Una historia, un olvido... el discurrir invisible de lo que existió y se desconoce

Este espacio pretende entender la historia como una disciplina que proporciona, tanto la información como los instrumentos necesarios para conocer el pasado, pero también como una herramienta para comprender al "otro", a nosotros mismos y a la sociedad del presente en la que interactuamos.

Conocer la historia de los gitanos españoles es esencial para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos.

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domingo, 1 de marzo de 2020

DECLARACIÓN DE LUIS MALLA, FORZADO EN LAS MINAS DE ALMADÉN, ANTE EL JUEZ VISITADOR MATEO ALEMÁN (1593)

DECLARACIÓN DE LUIS MALLA, FORZADO EN LAS MINAS DE ALMADÉN, ANTE EL JUEZ VISITADOR MATEO ALEMÁN (1593)

Por la puerta de la izquierda, los forzados accedían
a las minas desde la cárcel. Foto M. Martínez
“En lo que toca al trabajo que se les da ahora de presente, no es demasiado, porque trabajan de sol a sol y a medio día se les da una hora de holgar, y aún dos para que coman y descansen. Y que habrá más de tres años que éste que declara conoció en la dicha fábrica un capataz que se llamaba Luis Sánchez, que era de Chillón, a lo que cree este testigo, el cual vio que daba demasiado trabajo a los dichos forzados y les hacía que trabajasen en los tornos de agua, que es el trabajo mayor que hay en la dicha fábrica, y les hacía sacar entre cuatro forzados 300 zacas de agua sin cesar, y al que ellos se cansaba antes de cumplir la dicha tarea y acabar de sacar las dichas 300 zaques de agua, los sacaba fuera de la dicha mina y los hacía azotar cruelmente a la ley de la vayona con un manojo de mimbres hasta que se quebraban los mimbres y les saltaba la sangre. Y en especial vio este testigo que a un forzado que estaba en la dicha fábrica que se llamaba Domingo Hernández, que era de Castilla la Vieja, no se acuerda este testigo de qué lugar, el cual tenía la boca llena de llagas muy dañadas del azogue y humo, de manera que porque no se le cerrase la boca, traía de ordinario en ella un canuto de caña, y no podía comer sino muy poca cosa por no poderlo meter en la boca, y andando el dicho Domingo Hernández en los dichos tornos del agua trabajando como hombre flaco y falto de virtud desmayo, y el dicho capataz Luis Sánchez, lo sacó fuera dos veces en un día y lo azotó cruelmente, porque aunque este testigo le oyó decir al dicho Domingo Hernández y a las demás personas que a la sazón estaban en la dicha fábrica, y fue público y notorio en ella, y el dicho Domingo Hernández dijo a este testigo y a los demás forzados, estando en la cárcel de la dicha fábrica que pidiéndole al dicho Luis Sánchez que no lo matase por amor de Dios, respondió: vos pagaréis aquí en este mundo y yo lo iré a pagar en el otro; y mientras el dicho el dicho Luis Sánchez fue vivo pasaron mucha malaventura los dichos forzados, y queriendo arrendar los tornos algunos trabajadores para sacar el agua, el dicho capataz Luis Sánchez no lo consentía, sino que los tirasen los forzados, y este testigo le conoció ser capataz y mandar en la dicha fábrica tiempo de un año poco más o menos, y ha oído decir este testigo públicamente que estuvo mucho tiempo, y a este testigo el mismo día que vino a la dicha fábrica lo metió a tirar el torno, y porque no lo acertó a tirar, como no sabía, como nuevo (que era), lo sacó afuera y lo azotó con unos mimbres a la ley de la vayona”

FUENTE: BLEIBERG, Germán (1977). “El informe de Mateo Alemán sobre el trabajo forzoso en las minas de Almadén”. Estudios de Historia Social; p. 397.






COMENTARIO:
Las minas de Almadén, explotadas desde muy antiguo, se reactivaron en 1554 con el descubrimiento de plata en América y la aparición del método del patio para la amalgama del azogue. A partir de 1566, la explotación fue arrendada por la Corona española durante más de un siglo a la familia Fugger, unos banqueros alemanes que fueron conocidos en Castilla con el nombre de “Fúcares”. Entre otras ventajas, se les autorizó a aprovecharse de la mano de obra barata que ofrecían los reos que eran condenados a galeras por los diferentes tribunales. Un contingente que aumentaba o disminuía en función de las necesidades del azogue.
Las condiciones del trabajo que debían realizar los forzados eran tan duro y peligroso, que el mismo Consejo Real tuvo reparos en 1570 a mantener el envío de galeotes a Almadén, dado que a dicho Consejo le constaba el “riesgo de la salud y de la vida con que sirven los reos condenados a la mina de Almadén”; motivo por el que determinó que no cabía “en los términos de justicia, alterar a los reos la pena que tienen ejecutoria”, ya que habían adquirido el derecho de no conmutárseles una pena considerada menor por otra mayor, como era el caso de la de Almadén.
Entrada a la galería llamada "Caña gitana", una denominación
que revela una importante presencia gitana en las minas
Foto M. Martínez
Desde fechas tempranas, la presencia gitana fue constante. Sabemos que en 1567 se recibió en Almadén, una cadena de cinco galeotes procedentes de la cárcel de Toledo. Más tarde, en 1593, Mateo Alemán, en su visita a las minas halla tres gitanos entre los 14 forzados existentes. Uno de ellos, Francisco Hernández, es el que se encuentra en peores condiciones de todos los galeotes existentes. Tan mal estaba que ni siquiera le pudo interrogar, por parecer “estar tonto y fuera de juicio”, lo que no era nada extraño dadas las extremadas condiciones de vida en que se desenvolvían sus condenas, prácticamente unas penas de muerte en diferido.
Normalmente, los forzados trabajaban de sol a sol, excepto cuando se les alargaba la jornada laboral en perjuicio de su descanso. Sin embargo, lo peor de la estancia en Almadén no era el duro trabajo, sino el riesgo que para la salud comportaba, el realizarlo en unas pésimas condiciones. Efectivamente, el trabajo en un yacimiento de azogue no mejoraba al del remo de las galeras, pues además de arriesgado y penoso, era completamente nocivo para la salud, especialmente a través de la inhalación de los vapores del azogue, que hacía enfermar mortíferamente a los forzados; y en el mejor de los casos, alteraba su sistema nervioso, provocando temblores en todo el cuerpo y la pérdida de la razón.
En 1644, los Fugger construyeron un túnel que comunicaba la vieja cárcel de forzados con la mina del pozo. Desde ese momento, éstos no volvieron a ver la superficie ni respirar aire puro. En 1749, con ocasión de la redada general de gitanos, los que en ese momento se hallaban en las minas, quedaron retenidos hasta que fueron indultados años después. Finalmente, el 22 de mayo de 1799, el rey Carlos IV accedió a la propuesta formulada desde la Junta de Gobierno de las Minas, para no admitir ningún otro condenado a los trabajos de éstas.

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