El conocimiento que se tiene del
gitano es el resultado de sumar una serie de evidencias ambientales
fragmentadas y marginadoras tanto en la familia como en la escuela, el taller,
el campo, a través de la radio la televisión, la prensa, los libros, incluso
los de historia religión o lingüística. Da igual. Sea cuál fue la fuente a que
recurramos siempre la hallaremos emponzoñada por un racismo descarado o cuando
menos por un paternalismo religioso y romántico degradante o por una apatía
vergonzosa.
La ausencia de testimonios veraces constituye una dificultad insalvable a la hora de dar respuesta a preguntas tales como ¿cuál es la situación del gitano en España? ¿Cuáles son los perfiles de los hábitos culturales de la etnia? ¿Cómo ha influido y en qué grado la lengua y el folklore en las costumbres patrias? Resulta triste, porque constituye una prueba contundente de que también a nivel científico se ha ejercido la marginación, comprobar la inexistencia de tentativas serias con la exigencia apriorística clara de conseguir resultados científicos.

Portada del disco. Colección M. Martínez
Otra enorme dificultad surge de que
los gitanos no formamos una colectividad en posesión de una territoriedad común
localizada en un área determinada, sino que aparecemos esparcidos de forma
irregular desde Almería Pontevedra. Esto, la ausencia de una geografía compartida
impide que podamos hablar del gitano como una realidad única en su relación con
el payo, busné, vecino, etc. La realidad social del gitano no es, pues, única
ni absoluta; al analizarla habría que tener en cuenta varios aspectos básicos:
a)
La
distinta influencia que el gitano recibe según que se halle en un entorno rural
usen clave en otro urbano. En los pequeños pueblos españoles suele asentarse un
número muy reducido de gitanos lo que opera de forma aplastante, angustiante;
el gitano se encuentra solo, desguarecido, expuesto a cualquier actitud
indolente o racista, que por supuesto, le hiere y por lo tanto en unos casos le
encona contra el resto de la sociedad y en otros le obliga a aceptar mal que
bien, en su totalidad el status que, inconscientemente, sabe que le degrada; el
gitano en una Comunidad de pequeño porte, en general, vive absolutamente en
soledad.
El gitano urbano, el que vive en
una gran ciudad, además de que se encuentra sometido a un tipo de presión
social distinta que surge como secreción de las relaciones propias de la
sociedad de consumo: fábricas, grandes almacenes, espectáculos, etc…, además de
esto, digo, casi siempre habita en zonas (suburbiales por lo general) en las
que reside un alto porcentaje de hermanos por lo que resulta beneficiado con la
posibilidad de relacionarse a nivel de igualdad. Como señala Francesc Boutey,
el gitano “va” a la ciudad nada más que a obtener lo necesario para su vida. En
general le afectan menos las grandes catástrofes ocurridas en la urbe que las
pequeñas cosas que suceden en su propia y reducida comunidad porque en ella
participa.
b)
La
localización en una región o en otra conlleva distintas peculiaridades. Por
supuesto que zonas como la catalana ofrece unas posibilidades de “desarrollo” y,
por lo tanto, de pérdida de características propias que no permiten otras
regiones.
El caso de Andalucía con el
flamenco se nos ofrece claro: el 95% de los artistas flamencos son andaluces y
más concretamente gitanoandaluces. Esta circunstancia es señalada por Carlos Clavería
como decisiva para explicar la gran cantidad de gitanismos existentes en el
seno del español. También, junto al gitano torero alzado a la categoría de mito
por la conciencia popular andaluza, justifica que en ciertas fechas todo sureño
sueñe con ser “moreno de verde luna”.
c)
El
grado de conocimientos, de sedentarismo, así como el nivel económico y
profesional del gitano son factores de suma importancia. Encontraríamos
distintas propuestas y respuestas dependiendo de que estas procediesen de un
gitano en el taller, un gitano en el tablao, un gitano en la Universidad o un
gitano en los caminos, nómada, ya que supondría un hábitat distinto, un nivel
educativo distinto, una pervivencia desigual de las tradiciones y formas de
vida genuinamente gitanas y sobre todo unos distintos intereses económicos y
profesionales.
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| José Heredia Maya |
A pesar de estas diferencias
existen características comunes. En un primer lugar la étnica. En un segundo
lugar, y en parte como consecuencia de la unidad racial, la unidad lingüística;
todos los gitanos del mundo conocen en mayor o menor grado una lengua común que
en España puede estar representada por la utilización esporádica de unos pocos
lexemas, pero incluso estos gitanos tienen consciencia de unidad lingüística.
Una tercera característica consiste
en la marginación, la discriminación que padecemos como remora de pragmática y
órdenes persecutorias que llegan hasta nuestros días y que se dictan como
consecuencia de la entidad étnica y cultural opuesta a la sociedad dominante en
Europa.
Podríamos afirmar que la
discriminación del gitano en la actualidad es el resultado de unas expresiones
sociales, políticas y religiosas concretas que se inician poco después de la
llegada de éstos a España, justo cuando los Reyes Católicos en 1499 promulgan
una pragmática inspirada por el cardenal Cisneros:
“Los egipcianos y caldereros
extranjeros, durante los sesenta días siguientes al pregón, tomen asiento en
los lugares y sirvan a señores que les den lo que hubieren menester y no vaguen
juntos por los reinos, o que al cabo de sesenta días salgan de España sopena de
cien azotes y destierro la primera vez y que les corten las orejas y los turnen
a desterrar la segunda vez que fueren hallados…”.
En términos más duros, si cabe, se
redactan las pragmáticas de Carlos V, Felipe II, Felipe III y toda la casa de
Austria; Felipe V, iniciador de la casa de Borbón llega a decir con
incalificable brutalidad: “se ordena cazar a los gitanos”.
Y así hasta llegar a Carlos III, el
rey ilustrado que, tomando como modelo disposiciones dadas en Austria, firma en
1783 una pragmática más benévola, menos aparentemente genocida; en ella
descubrimos artículos, el séptimo de dicha ley, en el que se puede leer:
concedo el término de 90 días para que todo vagabundos de esta o cualquier
clase que sea, se requiere a los domicilios de los pueblos que eligieren,
excepto, para ahora, la corte y sitios reales, y abandonando el traje, y lengua
y modales de los llamados gitanos…”.
Por otra parte, El escritor Jorge
Borrow, “don Jorgito el inglés”, autor de libros como la Biblia en España.
“Los gitanos” (ambos traducidos al castellano por Azaña), además de ser el
artífice de la traducción del Evangelio al vasco y al Romany o lengua de los
gitanos españoles, se ve obligado a afirmar, mediado el siglo pasado, que “de
lo que no hay duda es que los gitanos tienen alma inmortal”.
Se conoce un anteproyecto de ley
del año 1938 en el que se condenan los matrimonios mixtos, el matrimonio de un
elemento con otro de raza inferior.
En 1942, cuando el nazismo, a la vez que exterminaba a quinientos mil gitanos, creía poder imponerse, se ordenaba en España: “vigilar escrupulosamente a los gitanos…”.
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| Escena de la obra teatral "Camelamos naquerar" |
Toda esta historia de caza y
persecución de los hábitos culturales ha ido creando un inconsciente colectivo
que rechazo a los gitanos (a la vez que, paradójicamente, el gitano nos tenía
más salida posible que la de seguir siéndolo), que ha ocasionado la sedimentación
y cristalización de una general animadversión o prejuicio. Entendiendo por
prejuicio la percepción negativa de grupos humanos diferentes cultural, física
y económicamente; quizás, lo más característico del prejuicio sea, como señala Aliport,
irreversibilidad ante nuevos conocimientos. Esta tensión se da con frecuencia
incluso en personas claramente opuestas (a nivel consciente) a la opresión en
cualquiera de las formas en que se ejerza; para demostrar esto bastaría con
analizar la ideología que subyace en chistes, canciones, refranes, etc., que se
repiten constantemente sin cuestionar su contenido y que, captado por el niño,
producir la mecánica transmisora del virus que perpetúa, generación tras
generación, el prejuicio. Hace una semana regresó del colegio mi hijo mayor
recitando, con una gracia propia de sus cuatro años, cancioncilla popular que
le había enseñado la maestra:
Este
galapaguito
no tiene mare,
lo parió
una gitana
lo echó a
la calle.
Está clara la permanente asignación
de cualidades desmesuradas distorsionadas, negativas, aunque como en el caso de
la cancioncilla anterior si oponga frontalmente a la verdad; la cohesión de la
familia gitana, de la indigencia y la promiscuidad a la que se ve condenada,
resulta ejemplar.
A otro nivel, pero íntimamente
relacionado con este, nos encontramos con el triste hecho de considerar al
gitano como punto de referencia para el trabajador explotado no gitano que dé
en él el estadio de donde pudo salir con su trabajo honrado, perdiéndose así
los límites de la explotación de una clase por otra, en beneficio de una
competitividad entre los trabajadores que es la que enmascara la explotación.
La pervivencia de dicho prejuicio
ha posibilitado a la clase dominante para que, de una forma consciente, se
utilice al gitano, llegado el caso, como elemento discordante y, por ende,
disgregante de la necesaria unidad del trabajador.
Por otra parte, existe la
deslumbrante mitología del gitano cantaor, guitarrista, torero, artista cuyo
poder, su liderazgo, en Andalucía estaba llamado a ser de suma importancia en
las reivindicaciones populares. Pero por eso la dictadura en sus comienzos
(años 40) tuvo especial interés en apropiarse esta simbología
gitanoflamencoandaluza y mediante una tergiversación cuidadosa doméstico el
grito rebelde para utilizarlo como imagen, no ya solo de una Andalucía feliz a
lo Ortega y Gasset, sino de toda una feliz y exportable España.
Además, hay zonas en que el gitano se ha
incorporado, hace tiempo, como obrero, bracero o peón a una actividad laboral,
con lo que se enfrenta con los mismos problemas que un trabajador no gitano, ahora
bien, en estos casos, el gitano sufre una doble explotación: una como
trabajador y otra como gitano. Ángel Pérez Casas en su tesis doctoral dice para
Granada lo que yo he comprobado en toda España: “La discriminación que se tiene
con los gitanos, actúa laboralmente en los siguientes aspectos: el gitano es el
último en ser admitido, y el primero en ser despedido; se le entregan las
tareas más duras, en las que el gitano tiene que rendir más que el castellano
para ser aceptado. Siendo muy difícil entrar en plantilla y disfrutar de los
beneficios consiguientes…”.
Sintetizando, podríamos decir que el gitano en la actualidad sigue siendo lo que a la clase dominante le ha interesado, o lo que es lo mismo, que al gitano se le ha obligado a que sea gitano. En última instancia han sido coacciones informadas por intereses políticos, religiosos y económicos los que ha obligado a la minoría gitana a mantenerse como tal. Estas coacciones son las que conforman las relaciones del payo con el gitano. Es el resto de la sociedad quien delimita y define a la minoría gitana. Por ejemplo, el mito de la vida en libertad, solo ocupada en el ocio, el recreo y la juerga, no es más que una invención parternalístico-romántica que actúa como calmante de una conciencia culpable porque si nos atenemos a los datos extraídos de la tesis de bienestar hay que afirmar que la población activa gitana es superior en un 10% resto de la población española. La generalizada acusación de vagancia, como dice el profesor Cazorla, no es más que la confusión voluntaria del subempleo con el ocio. Confusión voluntaria que viene a justificar la no inclusión de sus ocupaciones como profesiones que merecen unas condiciones laborales adecuadas.
Resumiendo, hace 500 años que los
gitanos españoles sufrimos un trato discriminado. La ideología dominante en el país
ha segregado una mecánica que perpetúa dicha discriminación, por lo tanto, este
problema, que ofende a todos, seguirá existiendo a no ser que todos los
demócratas, amantes de la libertad y la igualdad, aceptemos la obligación de
luchar por conseguir la incorporación del pueblo gitano en pie de igualdad con
el resto de los ciudadanos. En el marco de esta lucha hay que situar, como
detonante, a CAMELAMOS NAQUERAR.
José Heredia Maya
FUENTE: Este texto ha sido extraído del disco "Camelamos naquerar (queremos hablar)", editado en Barcelona por EDIGSA en 1977.






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