soldados y encaminarse
voluntariamente a la cárcel de dicha población sin ofrecer ningún tipo de
resistencia, pues según manifestaron que «ya
sabían se les habían de prender, y que desde luego venían a que S.M. les mandase donde había de ir». Una lección que resonaba desde hacía
siglos en el Cantar del mío Cid, en su verso veinte: «¡Dios, qué
buen vasallo, si
tuviese buen señor!». Desde luego, Fernando VI dejaba mucho
que desear.
Mayor
invisibilidad y olvido se produjo no obstante en el caso de las mujeres gitanas,
ejes vertebrales de la sociedad gitana, transmisoras de su cultura y soportes
de la unidad familiar cuando el hombre faltaba. Su valentía y decisión
recorrieron los polvorientos caminos que llevaban a los puertos donde se
hallaban las galeras, a las minas de Almadén o a los arsenales donde penaban
sus padres, maridos y hermanos. Polonia de Torres y Magdalena de Malla son dos
ejemplos de estas mujeres gitanas, que debieron no solo evitar los peligros de
ir solas por los caminos, sino también, sortear la acción de cuantas justicias celosas
en el cumplimiento de las leyes antigitanas, o bien, para aprovechar la ocasión
conseguir otros fines menos legales.
La reclusión separada de hombre y mujeres durante el proyecto de exterminio, dio ocasión para muchas historias, episodios que hablan de lucha por lograr el valor más valioso del ser humano, además de la vida; hablamos de la libertad, algo que quisieron recuperar los gitanos y gitanas de mediados del siglo XVIII por cuantos medios tuvieron a su alcance, con tanta persistencia como la que empleó Rosa Cortés, una heroína almeriense que, que con paciencia y un simple clavo, logró abrir un boquete por el que escapar de su encierro en la Casa de Misericordia de Zaragoza junto a decenas de compañeras que compartían su misma suerte.
Tampoco los hombres desistieron de este empeño, y a
cientos lograron evadirse de los arsenales donde fueron encerrados, en los que con
su trabajo forzado, consiguieron hacer realidad el plan ensenadista que hizo
recuperar a España el rango de potencia mundial en aquella época. Una de estas fugas,
en la que se revela el amor a su tierra y familia, estuvo protagonizada por dos
almerienses en 1761: Francisco de Malla
y Sebastián Aguilera. Ambos atravesaron la península
en una aventura de más de mil kilómetros desde el arsenal de El Ferrol, en La
Coruña, hasta que apenas le faltaban un centenar de kilómetros fueron
aprehendidos en Poyatos -Jaén- y enviados a La Carraca -Cádiz-, para ser
devueltos al arsenal gallego.
Otros, tuvieron la oportunidad de demostrar su buena
condición como persona y el reconocimiento de su comunidad. Pocos hombres como
Estanislao García, conocido por el Gitano de Rasueros, fueron llorados tanto
por gitanos como payos en su entierro -la prensa refiere que asistieron más de
1.500 personas-. Un personaje que según la prensa «había
alcanzado en todo aquel país -Castilla la Vieja- grande y honrosa celebridad
por su caridad inagotable», y que
en el momento de su fallecimiento en 1858, perdonó «todo cuanto tenía prestado a los pobres labradores».
Podríamos hablar
de muchos más, algunos tan recientes como los gitanos veratenses que lograron
evitar una violación, o la de dos gitanos que impidieron en 1889 el secuestro
de un niño atrapando al delincuente, para que finalmente, la gloria se la
llevara la Guardia Civil, sin que sus nombres ni siquiera se publicaran en la
prensa como reconocimiento a su acción.
Centrándonos en
Celestino Batista, un gitano hecho con una pasta especial, que en los años
sesenta del siglo pasado, arriesgó su vida para salvar una decena de personas
sin esperar nada a cambio, hallamos en él, el ejemplo de esa invisibilidad y el
de una vida silenciosa, que sólo pretende «vivir
una vida tranquila, pacífica, trabajar, comer y felicidad», tal como Antonio Nieto se expresó en el documental Yo me acuerdo. Gitanos aragoneses en la
Guerra Civil española. Gitanos que sin estridencias ni ambición por conseguir fama y
dinero, han venido aportando suficientes méritos para convertirse en ejemplos
de vida para los gitanos de hoy en día, como referentes de una individualidad
positiva, que la sociedad mayoritaria condena al olvido.
viernes, 1 de enero de 2021
SANCHO DE MONCADA PIDE LA PENA DE MUERTE PARA LOS GITANOS
LOS GITANOS SE DEBÍAN CONDENAR A MUERTE
Cap. IV
Las razones son muchas. La primera, por espías y
traidores a la corona.
La segunda, por ociosos y vagabundos. Y es muy de
considerar, que luego en comenzando a haber hombres, en criando Dios el mundo,
comenzó sin duda el importante gobierno político de condenar a muerte los
vagantes, pues Caín tuvo por cierta la suya en andando vagabundo por la de
Abel: Ero vagus, profugus in terra: omnis
igitur qui invenerit me, occidet me. Y considero yo el Igitur, que fue argumento, andaré vagabundo. Luego es llano que
cualquiera que me viere (porque me verá vagando) me ha de matar, siendo cierto
que entonces no tenía Caín sino padres y hermanos, como advierte San Ambrosio,
y estableció Dios aún más este gobierno, dando a Caín por salvoconducto un
temblor de todo el cuerpo cuando anduviese vagueando, (salvoconducto que sería
de harta importancia en todo vagante que temblase a vuestra majestad) y por
Jeremías amenaza a su Pueblo Dios, que en andando por los montes se le han de
comer todos. Y es doctrina de teólogos, que solo el vagar, sin otra información
es vehemente sospecha de delito capital. Y la misma naturaleza lo enseña en el
curioso arancel político de las abejas, en cuya bien gobernada república matan
los zánganos por abril, cuando comienzan a fabricar.
La tercera, porque son ladrones cuatreros o abigeos, que
tienen pena de muerte por leyes de España, desde que hizo las tan sabias el
Sabio señor rey don Alonso, por estas palabras: Hay una manera de ladrones que se trabajan más de hurtar bestias o
ganados, que otras cosas; y por ende decimos, que sin contra alguno fuere
probado tal yerro como éste, si fuere hombre que lo haya usado de hacer, debe
morir por ende, y si llega a diez ovejas, maguer no oviese usado a facerlo
otras vegadas. La cual ley se ajustó con el Derecho común.
La cuarta, por encantadores, adivinos y por otras artes
que usan, que están prohibidas pena de muerte, así por ley divina y se alaba en
Saúl, y la Sagrada Escritura carga a su quebrantamiento (cuando consultó a la
Pitonisa) su desastrada muerte, y que pasase el reino a David, y al emperador
Constantino el Magno. Y otros emperadores que fundaron el Derecho civil,
condenaron a muerte a los que usasen ales maleficios como escribió el
presidente de Tolosa.
La última y más
urgente causa es, si es verdad lo que dicen, que son herejes, siendo
disposición del derecho platicada en España quemar a los tales.
COMENTARIO
Desde principios del siglo XVII, la solución
drástica de la expulsión como remedio a los grandes males que se decía ocasionaban los
gitanos, empezó a tomar cuerpo con fuerza y consistencia a través de la
gitanofobia de representantes a Cortes y arbitristas.
Desde las Cortes se pidió su exclusión con el
pretexto de evitar los daños que provocaban a los campesinos y a la agricultura
en general. Además, al calor de la inercia provocada por la expulsión de los
moriscos, se inició un debate sobre la conveniencia de expelerlos del país por
ser “una de las cosas más dignas de remedio que al presente se ofrecen en estos
reinos”.
Sin embargo, y aunque en un principio el rey
dio su conformidad, se acabó desechando la expulsión por razones demográficas y
utilitaristas.
Ante el vacío dejado por los moriscos, el gitano se consideró necesario para sustituirlos, por lo que el 15 de octubre de 1611, se decretó que la única ocupación que podían desempeñar los gitanos era la de la labranza. Una disposición que no cerró la polémica sobre lo que se debía hacer con la comunidad gitana; es más, se avivó a través de nuevas propuestas en Cortes y la irrupción de arbitristas como Salazar de Mendoza y Sancho de Moncada. Este último, situó a los gitanos en un estrato social inferior a los moriscos, a los que consideraba a mucho más útiles a la Corona, y que apenas habría dificultad para expulsarlos, pues por su corto número e inutilidad la repercusión de su desaparición de tierras españolas sería mínima. En su razonamiento, consideró que eran merecedores de un castigo mayor, ya que por leyes divinas y humanas eran merecedores de la pena de muerte. Un argumento que justificó echando mano a la acusación de que eran espías y traidores a la corona. Añadió igualmente la condena bíblica de Caín por vagabundaje, la de Alfonso X el Sabio por robo de ganado, la del emperador Constantino por adivinación; y por último, recordó lo que el derecho español disponía con los herejes.
A representantes en
Cortes y a arbitristas, vinieron también a sumarse literatos como Cervantes.
Todo terminó por propiciar un ambiente favorable para la promulgación de una
nueva Pragmática. De esta forma, el 28 de junio de 1619, la nueva
disposición recogió buena parte de las
aspiraciones anteriores, ordenando entre otras cosas: “que todos los gitanos
que al presente se hallaren en estos nuestros reinos salgan de ellos dentro de
seis meses, que se han de contar desde el día de la publicación de esta ley, y
que no vuelvan a ellos so pena de muerte; y que los que quisieren quedar sea
avecindándose en ciudades, villas y lugares de estos nuestros reinos de mil
arriba”.
NOTA: La gitanofobia de Sancho de Moncada no impidió que su memoria haya sido reconocida con la imposición de una calle toledana en su honor. También es un hecho poco conocido, que al finalizar la Guerra Civil, se creó en Madrid, en el seno del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, un centro dedicado a la economía, al que se puso por nombre "Instituto Sancho de Moncada".




