Una historia, un olvido... el discurrir invisible de lo que existió y se desconoce

Este espacio pretende entender la historia como una disciplina que proporciona, tanto la información como los instrumentos necesarios para conocer el pasado, pero también como una herramienta para comprender al "otro", a nosotros mismos y a la sociedad del presente en la que interactuamos.

Conocer la historia de los gitanos españoles es esencial para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos.

Las publicaciones contenidas en este blog-revista tienen derechos de autor. Se ruega citen su procedencia.

martes, 18 de agosto de 2026

Los gitanos en la pintura de John Phillip: La Perla de Triana

 Texto procedente de la publicación de Rocío Plaza Orellana: John Phillip “El Español”. Un pintor escocés en Sevilla (1817-1867), Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla, 2022, pp. 56-57 y 188).

 

Esta obra se presentó en la exhibición anual de la Royal Academy en 1853. Se le tituló en castellano y acompañándole de texto procedente de El mercader de Venecia de Shakespeare, en donde Moroco explica el tono oscuro de su piel, por la que el escritor inglés reflexiona sobre las diferencias que se establecen a partir de la raza. Un texto literario unido a una pintura que estaba en consonancia con la cultura artística victoriana.

El retrato presenta a La Perla, una bailarina gitana de Triana famosa por sus bailes de jaleo, como el Vito y el Olé, popularizados ya en 1847. La crítica artística británica la calificó “como un retrato de belleza femenina gitana, de expresión fina e inteligente, ataviada con un vestuario tan adecuado para su condición social, como hermoso la modelo”.


Fecha: 1852

Aberdeen Art Gallery & Museums

Una de sus actuaciones en una fiesta celebrada un domingo de mayo en un corral de Triana, fue recogida por Estébanez Calderón en Escenas andaluzas, obra publicada en 1847. En ella actuó la Perla con su amante El Jerezano.

 

“Salió la Perla con su amante El Jerezano a bailar. Él también plantado en su persona cuanto lleno de majeza y boato en su vestir, y ella así picante en su corte y traza como lindísima en su rostro, y realzada y limpia en las sallas y vestidos. sin sombrero, porque lo arrojó a los pies de la perla para provocarla al baile, y ella sin mantilla y vestida de Blanco, comenzaron por el son de la rondeña en dar muestra de su habilidad y gentileza. El pie pulido de ella se perdía de vista por los giros y huertas que describía y por los juegos y primores que ejecutaba; su cabeza airosa, ya volviendola gentilmente al lado opuesto de por dónde serenamente discurría, ya apartándola con desdén y desenfado de entre sus brazos, ya orlándola con ellos como queriéndola ocultar y embolzarse, para el gusto las proporciones de un buen griego, pero la imaginación las ilusiones de un sueño voluptuoso. Los brazos mórbidos y de linda proporción, hora los abandonaba como en desmayo, ya los agitaba como en frenesí y delirio, ya los sublimaba o derivaba alternativamente como quien recoge flores o rosas que se le caen. Aquí doblaba la cintura, allí el talle, por doquier se estremecía, por todas partes circulaba, ora blandamente como cisne que hiende el agua, hora ágil y rápida como surfide que corta el aire. El bailador le seguía menos como rival en destreza que como mortal que sigue a una diosa. Los cantores y cantadoras llovían coplas para provocar y multiplicar otras mudanzas y nuevas actitudes” (Estébanez Calderón, 1847: 211).

No hay comentarios:

Publicar un comentario