Rosa Cortés nació en Vélez Rubio (Almería), aproximadamente por el año 1726. Contaba por tanto unos 23 años de edad cuando fue capturada con ocasión de la redada de 1749. Estaba casada por entonces con Ginés Fernández, a quien por las directrices del marqués de la Ensenada se le destinó al arsenal de La Carraca, siendo probablemente uno de los dos centenares de hombres gitanos, que en enero de 1752 fallecieron en el trayecto entre aquel arsenal y el de El Ferrol (La Coruña), ya que al año siguiente, Rosa declaró que se hallaba ya viuda.
Editado en Almería por Manuel Martínez Martínez // ISSN-e: 2445-2408 //
Una historia, un olvido... el discurrir invisible de lo que existió y se desconoce
Este espacio pretende entender la historia como una disciplina que proporciona, tanto la información como los instrumentos necesarios para conocer el pasado, pero también como una herramienta para comprender al "otro", a nosotros mismos y a la sociedad del presente en la que interactuamos.
Conocer la historia de los gitanos españoles es esencial para eliminar su invisibilidad, entender su situación en la sociedad y derribar los estereotipos acuñados durante siglos.
Las publicaciones contenidas en este blog-revista tienen derechos de autor. Se ruega citen su procedencia.
domingo, 9 de enero de 2022
ROSA CORTÉS. La fuerza y la determinación de la mujer gitana ante el intento de exterminio del Pueblo Gitano en la España de 1749
miércoles, 5 de enero de 2022
Un gitano del dieciocho. Domingo Quirós, la lucha por sobrevivir
sábado, 30 de octubre de 2021
LA REDADA GENERAL DE GITANOS ALMERIENSES DEL 27 DE AGOSTO DE 1749
Manuel Martínez Martínez
La idea de expulsar a los gitanos de España se remontaba a 1499, fecha en que los Reyes Católicos amenazaron con su ejecución a aquellos que no tomaran vecindad y se emplearan en los oficios comunes al resto de sus vasallos. Durante los reinados siguientes, diferentes propuestas fueron expuestas en ese sentido, hasta que en 1749, el Consejo de Castilla, con su presidente Gaspar Vázquez de Tablada al frente, acordó su arresto para “sacarlos de España y enviarlos divididos en corto número a las provincias de América”. Si bien, se acabó desarrollando un proyecto de exterminio biológico, consistente en una captura general y la posterior separación de hombres y mujeres para evitar su reproducción. Lo que en términos actuales llamamos un genocidio.
El carácter universal de la redada se halló implícito en las instrucciones que el marqués de la Ensenada confeccionó para hacer una redada general en toda España a las doce de la noche del 30 de julio de 1749. Sin embargo, la orden de captura no llegó a Cataluña y algunas poblaciones andaluzas, como fue el caso de Almería y los pueblos de su corregimiento.
Los gitanos almerienses, noticiosos de la prisión y del embargo de bienes que se había realizado en otras partes, tuvieron tiempo de huir, o al menos de desprenderse de sus pocas pertenencias. El corregidor de Almería, al no haber recibido la orden de prisión, sólo pudo dar aviso a Ensenada de cómo los gitanos, al tener conociendo de lo que se había “ejecutado con los demás del interior del reino”, habían “vendido a ínfimos precios […] los pocos jumentos y otros animales que tenían”, por lo “que a ninguno podrá encontrársele bienes de algún valor” para costear los gastos generados por la prisión y manutención de los cautivos.
Recibida finalmente la orden el 23 de agosto siguiente, tres semanas más tarde al inicio de la operación a nivel nacional; José de Diego y Heras, corregidor de Almería dispuso “la prisión, embargo y venta de bienes de todos los gitanos y gitanas que habitan en esta ciudad y lugares de su jurisdicción y partidos”, para lo que despachó un “pliego cerrado para las justicias con la prevención de guardar sigilo hasta la noche del miércoles -27 de agosto-, en que siguiendo ya todas, sabedoras se ejecutasen las prisiones y demás diligencias a una misma hora”.
El secretismo con que se actuó fue tan efectivo que se logró “la prisión de todos sin excepción de alguno”. Separados los hombres y niños mayores de siete de años de las mujeres y niños menores de esa edad, fueron encaminados hacia la alcazaba de Almería, en donde se fueron concentrando el resto de las víctimas de las redadas efectuadas en los pueblos pertenecientes al corregimiento almeriense. Hasta el 30 de agosto, el recinto de la alcazaba albergó a:
“189 gitanos, hombres, niños y mujeres, los 79 aprisionados en esta ciudad, y los demás que se han conducido por los lugares de Alhabia, Terque, Sorbas, Santa Cruz, Alboloduy, Lubrín y Níjar; y faltando todavía los que había preso en los otros pueblos de esta comprensión”.
En total, dos centenares de personas gitanas acabaron con sus huesos en la alcazaba almeriense, a las que habría que sumar al menos, un centenar de gitanos y gitanas pertenecientes al resto provincial. Aproximadamente, el 3,5% del total de las víctimas Alrededor de 9.000 en toda España) procedentes de la redada ejecutada en el verano de 1749 fueron almerienses.
Alcazaba, murallas de Al Musalla y La Chanca al fondoLas penalidades de los presos no hicieron más que comenzar. A partir de este momento iniciaron un trágico periplo de privaciones, enfermedades y muerte a través de diferentes centros de concentración hasta acabar en los destinos definitivos que Ensenada dispuso separadamente para hombres, mujeres y niños.
Aun, el 6 de septiembre de 1749, los gitanos y gitanas aprehendidos se hallaban recluidos en la alcazaba. El corregidor almeriense, agobiado por los problemas sanitarios y de abastecimiento, hubo de dirigirse a Ensenada, rogándole le comunicara “a donde remitir estos gitanos, el modo y forma, su conducción y el cuanto se consigna cada uno, regulados por familias o edad”. Diez días más tarde, el ministro le ordenó los enviara con tropa de infantería y caballería a Granada, en donde su corregidor habría de hacerse cargo de ellos.
Una vez en la capital nazarí, los gitanos y gitanas presos fueron instalados en la Alhambra guardando su separación por sexo y edad. A ellos se fueron juntando las demás víctimas capturadas en el reino granadino. Los hombres en su alcazaba y las mujeres en el patio del palacio de Carlos V. Desde allí pasaron posteriormente a las atarazanas malagueñas, desde donde se enviarían los hombres y niños mayores de siete años al arsenal de La Carraca en Cádiz y al de La Graña en El Ferrol; en tanto las mujeres, debieron sufrir un largo periplo a través de diferentes lugares del casco urbano malagueño y de su alcazaba, hasta ser transportadas en barco en 1752 hasta Tortosa y ser recluidas en la casa de Misericordia de Zaragoza, donde se destacaron por sus continuas manifestaciones de rebeldía ante su injusta prisión.
La tragedia vivida por estos gitanos almerienses merece una reparación histórica a todos los niveles. En este sentido, el autor de este artículo, con el apoyo de la Federación de asociaciones gitanas de Almería, tiene solicitado desde diciembre del pasado año al ayuntamiento almeriense, la imposición del nombre de Indalecio Santiago (en representación de las víctimas de la redada) a uno de los espacios públicos de la ciudad de Almería. Sin embargo, la respuesta fue negativa, justificándola simplemente, por no ser el referido Indalecio un personaje ilustre.
lunes, 23 de agosto de 2021
HISTORIA DEL PUEBLO GITANO DESDE EL SIGLO XIX HASTA LA POSGUERRA DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
ENTREVISTA REALIZADA POR ISRAEL GABARRI AL HISTORIADOR MANUEL MARTÍNEZ
Para verla, pinchar en los siguientes enlaces:
El siglo XIX y primer tercio del siglo XX. La adquisición de los derechos fundamentales
De la II República a la Postguerra. La Guerra Civil Española de 1936-1939
sábado, 31 de julio de 2021
Conmemoración de la Gran Redada Antigitana de 1749 en el antiguo convento de San Agustin de Barcelona
El 30 de julio se celebró el Día de Lucha contra el Antigitanismo, que recuerda el Proyecto de Exterminio del Pueblo Gitano en España, que tuvo su inicio con la Gran Redada del 30 de julio de 1749.
El acto estuvo organizado por el Ayuntamiento de Barcelona y las entidades del Consejo Municipal del Pueblo Gitano, umplimiento a la declaración institucional del Plenario del Consejo Municipal del Ayuntamiento de Barcelona, del 28 de julio de 2020, y en el que se descubrieron sendos atriles explicativos sobre este episodio histórico.
El lugar elegido para colocar estos hitos conmemorativos, el antiguo de San Agustín, sirvió de cárcel para más de dos centenares de mujeres gitanas catalanas, con lo que se recupera un espacio para la memoria y reparación histórica del Pueblo Gitano español.
Al acto asistiron el presidente del Consejo Municipal del Pueblo Gitano y el concejal de Memoria Democrática y del Distrito de Ciutat Vella, Jordi Rabassa, junto con el vicepresidente primero del Consejo Municipal del Pueblo Gitano y presidente de la Asociación de Jóvenes Gitanos de Gràcia, Ricard Valentí.
El programa de actos se desarrolló de la siguiente forma:
18.00 h. Acto de presentación del atril por parte del presidente del Consejo Municipal del Pueblo Gitano y concejal de Memoria Democrática y del Distrito de Ciutat Vella, Jordi Rabassa.
18.30 h. Conferencia “La Gran Batuda. Baró Istardipè”, Sala Calidoscopi.
Bienvenida y presentación a cargo de Ricard Valentí, vicepresidente primero del Consejo Municipal del Pueblo Gitano y presidente de la Asociación de Jóvenes Gitanos de Gràcia, y Jordi Rabassa, presidente del Consejo Municipal del Pueblo Gitano y concejal de Memoria Democrática y del Distrito de Ciutat Vella.
18.40 h. Presentación y proyección del cortometraje Baró Istardipè, a cargo de su director, Seo Cizmich.
19.00 h. Presentación de los conferenciantes
19.05 h. Conferencia con Manuel Martínez, historiador y escritor, que analizará el papel de la mujer en la Gran Redada.
19.25 h. Conferencia con Patricia Caro, psicóloga e investigadora psicosocial, que abordará el antigitanismo hoy día.
19.45 h. Ruegos y preguntas. Apartado que contó con la intervención entre otros asistentes, de Ismael Cortés y Juan de Dios Ramírez Heredia.
19.55 h. Clausura a cargo de Cristóbal Laso, activista gitano y persona muy representativa del pueblo gitano catalán.
jueves, 1 de julio de 2021
MEMORIAL DEL ALCALDE MAYOR DE MORATA DE TAJUÑA CONTRA LOS GITANOS (1816)
Que, aunque para reducir a vida civil e industriosa a los llamados gitanos, o exterminarlos como perjudiciales, se han tomado por las leyes, aquellas medidas más sanas y enérgicas, y con especialidad por la pragmática de 19 de septiembre de 1783. No obstante se les ve discurrir impunes y vagar de pueblo en pueblo con el pretexto de la chalanería y venta de caballerías que les está prohibida, autorizados con pasaportes de las justicias de los pueblos a donde fijaron su residencia, dándoseles este salvoconducto para que cometan los excesos que tan frecuentemente se notan en ellos. La ley está terminante, pero sucede lo que con otras muchas, que por la tolerancia e inobservancia de las autoridades civiles pierden su fuerza y vigor, y quedar sin uso, continuándose los males que se precavieron por ellas. Un juez solo no basta a ejecutar la referida Pragmática, es necesario concurran todos a su observancia y cumplimiento. A Vuestra Alteza corresponde disponer en esta presente lo conveniente, y si fuere necesario, otra ley porque se recargue la ejecución de aquella. Podrá ponerlo en noticia del soberano por razón de que debe ser extensiva a todo el reino, y no basta carta orden en su distrito. Los motivos y causas que impulsaron al rey a promulgar esta ley subsisten hoy día, y no hay razón para que deje de cumplirse.
![]() |
| Ayuntamiento actual de Morata de Tajuña, Wikipedia |
COMENTARIO:
Las quejas y los memoriales motivados por los supuestos «abusos» de los gitanos siguieron llegando tanto a la prensa como al Consejo de Castilla durante las dos primeras décadas del siglo XIX; y, como en siglos anteriores, se volvió a incidir en la relajación de las justicias y del mismo Consejo a la hora de castigarlos. Entre los memoriales más significativos, se halla el dirigido al presidente del Consejo de Castilla por el alcalde mayor de Morata de Tajuña, en agosto de 1816, en el cual, al tiempo de denunciar los «abusos» y la tolerancia de las justicias en este asunto, proponía el exterminio de los gitanos o, por lo menos, su reducción a una vida útil.
La base de estas quejas sobre el comportamiento de determinados individuos —aplicadas al conjunto de la población gitana—, así como la supuesta condescendencia de las justicias hacia los gitanos, se hallaba en la permanencia de la Pragmática de 1783. Y si bien no volvieron a ejecutarse redadas específicas hacia dicha minoría, por haberse dejado de perseguir al gitano como tal, lo cierto es que se siguió considerándolo carne de cañón para las levas del ejército, ya que en virtud de dicha Pragmática pasó a ser perseguido bajo la figura penal de vago.
FUENTE: MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel (2021). El Pueblo Gitano español en las revoluciones y guerras civiles (siglos XIX y XX), Almería: Círculo Rojo, pp. 40-42.



















