Una historia, un olvido... el discurrir invisible de lo que existió y se desconoce

Este espacio pretende entender la historia como una disciplina que proporciona, tanto la información como los instrumentos necesarios para conocer el pasado, pero también como una herramienta para comprender al "otro", a nosotros mismos y a la sociedad del presente en la que interactuamos.

Conocer la historia de los gitanos españoles es esencial para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos.

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sábado, 15 de julio de 2017

LAS VÍCTIMAS GITANAS DEL TERRORISMO DE 1980

Al margen de la controversia suscitada en la conmemoración del asesinato de Miguel Ángel Blanco, hemos querido centrarnos en otro triste aniversario, el que en 23 de julio se cumplen 37 años del atentado les costó la vida a María y Antonio Contreras Gabarri, y en el que también perdió la vida Anastasio Leal Terradillos, empleado de limpieza del ayuntamiento bilbaíno.

Interior del Diario Vasco del 24/07/1980

Portada del Diario Vasco del 24/07/1980
María y Antonio fueron dos víctimas, tanto del terrorismo que azotaba a España en esas fechas como de la situación marginal en que se desarrollaban sus vidas. La muerte les llegó de improviso mientras rebuscaban en la basura cualquier cosa que pudiera suponer un beneficio para la economía familiar. También fueron víctimas de la cruel indeterminación de la identidad de sus asesinos, ya que el caso quedó olvidado y sin resolver. Incluso, María y Antonio no fueron considerados como víctimas del terrorismo hasta varias décadas más tarde..
El espectáculo que ofreció la investigación en este atentado terrorista fue lamentable, pues además de no identificarse a sus responsables, tampoco se pudo concretar el objetivo del atentado. Es cierto que tampoco  ayudó la confusión creada por diversas reivindicaciones y la coincidencia de objetivos posibles en las inmediaciones. Y, aunque el crimen fue reivindicado por la “Triple A” en el intento de causar daños materiales en la cercana guardería “Iturriaga”, propiedad de un concejal de Herri Batasuna. María, Antonio y Anastasio acabaron formando parte de las listas de víctimas de ETA (http://avt.org/victimas-del-terrorismo/).
María contaba con 17 años y se hallaba embarazada de nueve meses, dos vidas en una que quedaron cercenadas junto a la de Antonio, de solo 11 años. Sabemos que dos kilos de goma dos fueron los causantes de sus muertes, pero las manos que los manipularon y colocaron han quedado impunemente ignoradas. A su entierro apenas hubo representación política, salvo la de un concejal de HB del ayuntamiento de Bilbao y varios miembros de la ejecutiva del PSOE de Euskadi, que acompañaban a Juan de Dios Ramírez de Heredia, por entonces era diputado en Las Cortes.

No fueron éstas sin embargo, las únicas víctimas gitanas del terrorismo. En este fatídico año de 1980, otra nueva muerte se produjo en noviembre, en las cercanías de Urnieta, cuando Joaquín Altimasveres y Andrés Echeverría fueron tiroteados a las cuatro de la madrugada en la carretera de lleva de Andoain a Hernani, lugar donde estaban domiciliados. Joaquín falleció en el acto, en tanto Andrés, herido gravemente, recorrió los tres kilómetros que le separaban de su casa y se acostó sin decir nada a nadie de su estado, hasta que a la mañana unos familiares le llevaron a un centro hospitalario.

El misterio envuelve este crimen, pues aunque a través de una llamada telefónica a El Diario Vasco, el Batallón Vasco Español asumió la autoría del atentado asegurando se había cometido contra dos etarras, no parece poseyeran  filiación política alguna, salvo el hecho de que Joaquín participara en la campaña emprendida por el ayuntamiento de Hernani en ese verano, contra el desalojo de los gitanos del barrio de Carrero, de cuya operación había sido exceptuado junto a Andrés, por estar considerados vecinos habituales. El caso, es que Joaquín no figura entre las víctimas en los listados de AVT y CAPEFI, a pesar de que en esta última se asegura que se trata de un listado “dedicado a todas las víctimas de cualquier tipo de violencia” (http://94.23.86.51/t13/page3.asp?Id=57322&Rf=62&Rt=6&Np=622).
De su multitudinario entierro da cuenta la prensa de aquellas fechas. Más de 5.000 personas hubieron de apiñarse en la plaza principal del pueblo, por ser imposible cobijarlas en el templo parroquial. El féretro con sus restos mortales fue instalado en la capilla ardiente montada en el salón de plenos del ayuntamiento y trasladado hasta el altar colocado en el atrio de la iglesia. Al sepelio acudió el alcalde, Juan José Uría, de Herri Batasuna, varios concejales, los familiares del difunto y la comunidad gitana de Hernani, todo ello “en medio de los gritos y expresiones de dolor de algunas mujeres gitanas”.

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