Una historia, un olvido... el discurrir invisible de lo que existió y se desconoce

Este espacio pretende entender la historia como una disciplina que proporciona, tanto la información como los instrumentos necesarios para conocer el pasado, pero también como una herramienta para comprender al "otro", a nosotros mismos y a la sociedad del presente en la que interactuamos.

Conocer la historia de los gitanos españoles es esencial para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos.

Las publicaciones contenidas en este blog-revista tienen derechos de autor. Se ruega citen su procedencia.

jueves, 27 de agosto de 2026

La visión de José Heredia Maya sobre el Pueblo Gitano en 1976

 

El conocimiento que se tiene del gitano es el resultado de sumar una serie de evidencias ambientales fragmentadas y marginadoras tanto en la familia como en la escuela, el taller, el campo, a través de la radio la televisión, la prensa, los libros, incluso los de historia religión o lingüística. Da igual. Sea cuál fue la fuente a que recurramos siempre la hallaremos emponzoñada por un racismo descarado o cuando menos por un paternalismo religioso y romántico degradante o por una apatía vergonzosa.

La ausencia de testimonios veraces constituye una dificultad insalvable a la hora de dar respuesta a preguntas tales como ¿cuál es la situación del gitano en España? ¿Cuáles son los perfiles de los hábitos culturales de la etnia? ¿Cómo ha influido y en qué grado la lengua y el folklore en las costumbres patrias? Resulta triste, porque constituye una prueba contundente de que también a nivel científico se ha ejercido la marginación, comprobar la inexistencia de tentativas serias con la exigencia apriorística clara de conseguir resultados científicos.


Portada del disco. Colección M. Martínez

Otra enorme dificultad surge de que los gitanos no formamos una colectividad en posesión de una territoriedad común localizada en un área determinada, sino que aparecemos esparcidos de forma irregular desde Almería Pontevedra. Esto, la ausencia de una geografía compartida impide que podamos hablar del gitano como una realidad única en su relación con el payo, busné, vecino, etc. La realidad social del gitano no es, pues, única ni absoluta; al analizarla habría que tener en cuenta varios aspectos básicos:

a)   La distinta influencia que el gitano recibe según que se halle en un entorno rural usen clave en otro urbano. En los pequeños pueblos españoles suele asentarse un número muy reducido de gitanos lo que opera de forma aplastante, angustiante; el gitano se encuentra solo, desguarecido, expuesto a cualquier actitud indolente o racista, que por supuesto, le hiere y por lo tanto en unos casos le encona contra el resto de la sociedad y en otros le obliga a aceptar mal que bien, en su totalidad el status que, inconscientemente, sabe que le degrada; el gitano en una Comunidad de pequeño porte, en general, vive absolutamente en soledad.

El gitano urbano, el que vive en una gran ciudad, además de que se encuentra sometido a un tipo de presión social distinta que surge como secreción de las relaciones propias de la sociedad de consumo: fábricas, grandes almacenes, espectáculos, etc…, además de esto, digo, casi siempre habita en zonas (suburbiales por lo general) en las que reside un alto porcentaje de hermanos por lo que resulta beneficiado con la posibilidad de relacionarse a nivel de igualdad. Como señala Francesc Boutey, el gitano “va” a la ciudad nada más que a obtener lo necesario para su vida. En general le afectan menos las grandes catástrofes ocurridas en la urbe que las pequeñas cosas que suceden en su propia y reducida comunidad porque en ella participa.

b)   La localización en una región o en otra conlleva distintas peculiaridades. Por supuesto que zonas como la catalana ofrece unas posibilidades de “desarrollo” y, por lo tanto, de pérdida de características propias que no permiten otras regiones.

El caso de Andalucía con el flamenco se nos ofrece claro: el 95% de los artistas flamencos son andaluces y más concretamente gitanoandaluces. Esta circunstancia es señalada por Carlos Clavería como decisiva para explicar la gran cantidad de gitanismos existentes en el seno del español. También, junto al gitano torero alzado a la categoría de mito por la conciencia popular andaluza, justifica que en ciertas fechas todo sureño sueñe con ser “moreno de verde luna”.

c)   El grado de conocimientos, de sedentarismo, así como el nivel económico y profesional del gitano son factores de suma importancia. Encontraríamos distintas propuestas y respuestas dependiendo de que estas procediesen de un gitano en el taller, un gitano en el tablao, un gitano en la Universidad o un gitano en los caminos, nómada, ya que supondría un hábitat distinto, un nivel educativo distinto, una pervivencia desigual de las tradiciones y formas de vida genuinamente gitanas y sobre todo unos distintos intereses económicos y profesionales.

José Heredia Maya

A pesar de estas diferencias existen características comunes. En un primer lugar la étnica. En un segundo lugar, y en parte como consecuencia de la unidad racial, la unidad lingüística; todos los gitanos del mundo conocen en mayor o menor grado una lengua común que en España puede estar representada por la utilización esporádica de unos pocos lexemas, pero incluso estos gitanos tienen consciencia de unidad lingüística.

Una tercera característica consiste en la marginación, la discriminación que padecemos como remora de pragmática y órdenes persecutorias que llegan hasta nuestros días y que se dictan como consecuencia de la entidad étnica y cultural opuesta a la sociedad dominante en Europa.

Podríamos afirmar que la discriminación del gitano en la actualidad es el resultado de unas expresiones sociales, políticas y religiosas concretas que se inician poco después de la llegada de éstos a España, justo cuando los Reyes Católicos en 1499 promulgan una pragmática inspirada por el cardenal Cisneros:

 

“Los egipcianos y caldereros extranjeros, durante los sesenta días siguientes al pregón, tomen asiento en los lugares y sirvan a señores que les den lo que hubieren menester y no vaguen juntos por los reinos, o que al cabo de sesenta días salgan de España sopena de cien azotes y destierro la primera vez y que les corten las orejas y los turnen a desterrar la segunda vez que fueren hallados…”.

 

En términos más duros, si cabe, se redactan las pragmáticas de Carlos V, Felipe II, Felipe III y toda la casa de Austria; Felipe V, iniciador de la casa de Borbón llega a decir con incalificable brutalidad: “se ordena cazar a los gitanos”.

Y así hasta llegar a Carlos III, el rey ilustrado que, tomando como modelo disposiciones dadas en Austria, firma en 1783 una pragmática más benévola, menos aparentemente genocida; en ella descubrimos artículos, el séptimo de dicha ley, en el que se puede leer: concedo el término de 90 días para que todo vagabundos de esta o cualquier clase que sea, se requiere a los domicilios de los pueblos que eligieren, excepto, para ahora, la corte y sitios reales, y abandonando el traje, y lengua y modales de los llamados gitanos…”.

Por otra parte, El escritor Jorge Borrow, “don Jorgito el inglés”, autor de libros como la Biblia en España. “Los gitanos” (ambos traducidos al castellano por Azaña), además de ser el artífice de la traducción del Evangelio al vasco y al Romany o lengua de los gitanos españoles, se ve obligado a afirmar, mediado el siglo pasado, que “de lo que no hay duda es que los gitanos tienen alma inmortal”.

Se conoce un anteproyecto de ley del año 1938 en el que se condenan los matrimonios mixtos, el matrimonio de un elemento con otro de raza inferior.

En 1942, cuando el nazismo, a la vez que exterminaba a quinientos mil gitanos, creía poder imponerse, se ordenaba en España: “vigilar escrupulosamente a los gitanos…”.



Escena de la obra teatral "Camelamos naquerar"

Toda esta historia de caza y persecución de los hábitos culturales ha ido creando un inconsciente colectivo que rechazo a los gitanos (a la vez que, paradójicamente, el gitano nos tenía más salida posible que la de seguir siéndolo), que ha ocasionado la sedimentación y cristalización de una general animadversión o prejuicio. Entendiendo por prejuicio la percepción negativa de grupos humanos diferentes cultural, física y económicamente; quizás, lo más característico del prejuicio sea, como señala Aliport, irreversibilidad ante nuevos conocimientos. Esta tensión se da con frecuencia incluso en personas claramente opuestas (a nivel consciente) a la opresión en cualquiera de las formas en que se ejerza; para demostrar esto bastaría con analizar la ideología que subyace en chistes, canciones, refranes, etc., que se repiten constantemente sin cuestionar su contenido y que, captado por el niño, producir la mecánica transmisora del virus que perpetúa, generación tras generación, el prejuicio. Hace una semana regresó del colegio mi hijo mayor recitando, con una gracia propia de sus cuatro años, cancioncilla popular que le había enseñado la maestra:

 

Este galapaguito

no tiene mare,

lo parió una gitana

lo echó a la calle.

 

Está clara la permanente asignación de cualidades desmesuradas distorsionadas, negativas, aunque como en el caso de la cancioncilla anterior si oponga frontalmente a la verdad; la cohesión de la familia gitana, de la indigencia y la promiscuidad a la que se ve condenada, resulta ejemplar.

A otro nivel, pero íntimamente relacionado con este, nos encontramos con el triste hecho de considerar al gitano como punto de referencia para el trabajador explotado no gitano que dé en él el estadio de donde pudo salir con su trabajo honrado, perdiéndose así los límites de la explotación de una clase por otra, en beneficio de una competitividad entre los trabajadores que es la que enmascara la explotación.

La pervivencia de dicho prejuicio ha posibilitado a la clase dominante para que, de una forma consciente, se utilice al gitano, llegado el caso, como elemento discordante y, por ende, disgregante de la necesaria unidad del trabajador.

Por otra parte, existe la deslumbrante mitología del gitano cantaor, guitarrista, torero, artista cuyo poder, su liderazgo, en Andalucía estaba llamado a ser de suma importancia en las reivindicaciones populares. Pero por eso la dictadura en sus comienzos (años 40) tuvo especial interés en apropiarse esta simbología gitanoflamencoandaluza y mediante una tergiversación cuidadosa doméstico el grito rebelde para utilizarlo como imagen, no ya solo de una Andalucía feliz a lo Ortega y Gasset, sino de toda una feliz y exportable España.

 Además, hay zonas en que el gitano se ha incorporado, hace tiempo, como obrero, bracero o peón a una actividad laboral, con lo que se enfrenta con los mismos problemas que un trabajador no gitano, ahora bien, en estos casos, el gitano sufre una doble explotación: una como trabajador y otra como gitano. Ángel Pérez Casas en su tesis doctoral dice para Granada lo que yo he comprobado en toda España: “La discriminación que se tiene con los gitanos, actúa laboralmente en los siguientes aspectos: el gitano es el último en ser admitido, y el primero en ser despedido; se le entregan las tareas más duras, en las que el gitano tiene que rendir más que el castellano para ser aceptado. Siendo muy difícil entrar en plantilla y disfrutar de los beneficios consiguientes…”.

Sintetizando, podríamos decir que el gitano en la actualidad sigue siendo lo que a la clase dominante le ha interesado, o lo que es lo mismo, que al gitano se le ha obligado a que sea gitano. En última instancia han sido coacciones informadas por intereses políticos, religiosos y económicos los que ha obligado a la minoría gitana a mantenerse como tal. Estas coacciones son las que conforman las relaciones del payo con el gitano. Es el resto de la sociedad quien delimita y define a la minoría gitana. Por ejemplo, el mito de la vida en libertad, solo ocupada en el ocio, el recreo y la juerga, no es más que una invención parternalístico-romántica que actúa como calmante de una conciencia culpable porque si nos atenemos a los datos extraídos de la tesis de bienestar hay que afirmar que la población activa gitana es superior en un 10% resto de la población española. La generalizada acusación de vagancia, como dice el profesor Cazorla, no es más que la confusión voluntaria del subempleo con el ocio. Confusión voluntaria que viene a justificar la no inclusión de sus ocupaciones como profesiones que merecen unas condiciones laborales adecuadas.



Resumiendo, hace 500 años que los gitanos españoles sufrimos un trato discriminado. La ideología dominante en el país ha segregado una mecánica que perpetúa dicha discriminación, por lo tanto, este problema, que ofende a todos, seguirá existiendo a no ser que todos los demócratas, amantes de la libertad y la igualdad, aceptemos la obligación de luchar por conseguir la incorporación del pueblo gitano en pie de igualdad con el resto de los ciudadanos. En el marco de esta lucha hay que situar, como detonante, a CAMELAMOS NAQUERAR.

José Heredia Maya




FUENTE: Este texto ha sido extraído del disco "Camelamos naquerar (queremos hablar)", editado en Barcelona por EDIGSA en 1977.

martes, 18 de agosto de 2026

Los gitanos en la pintura de John Phillip: La Perla de Triana

 Texto procedente de la publicación de Rocío Plaza Orellana: John Phillip “El Español”. Un pintor escocés en Sevilla (1817-1867), Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla, 2022, pp. 56-57 y 188).

 

Esta obra se presentó en la exhibición anual de la Royal Academy en 1853. Se le tituló en castellano y acompañándole de texto procedente de El mercader de Venecia de Shakespeare, en donde Moroco explica el tono oscuro de su piel, por la que el escritor inglés reflexiona sobre las diferencias que se establecen a partir de la raza. Un texto literario unido a una pintura que estaba en consonancia con la cultura artística victoriana.

El retrato presenta a La Perla, una bailarina gitana de Triana famosa por sus bailes de jaleo, como el Vito y el Olé, popularizados ya en 1847. La crítica artística británica la calificó “como un retrato de belleza femenina gitana, de expresión fina e inteligente, ataviada con un vestuario tan adecuado para su condición social, como hermoso la modelo”.


Fecha: 1852

Aberdeen Art Gallery & Museums

Una de sus actuaciones en una fiesta celebrada un domingo de mayo en un corral de Triana, fue recogida por Estébanez Calderón en Escenas andaluzas, obra publicada en 1847. En ella actuó la Perla con su amante El Jerezano.

 

“Salió la Perla con su amante El Jerezano a bailar. Él también plantado en su persona cuanto lleno de majeza y boato en su vestir, y ella así picante en su corte y traza como lindísima en su rostro, y realzada y limpia en las sallas y vestidos. sin sombrero, porque lo arrojó a los pies de la perla para provocarla al baile, y ella sin mantilla y vestida de Blanco, comenzaron por el son de la rondeña en dar muestra de su habilidad y gentileza. El pie pulido de ella se perdía de vista por los giros y huertas que describía y por los juegos y primores que ejecutaba; su cabeza airosa, ya volviendola gentilmente al lado opuesto de por dónde serenamente discurría, ya apartándola con desdén y desenfado de entre sus brazos, ya orlándola con ellos como queriéndola ocultar y embolzarse, para el gusto las proporciones de un buen griego, pero la imaginación las ilusiones de un sueño voluptuoso. Los brazos mórbidos y de linda proporción, hora los abandonaba como en desmayo, ya los agitaba como en frenesí y delirio, ya los sublimaba o derivaba alternativamente como quien recoge flores o rosas que se le caen. Aquí doblaba la cintura, allí el talle, por doquier se estremecía, por todas partes circulaba, ora blandamente como cisne que hiende el agua, hora ágil y rápida como surfide que corta el aire. El bailador le seguía menos como rival en destreza que como mortal que sigue a una diosa. Los cantores y cantadoras llovían coplas para provocar y multiplicar otras mudanzas y nuevas actitudes” (Estébanez Calderón, 1847: 211).

lunes, 11 de mayo de 2026

EXPOSICIÓN: UNA MIRADA DIFERENTE A TRAVÉS DE LA HISTORIA GITANA (Granada, mayo 2026)

 La muestra reúne un conjunto suficientemente diverso de materiales que permite conocer, reflexionar y comprender las distintas fases y ámbitos de la historia del Pueblo Gitano en España.

El recorrido se abre con los oficios tradicionales y el fruto de su maestría artesanal: el repujado del cobre, la cestería, el trenzado de la enea en las sillas, la forja del hierro o el lañado de la porcelana. Un universo de saberes que revela a un Pueblo sostenible, capaz de dar nueva vida a los objetos sin dañar la naturaleza.

Momento de la visita guiada
Frente a esta vitrina se presentan figuras gitanas de referencia: Helios Gómez, Pepe Heredia, Pilar Távora, etc., junto a artistas que marcaron la cultura española, como Camarón, el Lebrijano o Carmen Amaya.

El itinerario conduce después a la sección dedicada al antigitanismo, donde se exhibe una selección de literatura de cordel del siglo XIX, origen de muchos estereotipos y prejuicios. La vitrina se completa con historietas de antiguos tebeos infantiles, que alimentaron el rechazo hacia los gitanos entre los niños de los años sesenta, setenta y ochenta. Se incluye también un aleluya peyorativo sobre la vida gitana y dos obras fundamentales de Ismael Cortés para comprender este fenómeno.

Cartel de la muestra
A continuación se encuentra la vitrina dedicada a la mujer gitana, homenaje a su papel esencial en la historia y en la resistencia del Pueblo Gitano en España. El espacio se completa con una selección de bibliografía histórica, que incluye obras clave para entender la Gran Redada y la persecución secular, como el discurso de Sancho de Moncada o el Sínodo de Toledo de 1680.

Estos materiales permiten introducir, en la vitrina siguiente, algunos de los primeros testimonios de la lucha gitana por su reparación histórica. Se exhiben el cartel de la manifestación de Móstoles de 1991, una placa de Lleida dedicada al marqués de la Ensenada, el programa de inauguración del primer monumento a las víctimas gitanas (2015), el Libro Blanco del Pueblo Gitano de 1877 y los carteles de los actos de homenaje celebrados en Zaragoza (2015), Alicante (2016) y Denia (2017).

Momento de la inauguración
La última sección, la más amplia, reúne dos expositores. El primero está dedicado a la legislación histórica, con un ejemplar de la Novísima Recopilación de 1805 y diversas leyes antigitanas, entre ellas la Real Orden de prisión de 1749 y una carta-orden del Consejo de Castilla de 1731, nombrando comisarios para la persecución de gitanos. En el segundo expositor se aborda la represión ejercida por la Guardia Civil, con manuales, la cartilla del cuerpo y números de la Revista Técnica de la Guardia Civil. Se muestran también grilletes, un collar de collera, un látigo para la pena de azotes y otro empleado por los cómitres en las galeras. Finalmente, para evocar las minas de Almadén, se incluye un mazo utilizado para machacar el mineral y muestras de cinabrio procedentes de la llamada “Caña gitana”.

El conjunto se completa con lonas, carteles y roll ups que aportan, entre otras informaciones: la pena de galeras, el interés romántico por lo gitano, la Real Orden de 1749 y las instituciones que sostuvieron la represión.



lunes, 16 de febrero de 2026

LA FASCINACIÓN PICTÓRICA POR EL RETRATO FEMENINO DE GITANAS

 La fascinación por la figura femenina gitana ha sido uno de los dispositivos visuales más persistentes de la cultura europea, un mecanismo donde la mirada externa convierte a la mujer romaní en emblema, en arquetipo y, finalmente, en ficción. Bajo la apariencia de admiración estética —la belleza “exótica”, la libertad indómita, la sensualidad romántica— se esconde una operación de despersonalización: la mujer gitana deja de ser sujeto para convertirse en superficie de proyección, en un cuerpo simbólico que confirma los deseos y fantasías del observador. Esta iconografía, repetida desde la pintura decimonónica hasta la fotografía turística y ciertos imaginarios contemporáneos, construye un “mundo aparte” donde la gitana no es una persona concreta, sino un tipo cultural disponible para el consumo visual. Lo que parece homenaje es, en realidad, una forma de captura: una mirada que fija, simplifica y domestica aquello que dice admirar.


La mujer gitana ha provocado una fascinación exotizante por su cuerpo, a través de una mirada romántica y estereotipada, que constituye frecuentemente una apropiación visual del cuerpo femenino romaní y una estetización de la alteridad, envuelta por conceptos como la libertad, el misterio y la sensualidad.

Entre los principales retratistas de mujeres gitanas en el siglo XIX, podemos citar a John Philip, especializado en escenas costumbristas españolas de gitanas andaluzas con fuerte carga romántica. Entre los españoles: Joaquín Sorolla y Mariano Fortuny con acuarelas y óleos de gitanas en Granada a través de una mirada orientalizante y etnográfica. Ya en el siglo XX destaca Isidre Nonell por sus retratos de gitanas a partir de una mirada más humana y dignificadora, sin exotismo ni erotización. En cambio, Julio Romero de Torres sí fusiona erotización con simbolismo y mito andaluz.

La “gitana” como marca

Desde finales del siglo XIX y durante todo el XX, la figura de la mujer gitana se convirtió en un recurso comercial en España y en otros países mediterráneos. Su imagen funcionó y aún funciona como símbolo de lo español, de lo andaluz, de lo “auténtico” y de lo “popular”. 

Se utilizó para vender vinos y manzanillas, licores, conservas de pescado, aceites y otros productos agrícolas, cafés, chocolates y especias, tabaco y cerillas.

Se trata de una apropiación cultural que toma una figura real para convertirla en un logotipo, en el que la “gitana” representada no es identificada: es un arquetipo, no una persona. Se abusa así del arquetipo de la “gitana festiva” como reclamo exótico y de lo español, que no hace más que invisibilizar la diversidad y la vida auténtica de las mujeres gitanas.


GUSTAVE DORÉ, LOS GITANOS, LE TOUR DU MONDE Y EL EXOTISMO DEL S. XIX

 Gustave Doré (1832–1883) ilustró numerosos relatos publicados en la revista francesa Le Tour du Monde. Nouveau journal des voyages, especialmente los dedicados a España escritos por Jean‑Charles Davillier. Las entregas publicadas por entregas entre 1862 y 1873 fueron incluidas en 1874 en L’Espagne y, en 1875, en Voyage en Espagne.


Doré recorrió casi toda Andalucía, Castilla, Aragón, Cataluña y otros lugares, al mismo tiempo que reproducía escenas populares, paisajes, tipos sociales y costumbres. Un trabajo, que consolidó su prestigio como cronista visual del viaje y de la alteridad, no exento de exotización y fascinación romántica.

Dibujó a las personas gitanas en numerosos contextos de la Andalucía rural, en escenas de baile y música, en aspectos de la vida cotidiana en campamentos, desplazamientos, ferias, ventas y barrios gitanos como los del Albaicín y el Sacromonte de Granada. Unos grabados en los que plasmó la fascinación francesa por lo “gitano” como símbolo de libertad, peligro, sensualidad o marginalidad. No obstante, también en ocasiones se alejó del estereotipo, visibilizando rostros concretos, costumbres y actividades cotidianas, transmitiendo un mensaje que desmontaba la mirada colonial y romántica, para traslucir la pobreza estructural y las duras condiciones de vida de los gitanos.

Esta mirada de Doré entró en conflicto con los textos de Davillier, basados en los tópicos románticos heredados de Mérimée y Gautier, quienes describían a los gitanos como “ladinos”, “pícaros”, “misteriosos”; frente a las instantáneas de familias, niños, mujeres mayores, escenas de trabajo o descanso captadas por Doré.

 

Su obra le convirtió en uno de los ilustradores más influyentes del siglo XIX. Entre sus colaboraciones destacan: La Divina Comedia, Don Quijote, La Biblia, Los cuentos de Perrault y El Paraíso Perdido. Sin embargo, fue esta serie de grabados lo que le permitió, aparte de su maestría en el dibujo, reescribir una memoria visual desde la dignidad.


miércoles, 21 de enero de 2026

CRÓNICA E HISTORIA GENERAL DEL PUEBLO GITANO EN ESPAÑA. TOMO I: CAMINO AL EXTERMINIO

 

Esta obra inaugura una cronología exhaustiva del Pueblo Gitano en España, concebida no como una simple sucesión de fechas, sino como una herramienta analítica capaz de revelar seis siglos de represión institucional ejercida por el Estado y la Iglesia Católica. Al ordenar los acontecimientos año por año, la publicación permite identificar patrones, comparar políticas y visibilizar tanto las medidas antigitanas como las formas de resistencia desplegadas por dicho Pueblo.



El proyecto se estructura en tres tomos complementarios. El primero abarca desde la llegada documentada del Pueblo Gitano a la Península hasta 1707. El segundo recorrerá el periodo comprendido entre 1708 y 1811, marcado por reformas borbónicas, nuevas estrategias de control y episodios de violencia institucional. El tercero cubrirá desde 1912 hasta diciembre de 2025, permitiendo analizar la transición hacia la contemporaneidad, las políticas del siglo XX y XXI, y los avances y retrocesos en materia de derechos, reconocimiento y memoria.

La elección del formato cronológico no solo facilita la comprensión histórica, sino que abre un camino metodológico para incorporar nuevos documentos y testimonios, detectar vacíos en la investigación y orientar futuros estudios hacia periodos menos explorados. Con ello, la obra aspira a convertirse en un instrumento de memoria, análisis y reparación, capaz de iluminar la compleja trayectoria del Pueblo Gitano en España y de cuestionar los fundamentos históricos del antigitanismo estructural.

 

miércoles, 8 de octubre de 2025

Los gitanos en la creación de la Superintendencia General de la Policía del Reino, antecesora de la actual Policía Nacional

Portada del Decreto
 Con anterioridad a la llegada de los Borbones y la consiguiente centralización del Estado, los cuerpos policiales existentes eran diversos y presentaban problemas jurisdiccionales, especialmente entre las Santas Hermandades, las justicias locales, los Migueletes, las Guardas del Reino, etc.

Con la vuelta al absolutismo en 1823, la situación de los gitanos empeoró. En principio, se derogó la Constitución de 1812, y a partir de 1827 se sucedieron recordatorios para extremar la vigilancia sobre los gitanos que aparecieran en las diferentes circunscripciones de la monarquía española. Un control para el que Fernando VII creó por Real Cédula de 1824, la Superintendencia General de la Policía del Reino, especificándose en el artículo XIV, sexto punto, el cometido de «recoger los gitanos sin domicilio […] y entregarlos a disposición de la Justicia para que los destinen con arreglo a las leyes».



Fernando VII. Wikipedia

En este Real Decreto, también quedaron definidas las cuarenta y dos atribuciones y funciones de esta nueva Policía, entre otras, la de realizar padrones del vecindario de los pueblos, expedir y visar los pasaportes de los viajeros nacionales, expedir los permisos necesarios para la venta de mercancías y ejercicio de profesiones en las calles, etc.

En los años siguientes, el cuerpo sufrió reorganizaciones en 1827, 1833 y 1835, hasta su desaparición completa en 2 de noviembre de 1840. Finalmente, se instituyó la Guardia Civil en mayo de 1844, a la que se le encargó a partir de entonces, hasta 1978, la vigilancia de los gitanos.


Fernando VII, en su vuelta a una política antigitana, intensificó la vigilancia y el control sobre la población gitana en España, institucionalizando una política de exclusión bajo el pretexto del orden público. La creación de la Superintendencia General de la Policía del Reino por Fernando VII no fue solo una reorganización administrativa: fue también una herramienta para reforzar el aparato represivo contra los cuerpos considerados “flotantes”, “sin domicilio”, “sospechosos”, en especial, los gitanos.

La Constitución gaditana había abierto tímidamente la puerta a la ciudadanía universal, aunque sin resolver la situación de los gitanos. Su derogación en 1823 significó el retorno a un modelo excluyente, donde la ley no protegía, sino que perseguía. La formulación del artículo XIV, punto sexto, ordenando “recoger los gitanos sin domicilio” y entregarlos a la justicia, convirtió la falta de domicilio, que no era más que una consecuencia de la exclusión, en un delito. Así, en lugar de proteger, la disposición se centró, una vez más, en la exclusión, en la desaparición física de las personas gitanas, destinándolos a trabajos forzados al servicio de la corona.



IMÁGENES: Colección Particular M. Martínez

Retrato de Fernando VII: Wikipedia

FUENTES:

MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel (2021). El pueblo gitano español en las revoluciones y guerras civiles (siglos XIX y XX), Almería: Círculo Rojo, p.

SAYAGO, Juan Manuel (2024). “Bicentenario de la Superintendencia General de la Policía del Reino: El cuerpo antecesor de la Policía Nacional”, en Efemérides, n.º 54 (13/01/2024).

martes, 30 de septiembre de 2025

Los 'gitanos políticos' o el Antigitanismo en el Congreso de Diputados del siglo XIX

No, no se trata de auténticas personas gitanas que formaran parte del Congreso de los Diputados del siglo XIX. Se trata, ni más ni menos, de la utilización de la mala fama de los auténticos gitanos para descalificar a sus adversarios políticos, a los que desde el diario La Posdata —opuesto al Gobierno del general Espartero— ya se les acusaba, en junio de 1842, de ser «conspiradores» y de atacar a la Constitución a través de «una política de gitanos», pretendiendo pasar «por buenos, por puros
españoles», pero sin enseñar nada «a los filósofos, ni a los políticos, ni a ningún hombre de bien».


De este modo, sin comerlo ni beberlo, la mala imagen de los gitanos entró en la política de confrontación entre liberales y moderados, colgándose unos a otros el sambenito que los gitanos venían arrastrando desde siglos atrás, con el único propósito de desacreditar a sus adversarios. Una expresión que, aunque surgida de forma espontánea y ocurrente, acabó calando en el argot político del siglo XIX.
El éxito de esta descalificación fue inmediato, colándose incluso en la proclama contra Espartero del republicano Abdón Terradas, en su llamada a las armas durante la insurrección catalana de 1842, al tildar al regente y sus acólitos de «falsos liberales y gitanos políticos».


En 1859, al comienzo del gabinete de O’Donnell, la prensa afín al Gobierno se defendió de los ataques y las críticas retomando esta locución peyorativa para aplicársela a los miembros de la oposición. Dado que su uso comenzó a ser muy corriente, desde El Clamor Público se quiso aclarar la relación que se establecía entre políticos y gitanos, argumentando que estos últimos, al igual que los ligueros, destacaban por «su vida nómada y el poco cariño que profesan al país en que viven». Además, debido a que los gitanos tenían afición a los caballos y al vino, los ligueros se habían propuesto «convertir a la nación en jumento», para quedarse «tranquilamente lo adquirido y mandarnos a latigazos», con lo que acabarían convirtiendo al país en una «feria o granjería». Y, al igual que los gitanos tenían horror a la ley, los ligueros la quebrantaban «en beneficio propio, y reservan sus rigores para los demás», motivo por el que «se parecen a los gitanos de raza en todas sus afecciones, y en vivir sin hijos, patria ni ley».
En respuesta, La España criticó a El Clamor Público por las formas empleadas, acusándolo de haberse callado muchas cosas, debido, posiblemente, «a creer que los gitanos no tienen su particular afición a los caballos, sino a otra clase de animales de más baja especie», que sin «tener horror a la ley» se acomodan «a la que más le conviene». Y por si no quedaba bien claro este paralelismo, aclaraba cómo los gitanos se distinguían por «ser los mediadores en todo trato de animales y en engañar a las dos partes», ya que «la gracia de un gitano está en que el vendedor venda más barato y el comprador compre más caro», un chalaneo que era practicado por aquellos políticos.


En septiembre de 1864 fue el caló el que acabó convirtiéndose en excusa para atacar a los moderados, negándole su entidad como lengua y rebajándolo a una jerga de delincuentes con el propósito de identificarlo con la palabrería empleada por los miembros de aquel partido político. Del caló se dijo, entonces, que se había inventado «para evitar en parte las persecuciones», como un lenguaje ininteligible con el que burlar a sus vigilantes y perseguidores; así, y al igual que los gitanos y los grandes criminales, «el partido moderado, para fascinar la opinión, inventó también su palabrería», sin cesar de hablar desde la tribuna y los documentos oficiales, para «ocultar su incapacidad o sus instintos reaccionarios, del orden social».



Esta contienda semántica mantuvo vivos los estereotipos y prejuicios negativos sobre el gitano, ya que los políticos de la época los tenían tan interiorizados que no dudaban en exteriorizarlos en sus luchas dialécticas. Un abuso que no tenían por tal, por el hecho de que la imagen peyorativa del gitano era general y comúnmente aceptada. Así, cuando en noviembre de 1864, El Pensamiento Español se lamentaba de que no existieran leyes que impidieran y castigaran la difamación, no se refería, por supuesto, a las injurias contra los gitanos, sino a los políticos. Según este periódico, España no merecía «figurar en el catálogo de los pueblos cultos y civilizados», al estar gobernada por «una horda de gitanos», que, para «vergüenza de todos», se había enseñoreado del país. Un descrédito del que Narváez echó mano en marzo de 1865, durante una convulsa sesión parlamentaria, cuando en plena polémica entre vicalvaristas y conservadores liberales, y tras haber debatido acaloradamente con un diputado de la oposición, exclamó exaltado: «Estas no son Cortes: parecemos gitanos».

Esta expresión formulada por los principales representantes de la política española del siglo XIX, muestra con crudeza cómo el antigitanismo que se había instalado en el lenguaje político de este siglo,  como un recurso habitual, aceptado y eficaz; por el que, la imagen del gitano no representa un sujeto histórico, sino que es utilizada como un insulto, como metáfora de desorden, incultura y amenaza. Lo que se denuncia no es la injusticia contra los gitanos, sino la supuesta degradación del sistema político por su “semejanza” con ellos.

La imagen peyorativa del gitano era “general y comúnmente aceptada”, confirmando que el antigitanismo no era solo ideológico, también era estructural, presente en el lenguaje, en la ley y en la cultura.




Para mayor información: MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel (2021). El pueblo gitano español en las revoluciones y guerras civiles (siglos XIX y XX)Almería: Círculo Rojo, pp. 138-157.

Imágenes de Wikipedia
Congreso: https://es.wikipedia.org/wiki/Cortes_Generales
General Narváez: https://es.wikipedia.org/wiki/Ram%C3%B3n_Mar%C3%ADa_Narv%C3%A1ez



sábado, 26 de abril de 2025

EXPOSICIÓN "HISTORIA DEL PUEBLO GITANO. 600 ANIVERSARIO DE LA LLEGADA A ESPAÑA


Inicialmente prevista del 1 al 15 de abril, hubo de ampliarse hasta el día 23, debido a la gran demanda de centros colectivos y diversos colectivos  para visitarla.
La exposición se ha hecho realidad, gracias a la colaboración de la Asociación Dosta y la colección particular de Manuel Martínez. Igualmente, ha contado con el apoyo del ayuntamiento de Málaga, el conservatorio superior de danza y la delegación de cultura de la Junta de Andalucía.

Su contenido ha abarcado diferentes temáticas: la mujer gitana, la represión legislativa, el utilitarismo penal, los oficios tradicionales, el antigitanismo histórico, referentes gitanos, hitos históricos del siglo XIX, cultura gitana, bibliografía histórica. Todo original: paneles explicativos, carteles, documentos, herramientas, etc.





Le damos la enhorabuena a Ana que hizo de guía y a la Asociación Dosta, la verdadera artífice, de que esta exposición haya cumplido con los objetivos que la guían:

  • Que cada exposición de este tipo constituya una reivindicación para lograr un museo permanente del Pueblo Gitano.
  • Que si en la escuela no se estudia la historia y cultura gitana, que sea la escuela la que salga y la conozca en exposiciones como esta.











lunes, 10 de marzo de 2025

VIDEO INTERACTIVO: Historia de exclusión del Pueblo Gitano en el ámbito laboral y la condena a la pobreza

 ENLACE AL VIDEO: https://www.youtube.com/watch?v=N3mPwZ8tRgs

1.      Los primeros gitanos que llegaron a la península Ibérica, lo hicieron como peregrinos; y como tales, recibieron protección y ayuda para su viaje a los lugares santos. Además de las limosnas de particulares y cabildos municipales, sus ingresos económicos los completaban con sus actuaciones acrobáticas; prácticas adivinatorias; carreras de perros y juegos de azar; así como compra, venta y trueque de animales.

2.      Los pioneros gitanos no llegaron de vacío, por los salvoconductos para viajar con pasaje seguro,  sabemos que trajeron consigo un importante equipaje, que en el caso del conde Tomás en 1425, el rey aragonés debió ordenar a sus justicias,  se le respetara la posesión de “todas sus monturas, ropa, posesiones, oro, plata, alforjas y cualquier otro artículo que llevaran con ellos”, librándole de pagar peajes y demás impuestos; aunque, al pasar por Jaca, el receptor de peaje, al comprobar el extenso equipaje que llevaba el conde, le reclamó los peajes correspondientes a esa ciudad y al puerto de Canfranc.

3.      Cuando los Reyes Católicos dispusieron su expulsión, excepto para aquellos que tomaran señor y se dedicaran a oficios conocidos, lo hicieron con la intención de asentarlos en un sitio fijo, estable y controlable; donde debían ganarse la vida en trabajos útiles para la comunidad.

4.      Obligados por ley a avecindarse y a abandonar sus ocupaciones tradicionales. El poder del Estado colocó al gitano en una encrucijada, al exigirle en un escaso plazo de dos meses, cambiar una forma de vida que a las sociedades del mundo occidental, les llevó desarrollar miles de años.

5.      El gitano, preso por las limitaciones espaciales y laborales que se les impuso, pretendió adaptarse a las exigencias del Estado Moderno e intentar conservar su esencia gitana. Sin embargo, la corona española, en su política de homogenización social, empleó todos sus recursos para lograr su aculturación y servidumbre; abocando al gitano a sobrevivir en poblaciones convertidas en grandes cárceles, de donde no podían salir sin licencia de sus autoridades,. Una restricción que les impidió poder buscarse la vida en otros lugares o escapar de de cuantas epidemias y crisis de subsistencias se sucedieron durante la Edad Moderna.


6.      Tras la expulsión de los moriscos, en 1610 se aprobó también la de los gitanos. Sin embargo, la corona española, al comprobar los desastrosos efectos demográficos y económicos que tuvo aquella, decidió dar marcha atrás y emplearlos en las labores del campo, como única ocupación permitida, con objeto de sustituir a los moriscos en dichos trabajos.

7.      Al gitano, sin embargo, no se le facilitó el acceso a la propiedad de la tierra. Además, como desconocedor de las técnicas agrícolas, quedó a expensas de ser empleados por unos labradores, que siempre tuvieron reparos en ocuparlos en sus tierras. Y, aunque se ofreció la oportunidad de formar parte de la repoblación de Granada, el rechazo vecinal y las operaciones de captura emprendidas en aquellas fechas para dotar de forzados a las galeras, hicieron fracasar un incipiente asentamiento estable en tierras del antiguo reino de Granada.

8.      La pena de galeras tuvo una gran incidencia en el círculo de pobreza, al que el Estado había condenado al Pueblo Gitano. La corona aprovechó la fuerza de trabajo de los varones gitanos que se hallaban en los intervalos de edad más productivos, para hacer frente a sus empresas militares contra turcos, berberiscos y enemigos europeos. Sus familias quedaron descabezadas y sus mujeres hubieron de sobrevivir mediante la mendicidad y la pequeña delincuencia, lo que hizo consolidar y extender, los prejuicios peyorativos lanzados contra ellos.

9.      Otro aspecto que influyó en mantener a la comunidad gitana dentro de ese círculo de la pobreza, se halló en la rapacidad de las justicias locales y de la Santa Hermandad; las cuales, amparándose en las leyes antigitanas, procedieron con cuantos gitanos hallaban por los caminos, con el fin de apresarles y abrirles un proceso. Un procedimiento que encerraba realmente un auténtico negocio, ya que a pesar de que la sentencia fuera exculpatoria, se les condenaba al pago de los costas, que por ser frecuentemente elevadas, al no poder pagarlas, se liquidaban mediante la venta en pública subasta de los bienes que se les embargaban en el momento de ser presos.

10.  Igualmente, con ocasión de la Gran Redada de 1749, el marqués de la Ensenada determinó, que la operación de captura y traslado de las víctimas, fuera costeada con las propiedades que se les requisaran a los mismos gitanos. Y, aunque por Real Orden de de 28 de octubre de 1740 se decretó la libertad de cuantos acreditaran haber llevado una vida conforme a las pragmáticas, así como la devolución de los bienes que se les embargaron; éstos, en su mayor parte, no los recuperaron; y aquellos que tuvieron más suerte de recobrarlos, no los recibieron en las mismas condiciones.

11.  Con ocasión de la desamortización eclesiástica de Mendizábal en 1836, la oportunidad de acceder a la propiedad de la tierra se perdió nuevamente. Un fracaso que muchos gitanos quisieron superar a través de movimientos campesinos, con el objetivo de reclamar el reparto de tierras. En Andalucía la región más conflictiva, los gitanos participaron en revueltas y en revoluciones como la de Loja de 1861, en la que formaron un batallón de lanceros, que llegó incluso, a enfrentarse a un destacamento de la Guardia Civil.

12.  El gitano, condenado a la mera supervivencia y a la subalternidad, quedó atrapado durante el siglo XIX, en la temporalidad como peón agrícola y en trabajos marginales en las zonas rurales; de donde, a partir de la segunda mitad de este siglo, comenzó a emigrar hacia las ciudades, donde crearon barrios chabolistas, dedicándose a trabajos precarios mal pagados y en actividades de chatarreo, rebusca y otras de tipo marginal.

13.  Con la llegada de la República, la promesa de una reforma agraria tampoco supuso el deseado acceso a la tierra. Poco más tarde, la Guerra Civil acabó por terminar de empobrecer a las familias gitanas, dejando a los gitanos al final de la contienda en la mayor indigencia; sin que el Estado franquista creara programa alguno para remediar su situación, limitándose a relegar este cometido a las organizaciones caritativas dependientes de la Iglesia Católica.

14.  Sin acceso a la educación y a trabajos estables bien remunerados, el gitano sólo pudo heredar de sus padres, la pobreza y la exclusión social. No había perspectiva de futuro, sólo sobrevivir, pero sin perder el orgullo de ser gitano; el cual, aunque no les daba de comer, les confirió dignidad y respeto.

Con la llegada de la Democracia, el asociacionismo gitano comenzó a reclamar los derechos que la Constitución de 1978 concedía a todos los españoles, en cuanto a la vivienda, la sanidad, la educación y los demás campos en los que la comunidad gitana se hallaba desamparada. Con el tiempo, y la lucha de los activistas gitanos, se ha venido consiguiendo avances sociales con los que combatir el antigitanismo y lograr la igualdad efectiva de oportunidades, en el intento de superar la estigmatización que les dificulta a aspirar a un empleo, o incluso, al alquiler de una vivienda. Una realidad social en la que queda mucho por hacer.