Gustave Doré (1832–1883) ilustró numerosos relatos publicados en la revista francesa Le Tour du Monde. Nouveau journal des voyages, especialmente los dedicados a España escritos por Jean‑Charles Davillier. Las entregas publicadas por entregas entre 1862 y 1873 fueron incluidas en 1874 en L’Espagne y, en 1875, en Voyage en Espagne.
Doré recorrió casi toda Andalucía, Castilla, Aragón, Cataluña y otros lugares, al mismo tiempo que reproducía escenas populares, paisajes, tipos sociales y costumbres. Un trabajo, que consolidó su prestigio como cronista visual del viaje y de la alteridad, no exento de exotización y fascinación romántica.
Dibujó a las personas gitanas en numerosos
contextos de la Andalucía rural, en escenas de baile y música, en aspectos de
la vida cotidiana en campamentos, desplazamientos, ferias, ventas y barrios
gitanos como los del Albaicín y el Sacromonte de Granada. Unos grabados en los
que plasmó la fascinación francesa por lo “gitano” como símbolo de libertad,
peligro, sensualidad o marginalidad. No obstante, también en ocasiones se alejó
del estereotipo, visibilizando rostros concretos, costumbres y actividades cotidianas,
transmitiendo un mensaje que desmontaba la mirada colonial y romántica, para
traslucir la pobreza estructural y las duras condiciones de vida de los
gitanos.
Esta mirada de Doré entró en conflicto con
los textos de Davillier, basados en los tópicos románticos heredados de Mérimée
y Gautier, quienes describían a los gitanos como “ladinos”, “pícaros”,
“misteriosos”; frente a las instantáneas de familias, niños, mujeres mayores,
escenas de trabajo o descanso captadas por Doré.
Su obra le convirtió en uno de los ilustradores más influyentes del siglo XIX. Entre sus colaboraciones destacan: La Divina Comedia, Don Quijote, La Biblia, Los cuentos de Perrault y El Paraíso Perdido. Sin embargo, fue esta serie de grabados lo que le permitió, aparte de su maestría en el dibujo, reescribir una memoria visual desde la dignidad.




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