Una historia, un olvido... el discurrir invisible de lo que existió y se desconoce

Este espacio pretende entender la historia como una disciplina que proporciona, tanto la información como los instrumentos necesarios para conocer el pasado, pero también como una herramienta para comprender al "otro", a nosotros mismos y a la sociedad del presente en la que interactuamos.

Conocer la historia de los gitanos españoles es esencial para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos.

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jueves, 27 de agosto de 2026

La visión de José Heredia Maya sobre el Pueblo Gitano en 1976

 

El conocimiento que se tiene del gitano es el resultado de sumar una serie de evidencias ambientales fragmentadas y marginadoras tanto en la familia como en la escuela, el taller, el campo, a través de la radio la televisión, la prensa, los libros, incluso los de historia religión o lingüística. Da igual. Sea cuál fue la fuente a que recurramos siempre la hallaremos emponzoñada por un racismo descarado o cuando menos por un paternalismo religioso y romántico degradante o por una apatía vergonzosa.

La ausencia de testimonios veraces constituye una dificultad insalvable a la hora de dar respuesta a preguntas tales como ¿cuál es la situación del gitano en España? ¿Cuáles son los perfiles de los hábitos culturales de la etnia? ¿Cómo ha influido y en qué grado la lengua y el folklore en las costumbres patrias? Resulta triste, porque constituye una prueba contundente de que también a nivel científico se ha ejercido la marginación, comprobar la inexistencia de tentativas serias con la exigencia apriorística clara de conseguir resultados científicos.


Portada del disco. Colección M. Martínez

Otra enorme dificultad surge de que los gitanos no formamos una colectividad en posesión de una territoriedad común localizada en un área determinada, sino que aparecemos esparcidos de forma irregular desde Almería Pontevedra. Esto, la ausencia de una geografía compartida impide que podamos hablar del gitano como una realidad única en su relación con el payo, busné, vecino, etc. La realidad social del gitano no es, pues, única ni absoluta; al analizarla habría que tener en cuenta varios aspectos básicos:

a)   La distinta influencia que el gitano recibe según que se halle en un entorno rural usen clave en otro urbano. En los pequeños pueblos españoles suele asentarse un número muy reducido de gitanos lo que opera de forma aplastante, angustiante; el gitano se encuentra solo, desguarecido, expuesto a cualquier actitud indolente o racista, que por supuesto, le hiere y por lo tanto en unos casos le encona contra el resto de la sociedad y en otros le obliga a aceptar mal que bien, en su totalidad el status que, inconscientemente, sabe que le degrada; el gitano en una Comunidad de pequeño porte, en general, vive absolutamente en soledad.

El gitano urbano, el que vive en una gran ciudad, además de que se encuentra sometido a un tipo de presión social distinta que surge como secreción de las relaciones propias de la sociedad de consumo: fábricas, grandes almacenes, espectáculos, etc…, además de esto, digo, casi siempre habita en zonas (suburbiales por lo general) en las que reside un alto porcentaje de hermanos por lo que resulta beneficiado con la posibilidad de relacionarse a nivel de igualdad. Como señala Francesc Boutey, el gitano “va” a la ciudad nada más que a obtener lo necesario para su vida. En general le afectan menos las grandes catástrofes ocurridas en la urbe que las pequeñas cosas que suceden en su propia y reducida comunidad porque en ella participa.

b)   La localización en una región o en otra conlleva distintas peculiaridades. Por supuesto que zonas como la catalana ofrece unas posibilidades de “desarrollo” y, por lo tanto, de pérdida de características propias que no permiten otras regiones.

El caso de Andalucía con el flamenco se nos ofrece claro: el 95% de los artistas flamencos son andaluces y más concretamente gitanoandaluces. Esta circunstancia es señalada por Carlos Clavería como decisiva para explicar la gran cantidad de gitanismos existentes en el seno del español. También, junto al gitano torero alzado a la categoría de mito por la conciencia popular andaluza, justifica que en ciertas fechas todo sureño sueñe con ser “moreno de verde luna”.

c)   El grado de conocimientos, de sedentarismo, así como el nivel económico y profesional del gitano son factores de suma importancia. Encontraríamos distintas propuestas y respuestas dependiendo de que estas procediesen de un gitano en el taller, un gitano en el tablao, un gitano en la Universidad o un gitano en los caminos, nómada, ya que supondría un hábitat distinto, un nivel educativo distinto, una pervivencia desigual de las tradiciones y formas de vida genuinamente gitanas y sobre todo unos distintos intereses económicos y profesionales.

José Heredia Maya

A pesar de estas diferencias existen características comunes. En un primer lugar la étnica. En un segundo lugar, y en parte como consecuencia de la unidad racial, la unidad lingüística; todos los gitanos del mundo conocen en mayor o menor grado una lengua común que en España puede estar representada por la utilización esporádica de unos pocos lexemas, pero incluso estos gitanos tienen consciencia de unidad lingüística.

Una tercera característica consiste en la marginación, la discriminación que padecemos como remora de pragmática y órdenes persecutorias que llegan hasta nuestros días y que se dictan como consecuencia de la entidad étnica y cultural opuesta a la sociedad dominante en Europa.

Podríamos afirmar que la discriminación del gitano en la actualidad es el resultado de unas expresiones sociales, políticas y religiosas concretas que se inician poco después de la llegada de éstos a España, justo cuando los Reyes Católicos en 1499 promulgan una pragmática inspirada por el cardenal Cisneros:

 

“Los egipcianos y caldereros extranjeros, durante los sesenta días siguientes al pregón, tomen asiento en los lugares y sirvan a señores que les den lo que hubieren menester y no vaguen juntos por los reinos, o que al cabo de sesenta días salgan de España sopena de cien azotes y destierro la primera vez y que les corten las orejas y los turnen a desterrar la segunda vez que fueren hallados…”.

 

En términos más duros, si cabe, se redactan las pragmáticas de Carlos V, Felipe II, Felipe III y toda la casa de Austria; Felipe V, iniciador de la casa de Borbón llega a decir con incalificable brutalidad: “se ordena cazar a los gitanos”.

Y así hasta llegar a Carlos III, el rey ilustrado que, tomando como modelo disposiciones dadas en Austria, firma en 1783 una pragmática más benévola, menos aparentemente genocida; en ella descubrimos artículos, el séptimo de dicha ley, en el que se puede leer: concedo el término de 90 días para que todo vagabundos de esta o cualquier clase que sea, se requiere a los domicilios de los pueblos que eligieren, excepto, para ahora, la corte y sitios reales, y abandonando el traje, y lengua y modales de los llamados gitanos…”.

Por otra parte, El escritor Jorge Borrow, “don Jorgito el inglés”, autor de libros como la Biblia en España. “Los gitanos” (ambos traducidos al castellano por Azaña), además de ser el artífice de la traducción del Evangelio al vasco y al Romany o lengua de los gitanos españoles, se ve obligado a afirmar, mediado el siglo pasado, que “de lo que no hay duda es que los gitanos tienen alma inmortal”.

Se conoce un anteproyecto de ley del año 1938 en el que se condenan los matrimonios mixtos, el matrimonio de un elemento con otro de raza inferior.

En 1942, cuando el nazismo, a la vez que exterminaba a quinientos mil gitanos, creía poder imponerse, se ordenaba en España: “vigilar escrupulosamente a los gitanos…”.



Escena de la obra teatral "Camelamos naquerar"

Toda esta historia de caza y persecución de los hábitos culturales ha ido creando un inconsciente colectivo que rechazo a los gitanos (a la vez que, paradójicamente, el gitano nos tenía más salida posible que la de seguir siéndolo), que ha ocasionado la sedimentación y cristalización de una general animadversión o prejuicio. Entendiendo por prejuicio la percepción negativa de grupos humanos diferentes cultural, física y económicamente; quizás, lo más característico del prejuicio sea, como señala Aliport, irreversibilidad ante nuevos conocimientos. Esta tensión se da con frecuencia incluso en personas claramente opuestas (a nivel consciente) a la opresión en cualquiera de las formas en que se ejerza; para demostrar esto bastaría con analizar la ideología que subyace en chistes, canciones, refranes, etc., que se repiten constantemente sin cuestionar su contenido y que, captado por el niño, producir la mecánica transmisora del virus que perpetúa, generación tras generación, el prejuicio. Hace una semana regresó del colegio mi hijo mayor recitando, con una gracia propia de sus cuatro años, cancioncilla popular que le había enseñado la maestra:

 

Este galapaguito

no tiene mare,

lo parió una gitana

lo echó a la calle.

 

Está clara la permanente asignación de cualidades desmesuradas distorsionadas, negativas, aunque como en el caso de la cancioncilla anterior si oponga frontalmente a la verdad; la cohesión de la familia gitana, de la indigencia y la promiscuidad a la que se ve condenada, resulta ejemplar.

A otro nivel, pero íntimamente relacionado con este, nos encontramos con el triste hecho de considerar al gitano como punto de referencia para el trabajador explotado no gitano que dé en él el estadio de donde pudo salir con su trabajo honrado, perdiéndose así los límites de la explotación de una clase por otra, en beneficio de una competitividad entre los trabajadores que es la que enmascara la explotación.

La pervivencia de dicho prejuicio ha posibilitado a la clase dominante para que, de una forma consciente, se utilice al gitano, llegado el caso, como elemento discordante y, por ende, disgregante de la necesaria unidad del trabajador.

Por otra parte, existe la deslumbrante mitología del gitano cantaor, guitarrista, torero, artista cuyo poder, su liderazgo, en Andalucía estaba llamado a ser de suma importancia en las reivindicaciones populares. Pero por eso la dictadura en sus comienzos (años 40) tuvo especial interés en apropiarse esta simbología gitanoflamencoandaluza y mediante una tergiversación cuidadosa doméstico el grito rebelde para utilizarlo como imagen, no ya solo de una Andalucía feliz a lo Ortega y Gasset, sino de toda una feliz y exportable España.

 Además, hay zonas en que el gitano se ha incorporado, hace tiempo, como obrero, bracero o peón a una actividad laboral, con lo que se enfrenta con los mismos problemas que un trabajador no gitano, ahora bien, en estos casos, el gitano sufre una doble explotación: una como trabajador y otra como gitano. Ángel Pérez Casas en su tesis doctoral dice para Granada lo que yo he comprobado en toda España: “La discriminación que se tiene con los gitanos, actúa laboralmente en los siguientes aspectos: el gitano es el último en ser admitido, y el primero en ser despedido; se le entregan las tareas más duras, en las que el gitano tiene que rendir más que el castellano para ser aceptado. Siendo muy difícil entrar en plantilla y disfrutar de los beneficios consiguientes…”.

Sintetizando, podríamos decir que el gitano en la actualidad sigue siendo lo que a la clase dominante le ha interesado, o lo que es lo mismo, que al gitano se le ha obligado a que sea gitano. En última instancia han sido coacciones informadas por intereses políticos, religiosos y económicos los que ha obligado a la minoría gitana a mantenerse como tal. Estas coacciones son las que conforman las relaciones del payo con el gitano. Es el resto de la sociedad quien delimita y define a la minoría gitana. Por ejemplo, el mito de la vida en libertad, solo ocupada en el ocio, el recreo y la juerga, no es más que una invención parternalístico-romántica que actúa como calmante de una conciencia culpable porque si nos atenemos a los datos extraídos de la tesis de bienestar hay que afirmar que la población activa gitana es superior en un 10% resto de la población española. La generalizada acusación de vagancia, como dice el profesor Cazorla, no es más que la confusión voluntaria del subempleo con el ocio. Confusión voluntaria que viene a justificar la no inclusión de sus ocupaciones como profesiones que merecen unas condiciones laborales adecuadas.



Resumiendo, hace 500 años que los gitanos españoles sufrimos un trato discriminado. La ideología dominante en el país ha segregado una mecánica que perpetúa dicha discriminación, por lo tanto, este problema, que ofende a todos, seguirá existiendo a no ser que todos los demócratas, amantes de la libertad y la igualdad, aceptemos la obligación de luchar por conseguir la incorporación del pueblo gitano en pie de igualdad con el resto de los ciudadanos. En el marco de esta lucha hay que situar, como detonante, a CAMELAMOS NAQUERAR.

José Heredia Maya




FUENTE: Este texto ha sido extraído del disco "Camelamos naquerar (queremos hablar)", editado en Barcelona por EDIGSA en 1977.

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